“No me mueve la venganza sino la justicia”

“Conocí a Daniel José Bombara. Me casé con Daniel José Bombara. Lo conocí en 1971, justamente en esta sala porque se hacía un festival para Cáritas y Daniel era un ferviente creyente y practicante católico”, dijo Andrea Fasani ante el Tribunal Oral en la sede del rectorado de la UNS donde se desarrolla el juicio.

Andrea y Daniel demostraban mucho interés por los movimientos sociales y políticos de la época. Él militaba en grupos misioneros cuando comenzaron a salir. Se casaron en mayo de 1972 con el aval de sus padres porque aún eran menores de edad. El 10 de diciembre de ese año nació Paula.

Daniel Bombara es el primer detenido desaparecido de nuestra ciudad. Integraba la Juventud Peronista, el gabinete psicopedagógico de las Escuelas Medias y el gremio Atuns por ser personal no docente en la universidad. Estudiaba Psicología en el Juan XXIII.

“Nuestra vida transcurría normalmente, yo era estudiante de la escuela Normal. Era una vida común volcada al movimiento social, él en la universidad, yo en los barrios particularmente con talleres -soy artista visual y docente-“, aseguró Andrea.

Aquellos meses previos al golpe “eran bastante agitados por todo lo que iba sucediendo”. La UNS estaba intervenida por el rumano fascista Remus Tetu. “El ambiente era inquietante, muy preocupante”. Las amenazas eran tan frecuentes como las mudanzas que provocaba.

Desaparecido en democracia

Daniel fue secuestrado durante el gobierno democrático de Isabel Perón el 29 de diciembre de 1975. “Salió muy temprano a encontrarse con dos compañeras de su militancia del barrio Noroeste. Salió en una bicicleta de la casa que alquilábamos en Belgrano al 300”.

Andrea declaró que “sentía una extraña sensación porque eran momentos muy difíciles en esta ciudad y me pareció tremendo que fueran a reunirse. Todos teníamos códigos en esa época. En un matrimonio con una pequeña hija si él a tal hora no regresaba yo me iba inmediatamente con mi hija que fue lo que hice cuando Daniel al mediodía no volvió a nuestra casa”.

Otro de los pactos de la pareja para proteger a su hija Paula de tres años era que si algo le sucedía a alguno de ellos, el otro dejaba inmediatamente de militar en la JP.

“Armé un pequeño bolso, con Paula fui a esperar un colectivo para ir a casa de mis padres, en ese momento casi sin darme cuenta me arrebataron el bolso -ahí me di cuenta que me estaban siguiendo-. Hablé con mis suegros y luego mi padre me llevó a casa de unos tíos. Tenía mucho miedo de que algo nos sucediera a Paula y a mí”, afirmó Andrea la semana pasada.

La compañera de Bombara le dijo a su suegro que suponía que a Daniel lo habían detenido, le pidió que lo busque, que haga la denuncia.

Lo único que sabía Andrea era que su compañero se iba a encontrar con sus pares de militancia María Emilia y Laura. “De la detención puntualmente en la calle Santa Cruz y Bravad del barrio Noroeste lo supe mucho tiempo después por una nota periodística de Diego Martínez. En el momento del hecho estaba desconcertada”.

Ese “inolvidable y tremendo” fin de año lo pasaron en casa de unos tíos cerca del Puente Colón. El tercer día de 1976 leyeron en La Nueva Provincia una nota que “hablaba que un grupo armado que había interceptado una ambulancia donde trasladaban el cuerpo de Daniel”.

Sin creer una línea de la publicación, Andrea decidió dejar la ciudad y viajar con Paula a Puerto Madryn. Hasta allí fueron simulando vacaciones familiares, intentando sortear los operativos militares en la ruta.

Puerto Madryn fue “una especie de burbuja o paraíso” que le permitió explicarle a su hija qué había pasado con Daniel. El 24 de marzo del ’76 solamente un jeep de Prefectura en la playa  anunció el golpe. El único episodio de “mucha conmoción” fue cuando las fuerzas armadas buscaban a Hipólito Solari Yrigoyen.

A pesar de todo, al sur también llegaban las peores noticias. Allí se enteró, por ejemplo, de los asesinatos de Mónica Morán y José Luis Peralta.

En marzo de 1977 a pesar de los pataleos de Paula, se instalaron en Buenos Aires porque Andrea quería continuar sus estudios. “En todo momento pensaba que Daniel podía estar vivo, que iba a aparecer”.

“Daniel estaba profundamente comprometido con la iglesia tercermundista, en particular con el padre Jaime de Nevares y con lo que implica esa corriente social”, comentó Andrea y respondió al ser consultada acerca de si había recurrido a autoridades eclesiásticas para pedir por su compañero, que no porque “en ese momento era tal el caos social y el caos en mi cabeza, en mis sentimientos, yo solo quería estar protegida con Paula”.

El secuestro de Andrea

Ya alejados de la JP, Andrea y  Paula compartían el alquiler de un departamento porteño con Miguel -un compañero de militancia bahiense-. Allí fueron secuestradas el  14 de julio de 1978, “exactamente después del mundial de fútbol”.

Él era estudiante de antropología y trabajaba en un banco. Andrea avanzaba en la Escuela Nacional de Cerámica y trabajaba. Paula iba a la escuela. Vivían en pleno barrio militar.

“Esa mañana tocan a mi puerta, irrumpen siete u ocho personas con armas largas. Estábamos mi hija y yo, fue algo indescriptible, me preguntaban que hacía, buscaban cosas, luego me preguntaron por una compañera, por una amiga de esta ciudad a quien buscaban muchísimo, nosotros, tanto Miguel como yo éramos íntimos amigos de ella y su familia pero jamás había venido a nuestra casa”, declaró.

A Miguel lo chuparon en el banco donde trabajaba. Fueron a Belgrano a dejar a Paula con un tío. “Bajamos, amenazados continuamente, y ellos hablan con mis tíos. La segunda esposa de mi tío era enfermera y uno de sus puestos era en la cárcel de mujeres y tenía grado, eso luego me di cuenta que fue algo positivo”.

En el asiento trasero de un coche llegó al lugar que luego con la aparición del Nunca Más y algunas investigaciones reconocería como el centro clandestino de detención y torturas El Banco.

45 días en El Banco

“Fui sometida a torturas. Cuando ingreso, aparte de mis documentos yo siempre llevaba una cruz y me llama la atención que me dicen ‘Qué suerte que no sos judía!’. Paso al interrogatorio, son más, en ese momento me dicen ‘Ah, vos estabas en Bahía Blanca, vos eras la mujer de Daniel Bombara’. Me dicen ‘Daniel está acá’. Era 1978, comienza un chicaneo psicológico con la figura de Daniel. Yo no les interesaba, en esa época no era militante ni nada, no podía aportarles ningún dato respecto a mi amiga porque desconocía”, denunció sobre el lugar donde pasó 45 días.

A pesar de estar tabicada y con los ojos vendados aseguró a los jueces que en el lugar estaban ‘Colores’, el Turco Julián y se lo nombraba a Suárez Mason y reafirmó que “el Turco Julián participó en una tortura que consistió en cadenazos, tenía la cara libre…”.

Julián fue quien la liberó. Pero antes la llevó frente a Suárez Mason quien la retó “como si fuera mi padre diciéndome lo que había hecho teniendo una hija, retándome, castigándome. Me dice que voy a quedar libre y viva pero que no voy a poder salir del país, lo que se llamó libertad vigilada, que me iban a llamar pero que continuara con mi vida privada”.

“Volví a ver a mi hija aproximadamente en septiembre cuando deciden liberarme”, sostuvo Andrea y admitió que Paula fue “el gran móvil para mantener la salud”.

¿Por qué?

Durante muchos años Andrea no pudo hablar del tema. El miedo se mantenía intacto pero no le impedía seguir con la rutina. “Con el gobierno de Alfonsín, una vez desde un auto me gritaron ‘Flecos’ que era el sobrenombre que me habían puesto en El Banco, por mi flequillo muy largo. Me acuerdo que casi me desmayo en la vereda. Me habían dicho que si alguna vez reconocía a alguien en la calle que no lo advirtiera porque me mataban”.

Rearmar una nueva familia como quería Paula y el tratamiento psicológico le ayudó a sobrevivir pero “al día de hoy todavía me causa mucho temor todo”. Incluso al momento de viajar a declarar en Bahía. Le quedó el trauma de los traslados. “¿A qué temía irracionalmente? A que pararan el colectivo como antes y me dijeran ustedes no”.

Apuntalada por muchas cosas, sobre el final del relato, manifestó que no tiene “ningún ánimo de venganza pero si de justicia porque quiero a veces tener respuesta a cosas como por ejemplo, por qué fuimos acusados y atacados de semejante manera… No solo a mi amor, mi esposo Daniel sino a los 30 mil desaparecidos”.

“Vivir con eso en la cabeza, con esa figura, con esa palabra, ‘desaparecido’… Palabra que había sentido en carne propia, había estado 45 días (en el ccd El Banco)… Es decir, estaba viva pero dónde… Vivir con eso en la cabeza es muy difícil por lo tanto hasta hace muy poco, hasta junio de este mismo año donde mi hija Paula recibe un llamado del equipo de Antropología Forense donde le comunican y luego me comunican a mí, que habían aparecido los restos de Daniel en un cementerio de Merlo, partido de Morón… de golpe aparece y a mí me aparecen más y más preguntas… Por qué Daniel aparece en Merlo. Aparece en la calle y con el cuerpo parcialmente quemado y carbonizado… ¿Por qué? ¿Por qué!? O sea… ¿Cómo?… Por qué pasó eso…”.

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3 thoughts on ““No me mueve la venganza sino la justicia”

  1. Recuerdo a Daniel Bombara de las reuniones que, a partir de 1973, manteníamos con la directora del Departamento de Enseñanza Media (DEM), licenciada Lidia Henales, en el edificio de las escuelas de la UNS, en la calle 11 de abril: Daniel trabajaba en el Gabinete Psicopedagógico y yo era celador en la Escuela de Agricultura y Ganadería. Básicamente, nuestra tarea consistía en la discusión de estrategias que posibilitaran la implementación de modificaciones paulatinas en el funcionamiento de las escuelas, ante la evidente resistencia al cambio que ofrecía un grupo de profesoras veteranas partidarias de la educación autoritaria impuesta por una larga tradición. El objetivo, asimismo, era movilizar al alumnado para hacerlo más partícipe de los problemas que afectaban a la comunidad bahiense. En esas reuniones, entre muchos otros que apoyaban el proyecto, estaba el doctor Rafael Laplaza, con quien tuve más tarde el privilegio de trabajar en el Ciclo Básico Universitario, en 1975, siendo rector el doctor Benamo. De Daniel recuerdo su energía y entusiasmo contagiosos, así como la firmeza de los valores por los que luchaba. Muy pronto se convirtió en el líder del grupo. En marzo de 1975, bajo la intervención del Fascista Remus Tetu, todos fuimos declarados “prescindibles”, sin la menor posibilidad de reclamo. En otras palabras, se nos echaba a la calle. Pero todavía faltaba lo peor: el secuestro y desaparición de Daniel en plenas vacaciones de fin de año nos sumió en la zozobra, sin imaginarnos que unos meses después de esos terribles hechos, el vendaval barrería con todos nosotros. ¡Justicia para Daniel y estas dos valiosas sobrevivientes de la tragedia!

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