Documento de la Comisión

Fue en aquel preciso momento.

Cuando el horror invadió nuestra vida y nos golpeó la impotencia.

Cuando las lágrimas se hicieron ríos interminables y la sangre salpicó nuestro sueño.

Cuando la voz se ahogó en nuestra garganta y se apagaron cantos y poesías. Cuando nos faltó el hijo, el hermano, el amigo, el compañero.

Fue entonces, hace 35 años, que comenzamos a clamar JUSTICIA.

 Y el clamor se hizo carne en cada jueves cuando un pañuelo blanco rondaba por la plaza. El ejemplo despertó nuestro grito, las voces inundaron las calles, y las banderas y las fotos iluminaron esta ciudad plagada de tenebrosas sombras.

Nos caímos muchas veces y nos levantamos con más fuerza… sabíamos qué nos empujaba. Desde el frente la lucha de las Madres, desde adentro la implacable memoria.

Seguimos adelante con esperanza y con bronca. Teníamos muy claro el objetivo aunque sabíamos que era incierto el resultado.

A través de los años construimos una ruta sembrada de marchas, bajo el sol o la lluvia. Qué importaba si marchábamos juntos. Viejos y niños. Todos.

Hubo una vez, que la incipiente Democracia pareció alcanzar el horizonte que buscábamos, pero éste se volvió a alejar y hasta pensamos que nunca llegaríamos a destino.

Pero 30000 voces nos llamaban.

Y llegamos. Con las fuerzas intactas y la calma insuficiente. Llegamos a pesar de todo. Hoy, es el día que marca la Historia.

El tiempo y el sacrificio fueron minando la salud de algunos, que dejaron la huella y se sumaron a la memoria. Pero ¿quién dice que no están con nosotros? Acaso no parece que la voz de Ernesto nos golpea la cara disfrazada de viento? Cómo estos compañeros no iban a venir hoy, después de haber derrochado tanto esfuerzo?

Este martes de junio, más que nunca recordamos a los desaparecidos. Nos están convocando, como siempre, desde la memoria.

Este martes de junio reparamos -un poco- la tremenda injusticia de sus muertes. Hasta aquí hemos cumplido. Nos queda aún, recoger el guante de sus sueños, ésos que dieron sentido a sus vidas y los hicieron creer en un mundo donde la felicidad alcance a todos los seres humanos.

Este martes de junio volvemos a caminar con ellos de la mano, a taparlos de noche, a compartir el mate y la guitarra. Hoy la canción de cuna y de protesta, palpitan en el aire. Porque hoy, queridos compañeros, la impunidad se queda afuera, desterrada.

La impunidad, que tanto brilló en Bahía Blanca, que transitó durante años por infames despachos y fascistas redacciones, se debilita frente al embate de la Justicia. Serán, por fin, juzgados los sicarios que nos arrebataron a los nuestros y nos arrancaron de un tirón la alegría.

La impunidad quiso que algunos escaparan y otros murieran sin castigo. Hasta ayer caminó por las calles con sus trajeados esbirros, esos que firmaron obscenas libertades que propiciaron fugas.

La impunidad fue construida sobre sólidas editoriales apologistas del terrorismo de Estado, con las arteras manos de funcionarios que jamás cumplieron su juramento.

 Esa impunidad, que trabajó desde las sombras para que familiares y compañeros no pudiéramos ver la acción reparadora de la Justicia, que intentó socavar nuestra fe y nuestra fuerza, con su odio visceral recordará este día.

Porque a pesar de la complicidad y la traición:

 HOY Y AQUÍ SE ESTÁN JUZGANDO GENOCIDAS.  

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