“Me voy de acá con una sonrisa”

Juan Carlos Castillo, abandonó sus estudios en Ingeniería en Petróleo en la Universidad del Comahue y vino a Bahía Blanca a fines de 1974, donde conoció a Ericilia Ángela Kooistra –aún desaparecida-  con quien tuvo una hija.

Esa hija declaró ayer en el juicio por crímenes de lesa humanidad contra 17 represores que actuaron desde el Comando V Cuerpo de Ejército.

Esa hija, que se llama María Elisa, le contó al tribunal que según el relato que pudo construir, sus padres “se conocieron a finales de 1974 o 1975, se pusieron de novios, se enamoraron. Mi mamá tenía un embarazo de 6 meses cuando secuestran a mi papá en junio del 1976. Mi mamá se va de Bahía Blanca a Mar del Plata. Nací el 5 de septiembre del ‘76 y el 4 es el día que matan a mi papá en calle Catriel”.

Castillo fue detenido por una  patrulla militar que aparentaba un control vehicular en la ruta 22 a la altura de Médanos. Circulaba en su camioneta, acompañado por Pablo Fornasari y Oscar Gatica. Juntos fueron trasladados a dependencias del Batallón de Comunicaciones 181. Posteriormente, fue llevado a “La Escuelita”, donde estuvo detenido alrededor de tres meses.

Entre las últimas horas del 4 de septiembre de 1976 y las primeras del 5 de septiembre, en el domicilio de Catriel 321 de Bahía Blanca, personal del V Cuerpo de Ejército -entre los que se encontraban los integrantes de la “Agrupación Tropas”- bajo la apariencia de un enfrentamiento, fusilaron a cuatro personas. Además de Castillo, Zulma Matzkin, Pablo Fornasari y Manuel Tarchitzky.

“Yo viví en Mar del Plata con mi mamá hasta el año y dos meses. Mi mamá trabajaba como mucama cama dentro,  y un domingo, en su día libre, salimos a pasear. Unas personas – no estoy segura si eran civiles o militares- la detienen y a mí me dejan, a pedido de ella, en el lugar donde trabajaba. Desde ahí se contactan con mi abuela materna. Desde ese día no sabemos nada más. Al día siguiente mi abuela materna y mi tío me fueron a buscar y quedé al cuidado de mi abuela”, declaró María Elisa.

Contó que esperó muchos años a su mamá y que le fue muy difícil traer a su papá nuevamente a su vida pero asumió el reto porque “nadie se puede criar sin un papá, ¿no?”.

La reconstrucción de su historia

“Me enteré a los 12 años que lo habían matado. Fue difícil pero a la vez entendí un poco más. (…) Cuando cumplí 15 años los amigos y compañeros de militancia de Neuquén de mi papá me ayudaron a reconstruir la historia”.

Insistió en la dureza del camino pero “realmente fue positivo y me lleva a estar acá. Lentamente recuperar la historia, saber quién soy, no sentirme diferente o distinta, apartada, eso fue algo que tuve muy presente, sentía que me costaba encajar, no entendía por qué a mí no me iban a buscar mis padres a la escuela, porqué no me iba de vacaciones con mi mamá y mi papá… la vida ha sido otra después del asesinato de mis papás… soy otra persona”.

De chica su familia prefirió contarle que Juan Carlos había fallecido en un accidente de tránsito. “Es bastante común que esto suceda. Esto se hacía por seguridad y para protegerme. En algún punto generaba el daño de borrar las figuras”.

Preguntada por el fiscal agregó que nunca había creído la historia del accidente y un día escuchó a su abuela hablar con una amiga. “No fue por un relato directo” pero “fue un alivio saber que había pasado”.

María Elisa se crió solamente con su familia materna. “Estas cosas tienen un impacto muy grande”, dijo y comentó que esa familia entera fue víctima de la dictadura, fueron años donde no se podía hablar y la imposibilidad de saber quién era le quitaba las ganas de vivir.

Por otra parte, el terrorismo de Estado también se cobró la vida de sus tíos. La hermana de su papá y su esposo fueron asesinados en Buenos Aires unos meses después de la Masacre de calle Catriel. Su tía Ana María era asistente social, tenía uno hijo de 6 meses que, según su testimonio, “no tuvo la suerte que tuve yo de poder hacer este camino de reconstruir la identidad”.

María Elisa, hija de Juan Carlos Castillo

María Elisa acercó el documento al tribunal y allí llamó la atención el hecho de que su nombre esté acompañado por el apellido de su madre Ericilia Ángela Kooistra. El motivo es sencillo, su padre fue asesinado cuando ella aun no había nacido y la anotaron de esa manera.

Lo que no fue tan sencillo fue el trámite para asumir su identidad completa. “Fue un momento duro, tuve que hacer una demanda a mi tío paterno para que se hagan los análisis. Ahí se puede ver el daño hacia las víctimas. (…) El apellido de mi papá lo tengo incorporado desde siempre a raíz de la relación con sus amigos”.

“Cuando decido querer ser ante la sociedad hija de Juan Carlos Castillo comienzo un largo y difícil camino para poder comprobarlo. Para realizar los estudios tuve que exhumar los restos de mi abuela paterna que dieron positivos”, relató.

Este capítulo de su historia lo empezó a transitar a sus 22 años y lo terminó al llegar a los 30.

Consultada por el fiscal Córdoba sobre si se había preguntado acerca de los responsables del crimen de su padre, María Elisa relató hasta quebrarse: “Hace mucho tiempo que estoy vinculada a HIJOS, y me hice siempre la pregunta ¿cuántas veces me los habré cruzado por la calle?”.

El juez Jorge Ferro quiso saber qué le habían contado acerca de sus padres y ella respondió que “eran excelentes personas, con respecto a la militancia de mi papá tuve información cuando aparecieron sus compañeros. Yo tenía 15 años. Mi papá era una persona muy comprometida. Recuperé cartas de él cuando estaba en la universidad. Son cartas donde puede verse su compromiso e intereses y convicciones. Los compañeros de mi papá dicen que ellos están vivos porque él no habló en la tortura”.

“A pesar del dolor y de los nervios, es un momento muy bueno y único. Que me hace bien al corazón y me da paz. Qué reparador e inolvidable. Me voy de acá con una sonrisa”, dijo María Elisa Castillo antes de salir del recinto.

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3 thoughts on ““Me voy de acá con una sonrisa”

  1. Un testimonio de un valor incalculable el de María Elisa, un verdadero ejemplo de cómo el mandato inalienable de todo ser humano de conocer lo que pasó, por más doloroso que esto haya sido, puede conducirnos a la liberación, y hacernos incluso sonreír cuando sentimos que esa liberación la podemos compartir. Porque la tenacidad de María Elisa en la búsqueda de su identidad, más allá de su gran valor individual, es una búsqueda en la que debería estar involucrada toda la sociedad, le guste a ésta o no. Testimonios emblemáticos como éste deberían hacernos reflexionar acerca del valor de estos juicios, los cuales, más allá de sus resultados, constituyen un elemento fundamental en la construcción de la memoria y la verdad colectivas, sin las cuales no podría impartirse justicia y, menos, construir futuro. Es lamentable que la sociedad bahiense esté prestando tan poca atención a un hito histórico que podría dar sentido a su maltrecha identidad.

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  2. Yo fui compañero de Maria Elisa, recuerdo que en esos años cuando se referia a sus padres contaba la version del accidente que aca explica, quiza tal vez sin estar segura entonces de que habia sucedido realmente. Ojala nos hubieramos conocido de mas grandes, ya ambos sabiendo como fue la historia, que a mi me toco aunque no tan dramaticamente, para poder hablar de esto, porque claramente fue muy duro para ella, especialmente de tan chica, y no era algo que se pudiera conversar con todo el mundo, a pesar de que hoy resulta un tema cada vez mas abierto. Desde aca, le mando mi cariño, a ella y a su abuela, a quien tambien recuerdo de esos años, otra persona importantisima de esta historia familiar, y felicitaciones por participar e involucrarse en la reconstruccion de esta historia tan triste e injusta, para que podamos conocerla cada vez mejor y para que se condene a cada uno y todos los responsables del genocidio.

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