“Los recuerdos están frescos”

Jorge Carlos Aure tiene 56, es empleado y vive en Tres Arroyos. Hace 35 años trabajaba en una gomería en calle Brown donde el 26 de julio de 1976 fue detenido por un grupo de personas de civil armadas. Allí estaban los dueños y otros empleados  que supieron por una persona que entró y pidió usar el teléfono que había un operativo en la zona.

“Me trasladaron en un Falcon color crema, pasamos por donde vivía, era en calle Alvarado, después fueron por una ruta y luego por una calle de tierra. A mi me tenían encapuchado y me llevaron en la parte trasera del vehículo”, declaró en el juicio.

Lo metieron en un lugar donde le pidieron su documento, le ataron las manos y lo dejaron con los ojos vendados. “En ese lugar esa noche había mucha gente. La sensación era que habían realizado una razzia. Con el tiempo fui recuperando el espacio tiempo. Escuchaba un tren y la diana militar. A mí me torturaron una sola vez. El lugar donde lo hacían estaba separado del lugar de secuestro”.

Aure relató que al pasar los días la cantidad de personas detenidas fue disminuyendo. Tuvo que escuchar cómo torturaban a otros detenidos mientras esperaba su turno. Sufrió el paso de electricidad por su cuerpo tirado en un elástico metálico. Los captores le preguntaban por el dueño de la gomería en la que trabajaba.

En esa edificación con dos habitaciones y piso de material, Jorge Aure cumplió sus 21 años. Allí los guardias tenían sobrenombre de animales pero no los torturadores.

En su relato ante el tribunal recordó a Zulma Matzkin a quien conocía de la militancia universitaria en la juventud peronista. Notó un particular ensañamiento contra ella. Pudieron mantener un breve diálogo. En el chupadero también pudo reconocer a los legisladores radicales Mario Abel Amaya e Hipólito Solari Irigoyen.

Algún día se escucharon disparos en el interior de La Escuelita y luego notó que había menos gente detenida. Antes de picanearlo y golpearlo le sacaron el vendaje para que mirara fotos carnet de personas que supone estaban detenidas con él y le preguntaban si las reconocía. Después volvió a la oscuridad de las vendas hasta el día de su liberación en el Parque de Mayo.

Lo último que le dijeron antes de largarlo fue que se olvide de todo. Un rato más tarde una mujer le pidió que contactara a sus padres y les diga que se encontraba bien.

Tiempo después de su liberación le tocó realizar el servicio militar obligatorio. Esto le permitió entender que los responsables de interrogar y torturar eran militares de mayor rango que los guardias. Aure realizó tareas administrativas y analizó que a la “inteligencia” militar le llevo seis meses darse cuenta que él había estado secuestrado.

Cuando lo detectan, se le frustró la posibilidad de ser dragoniante y fue derivado a la banda  musical, donde lo designaron para tocar el tambor. Aure reconoció a dos de los represores imputados en el juicio con quienes dialogó durante la colimba.

Uno de ellos es Mario Méndez quien custodiaba al personal superior del V Cuerpo y participaba en los operativos de secuestro en las filas de la Agrupación Tropa, comandada por el mayor Ibarra. “Lo recuerdo porque estaba de tareas pasivas a raíz de lesiones en su cuerpo en un enfrentamiento con subversivos”.

El otro es el ex jefe del Batallón de Comunicaciones 181, Jorge Mansueto Swendsen, quien le dijo que lo hacía responsable de cualquier incidente en esa unidad militar.

Otra de las tareas que le tocó realizar fue llevar a familiares de desaparecidos desde la guardia de entrada de V Cuerpo de Ejército hasta una oficina donde eran atendidos por un militar de alto rango al quien nunca vio personalmente pero cada vez que llagaba generaba un gran despliegue en el lugar. Aure afirmó que no vio a ningún familiar salir con satisfacción de esa oficina.

Finalmente declaró que por su militancia universitaria sufrió otras perdidas. Un día de 1975 fue al cine junto a su amigo y dirigente estudiantil Carlos Davit. Un rato más tarde, Davit fue secuestrado en su domicilio por miembros de la Triple A y apareció acribillado en el puente La Niña.

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