“Viví nueve años sin mis hijos”

Para la primera de las declaraciones testimoniales del juicio a represores del V Cuerpo de Ejército se citó este martes al abogado local Víctor Benamo. Instalado ante el Tribunal, escuchó la lectura del listado de los acusados y supo podía solicitar pausas durante el tiempo de su exposición.

La presencia de una sicóloga judicial a su lado motivó la primera protesta de los abogados defensores. El dr. Benamo confesó no saber exactamente cuál era la mecánica de las declaraciones en este juicio, por lo que optó por comenzar haciendo un relato de su etapa de estudiante en la ciudad de La Plata, donde militó políticamente en el Peronismo de la Resistencia.

Por ese motivo, aclaró que en el año ’58 tuvo una breve detención -”Plan CONINTES”- aunque sin importancia. Detalló que en 1972 se le inició un proceso “por armas” por ser abogado del gremio de la construcción, constituyendo este sí un hecho grave. Aclaró que un año después pudo haber sido amnistiado, pero decidió continuar la causa hasta su culminación.

Rememoró luego que en 1973 fue citado por el dr. Taiana (ministro de Educación del gobierno peronista de Héctor Cámpora) para hacerse cargo como rector “normalizador” de la UNS y se explayó en la defensa de su gestión al frente de la misma.

Más tarde se enfocó en recordar la triste historia de la llamada “Triple A” (endosándole su creación al, por entonces, ministro José López Rega), haciendo especial mención a la muerte del ex funcionario de gobierno de la provincia de Buenos Aires, José Troxler por parte de esta organización paramilitar.

Sintiendo la inseguridad que reinaba por entonces, Benamo comentó su activa participación como abogado en los hechos posteriores a los fusilamientos de presos políticos producidos en Trelew el 22 de agosto de 1972. Declaró que tuvo la ingrata tarea de reunirse con los familiares, conociendo la identidad de los tres sobrevivientes que estaban internados en el Hospital Naval en Puerto Belgrano, y debiendo informar a los deudos los nombres de los fallecidos.

Su propia vida comenzó a estar en juego en Bahía Blanca, a tal punto que el 3 de octubre de 1974, una persona (que trabajaba en la policía) se allegó a él para avisarle que estaba corriendo riesgo y que se debía “rajar” de la ciudad.

Así lo hizo, dejando a su familia para salvaguardar su integridad. Caído el gobierno de Isabel Perón en marzo del ’76 y enterado que el gral. Vilas en Bahía Blanca había declarado que Benamo había recibido un depósito de 16 millones por parte de la organización Montoneros, decidió presentarse a las autoridades policiales para aclarar estos hechos.

Al estar ante la policía de la provincia de Buenos Aires fue inmediatamente detenido junto al diputado bahiense Mario Medina. Mientras era mantenido con los ojos vendados, golpeado y torturado con picana eléctrica (presuntamente en el “Pozo de Quilmes”) supo de la presencia allí del dirigente socialista Alfredo Bravo.

 Allí estuvo 33 días en condición de detenido-desaparecido. En ese lapso fue trasladado en un avión del ejército descubriendo posteriormente que era hacia Bahía Blanca donde lo tuvieron secuestrado en determinadas instalaciones, algunas de las cuales, serían espacios del centro de detención clandestina y torturas “La Escuelita”.

“Escuché cosas aberrantes”, declaró luego de explicar que en ningún momento fue despojado de la venda de sus ojos. Solo tuvo la oportunidad de atisbar por debajo de las mismas que se habían aflojado, una sola vez en todo el tiempo que allí permaneció secuestrado. La pequeña sala en la que estuvo tenía una pared donde sólo colgaba un crucifijo.

Recordó escuchar varias veces el paso de un tren. Otras, el motor de un auto cuando llegaba algún integrante del plantel de torturadores. Posteriormente, produjo una de las novedades más llamativas de su declaración, al mencionar que no estaba seguro de haber estado siempre en el mismo lugar, llegando a pensar que había estado en tres lugares diferentes: “Tres escuelitas”.

También aportó datos de personas que presuntamente pudieron haber estado allí siendo torturados y dijo no olvidar la voz “inconfundible” del -según Benamo- único interrogador del centro clandestino: “el Tío”, Santiago Cruciani.

Luego relató que, sin tener demasiada idea del paso del tiempo -cree haber “acertado” con un 25 de mayo-, porque le ofrecieron comer un sandwich de mortadela, que era comida de los soldados por esos días. Fue trasladado a la cárcel local con muchos kilos menos y heridas en sus brazos y su clavícula por haber estado atado y colgado. Allí pudo tomar contacto con su hermano médico que lo visitaba y se hizo cargo en la enfermería del penal de dirigir su tratamiento.

Concluyó su exposición diciendo que en la sala estaban sus hijos, y que entre su partida de la ciudad, su secuestro, la cárcel y el exilio vivió nueve años y medio sin ellos.

 Luego de un cuarto intermedio, solicitado por el propio declarante, llegó el turno para que los abogados pregunten. Al comienzo, los propios integrantes del Tribunal le pidieron algunas declaraciones y posteriormente lo hicieron los abogados de la querella. Más tarde el fiscal y por último los defensores de los acusados que se dedicaron a cuestionar partes de la declaración del testigo poniendo énfasis en la cuestión de la existencia o no de las “tres escuelitas” mencionadas, o la operatividad en Bahía Blanca de un Comando de la llamada CNU en “operaciones antisubversivas”. Con cierta polémica se cerró la declaración del primer sobreviviente de este juicio histórico.

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