A puertas abiertas

Al término de la audiencia de este mediodía el tribunal decidió concurrir nuevamente al escenario de la Masacre de calle Catriel para intentar completar la tarea que ayer impidió la falta de colaboración vecinal para ingresar al domicilio de Catriel 321 y a la azotea de una vivienda de calle Cafulcurá al 300.

En el primero de los sitios fueron hallados los cuerpos de Zulma Matzkin, Pablo Fornasari, Juan Carlos Castillo y Manuel Tarchitzky y en el otro según testigos los integrantes de la patota del V Cuerpo de Ejército anduvieron intimidando al barrio en la supuesta búsqueda de un prófugo.

Para la fiscalía “es importante que los jueces y las partes vean el lugar del hecho” pero no ponen el eje en derribar la frágil historia oficial publicada por La Nueva Provincia que informó sobre un enfrentamiento armado porque previamente la documentación y los testimonios  dan cuenta “que las víctimas estaban en un centro clandestino del Ejército reducidas y atadas”.

“El lugar del hecho o detalles como la dirección de los disparos, el daño hacia inmuebles cercanos pasa a ser una circunstancia que dependía enteramente de la voluntad de los ejecutores”, dijo el fiscal Abel Córdoba.

Otro elemento que “quedó claro” fue la participación en la masacre de personal del Destacamento de Inteligencia 181 y que “había un coronel del Ejército y cómo fue el trámite esa noche con los cuerpos todavía diseminados por Catriel 321”.

Según Córdoba, “el lugar del hecho si bien es relevante era manipulable para hacerlo parecer un enfrentamiento o como un hecho impresionable a la sociedad que era el objetivo”.

Existen detalles cómo definir si el fusilamiento fue en uno u otro lugar pero al acreditar que las personas estaban bajo poder militar y luego aparecen acribilladas “no hay posibilidades que hayan tenido una resistencia armada, menos que hayan sido liberados y atentado contra el Ejército”.

Hoy las testimoniales cerraron con la presentación de Néstor Martínez Falcón, titular de la inmobiliaria que gestionaba la vivienda de Héctor Porras en Catriel 321. El testigo estuvo en el lugar a las pocas horas del hecho y “vio cómo estaban ubicados los cuerpos y las manchas”.

El tribunal citará en los próximos días a un par de personas para intentar comprobar si los nombres que maneja la justicia corresponden con los de los inquilinos de Catriel 321 en la época de la masacre.

“No es directamente conducente pero la persona que supuestamente vivía ahí también habría estado secuestrada en La Escuelita unos meses después”, informó el fiscal y comentó que les “interesa saber qué pasó con esa persona si fue secuestrada. Incluso el testigo que declaró hoy dijo haber hecho gestiones ante Mansueto (Swendsen), uno de los procesados del juicio, y que a partir de allí esta persona sobrevivió.”

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