Terrorismo en la Municipalidad

En el marco del debate oral del juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos desde el V Cuerpo de Ejército durante la última dictadura cívico militar declaró Nora Martínez, ex secretaria de Bienestar Social de la Municipalidad de Bahía Blanca durante el gobierno de su padre Eugenio.

Recordó el secuestro del empleado municipal Héctor Núñez en días en que se encontraba a cargo de la comuna por la participación del intendente en una reunión de alcaldes organizada por el gobierno de España.

“Estaba en la secretaría acompañada por Coca Cenci que era jefa de despacho de mi padre y me llamó el contador González Gago para decirme que había concurrido la Policía Federal y había retirado de su lugar de trabajo a algunas personas, entre ellas el señor Núñez. Cuando salgo del despacho lo estaban retirando por la puerta de atrás, que da a Belgrano.

A sus 28 años y siendo la única mujer en funciones, Nora sabía “indirectamente que pasaban cosas raras” porque su padre le había dejado instrucciones por si algo sucedía en su ausencia.

Martínez y el contador concurrieron a la delegación de la Policía Federal donde no se les dio mayor importancia y los remitieron al V Cuerpo de Ejército. En la valla del Comando se identificaron y les dijeron que “no habían hecho ningún operativo y que acudiera a Puerto Belgrano que tal vez ellos sí”.

Los padres y la esposa de Núñez se encontraban en la misma situación de incertidumbre cuando Nora llamó al intendente Martínez y le dio las novedades. Luego presentó la denuncia por desaparición.

Días después Núñez y otro hombre que pudo haber sido Claudio Collazos aparecieron en la casa donde vivía Nora -con una hija de un año y medio y un bebé de seis meses- y sus padres. Querían agradecer las gestiones hechas por Eugenio Martínez.

“En eso mi hija se pone a llorar y Núñez se agarra de la cabeza con las manos y me pide que la haga callar”, declaró sollozando la testigo y agregó que cuando el hombre “había sido torturado, al lado suyo estaba otra compañera de trabajo llamada Mercedes y tenía dificultades para hablar. Tuvimos que retirar a los chicos, se agarraba fuerte la cabeza y decía que eran los mismos llantos que había escuchado. Se levantó los pantalones y nos mostró como tenía sus piernas todas quemadas y le faltaba como un trozo de lengua de las mordeduras cuando era picaneado… Eso es lo que tengo más grabado en la mente…”.

La caída del gobierno

El 23 de marzo de 1976 la reunión del gabinete de Eugenio Martínez duró hasta altas horas de la noche. Los funcionarios sabían que se avecinaba un golpe de Estado y dejaron el palacio comunal a la medianoche.

Nora Martínez se levantó el 24 como todos los días para ir a trabajar y cuando pasó por el dormitorio de su padre le llamó la atención verlo acostado. Al consultarlo le  contestó “que hacía una hora que había entregado el municipio a la marina”.

Se cambió y esperó al chofer de la Municipalidad. Al llegar le requisaron el despacho y junto al resto de los secretarios entregaron “de manera tranquila” la comuna al capitán de fragata Isauro Nicanor Robles Gorriti.

Los golpistas le convidaron un café que con el nerviosismo de la situación se volcó sobre el uniforme de un marino que le pidió que se quedase tranquila “que a través de su uniforme no salían los pelos de gorila”. De ahí la llevaron a la secretaría de Bienestar Social y la entregó al capitán Dietrich.

Previo al golpe las amenazas eran constantes: “Una de las más comunes eran sostener que tuviéramos mucho cuidado al subir al vehículo, mi padre no quería tener chofer, usábamos un Valiant negro que era de la Municipalidad. Nunca lo quiso guardar en cochera y lo dejábamos en la puerta de Pueyrredón 5. Era su rutina o sea que cada vez que amenazaban que nos iban a poner una bomba, él siempre me decía ‘Perro que ladra no muerde, quedáte tranquila y subamos’. Recuerdo que hasta que el auto se encendía…. pasábamos duros momentos”.

En el mismo sentido comentó que el 19 de marzo su padre iba a la mencionada reunión de alcaldes y les avisaron en el municipio que el intendente iba a sufrir un atentado en la ruta 51. Sin celulares y con la imposibilidad de comunicarse, Nora Martínez llamó a un tío de Buenos Aires para que saliera en su búsqueda. “Cuando se encontraron, creo que cerca de Lobos, lo venía siguiendo un helicóptero que nunca supimos si lo protegía o no”.

“Era un juego psicológico muy especial. Me hacían sacar a mis hijos de mi casa porque me decían que iba a suceder con mi hija lo mismo que había sucedido con alguien que le habían puesto una bomba y había sido absorbida por el ascensor. Antes de ir a trabajar sacaba a mis hijos de mis casa todos los días”, concluyó.

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