Construyendo un mundo mejor

Este mediodía declaró Anahí, hija de Néstor Oscar Junquera y María Eugenia González secuestrados el 9 de noviembre de 1976. Fueron vistos en el centro clandestino de detención y torturas “La Escuelita” y continúan desaparecidos.

Luego de la irrupción de “fuerzas de inteligencia vestidos de civil” en la casa familiar, Anahí y su hermano fueron llevados por vecinos que presenciaron el operativo a casa de sus abuelos paternos. Ella viviría allí y su hermano con los padres de María Eugenia.

“Mi abuela siempre tuvo el reparo de hacerme saber cuál era la realidad de los hechos aunque era muy chica, entonces sé la historia desde siempre y tengo muchos recuerdos de dolor, ver a mi familia en la búsqueda, en mi infancia sentir la discriminación, ser la distinta. Había una estigmatización por ser ‘hija de’, con el tiempo una aprende a sobrellevarlo, mecanismos para hacer pasar desapercibida esta situación y no estar en contacto permanente con la circunstancia de ser hija de desaparecidos”, relató.

Con la reapertura de las causas por crímenes de lesa humanidad, Anahí accedió a la documentación con “una necesidad de búsqueda interna de lo que fue sucediendo”. Tenía todo el material guardado celosamente por sus abuelos y particularmente valora un diario que comenzó a escribirle su abuela desde la desaparición de sus padres.

Sus abuelos fallecieron, por eso y si bien le “costó mucho”, se presentó ante el tribunal con el cuaderno donde la mamá de su papá “va describiendo varias situaciones que veía, el testimonio que me quiso dejar y lo que fue la búsqueda”. Quiso ofrecerlo como prueba, leer unos párrafos, pero se encontró con una respuesta negativa -“por mayoría”-  de los jueces.

Seguramente allí contaba cómo el abuelo recorría los tribunales y recibía habeas corpus rechazados con costas en su contra. Las firmas de esos expedientes eran las del juez federal Guillermo Madueño y su secretario Hugo Sierra. Eso lo supo cuando se contactó con la causa muchos años después.

Y el dato no tomaría tanta significación hasta que ella no avanzó cuatro años en la cursada de Derecho en la UNS  y metió diez materias. ‘Qué loco’, pensó cuando descubrió que el profesor se llamaba Hugo Mario Sierra. La sorpresa le duró lo que tardó alguien en confirmarle que se trataba de la misma persona: “En ese momento de iniciación de la búsqueda no tuve elementos para poder resolver una situación en la que me encontraba involucrada y abandoné la carrera”.

“El daño es irreparable”

Tuvo que convivir con la duda permanente de no saber si las personas que se iba cruzando eran represores o no. “Es muy difícil convivir con ese fantasma, porque por más que uno lo sepa, que estén desaparecidos, que hayan sido brutalmente torturados, que fueron asesinados, que estuvieron en La Escuelita… una no abandona la fantasía de abrir la puerta y ver que están ahí: ‘Hola Anahí, somos tus papás’”, comentó y explicó que “eso ocurre porque no hay cuerpo y uno no puede hacer el duelo”.

Néstor tenía 25 y María Eugenia 22 cuando fueron secuestrados. Los llevaron en noviembre de 1976 y la última vez que los vieron con vida fue el mes posterior. “Desde entonces no se sabe donde están”.

“Mi mamá era ama de casa y mi papá trabajaba en la construcción de la petroquímica. Eran trabajadores y tenían un proyecto de familia y de país, eran militantes de la JP y antes en la JUC (Juventud Universitaria Católica)”, contó Anahí.

El padre de Néstor le contaba que su hijo y María Eugenia,  “tenían un proyecto de país para todos, un mundo mejor y que lo estaban construyendo. Por eso creemos que sucede lo que sucede, era una persecución política, ellos eran muy católicos y habían hecho votos de pobreza”.

Pasado presente

Su abuelo murió cuando ella tenía siete años. Su abuela una década después: “El recuerdo que tengo es el de una persona que si bien era alegre lloraba todos los días pidiendo por su hijo y por su nuera. No había una sola vez que no lo hiciera”.

“Para el día de la madre le hacía una tarjeta a mi abuela y para el día del padre a mi abuelo. Cuando fallece mi abuelo yo seguí haciendo tarjetas, si no las hacía  me iban a preguntar por qué no hacía el regalo. Entonces yo hacía, total nadie me preguntaba. Eran mecanismos de defensa para no quedar expuesta a la mirada de ser ‘hija de’”, recordó.

Ya en democracia, al estar bajo cuidado de sus abuelos paternos con la tutela judicial, era recurrente ver en casa la presencia de asistentes sociales por ende “el tema estaba muy instalado constantemente”.

En ese sentido, afirmó en la audiencia que “el pasado siempre es presente a través de un hecho traumático porque a mí no me dieron la posibilidad de vivir con mis papás, a mis dos hijas tampoco le dieron  la posibilidad de conocer a sus abuelos ni a mis papás les permitieron conocer a sus tres bellas nietas”.

“Me gustaría saber por qué los secuestraron, por qué los torturaron, por qué los desaparecieron. El pasado siempre es presente. La ausencia está y que hoy podamos reconstruir la historia es parte de vivir el presente trayendo ese pasado. El daño es irreparable. Hay pérdidas de oportunidades. Hay melancolía, un duelo que nunca se puede resolver”.

Fotos robadas

En el operativo de secuestro se llevaron todo. El auto, la heladera, la máquina de coser y un montón de electrodomésticos más. Típica rapiña del terrorismo de estado. Nada que con esfuerzo no se pueda volver a tener.

Pero también se llevaron las fotos de sus viejos, tal vez intentando alejarla de ese mundo mejor que estaban construyendo. “Volver a tener contactos con las fotos es muy difícil, uno como hijo tiene la necesidad imperiosa de saber cómo eran, cómo se reían, cómo se vestían, cómo estaban en las fotos, qué les pasó, cómo los torturaron, cuál fue el destino final. Todo. Uno necesita imperiosamente saber reconstruirse en cada momento. La foto es un elemento consustancial y no teníamos”.

Otro elemento robado que la mortificó de pequeña fue el documento. “Parece una pavada, tenía documento duplicado. Era muy loco porque los chicos son crueles y lo veían duplicado y preguntaban por qué no los tenía. Son pequeñas cosas que constantemente hacen que esté presente la situación traumática”.

Juicio y castigo

Anahí declaró que la década del ’90, con su pizza champán indultos y obediencias debidas,  la vivió “con mucha desazón, era como que la búsqueda no tenía sentido” y reconoció que su abuela no pudo ver lo importante que “era para mí diez años después, encontrar y reencontrar mi identidad”.

Por qué eligió ser querellante, le preguntó la abogada querellante Mónica Fernández Avello. Ella respondió que fue esa necesidad de “alguien que no encontró un lugar en el mundo” la que la hizo aceptar con gusto al reabrirse las causas porque era “el legado” de sus abuelos y “la posibilidad de actuar que no tuve en la década del ‘80 cuando tenía 10 años”.

Ese camino la llevó a cruzarse con sus pares, con un acompañamiento “importante en otras historias con las mismas necesidades, con las mismas ausencias”, con personas que le cuenten todo. “Encontrarme con familiares fue para mí reparador. Donde me siento totalmente identificada es con HIJOS, porque somos pares”.

“Quisiera terminar agradeciéndoles a ustedes, los jueces, por darme esta posibilidad de declarar porque para mí es el lugar donde todos los reclamos de mis abuelos y míos se tienen que canalizar. Me voy feliz y quiero vivir el día de hoy como un homenaje a la memoria de mis papás, de mis abuelos, de los 30 mil compañeros desaparecidos y por mí”, dijo Anahí provocando el aplauso del público.

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4 thoughts on “Construyendo un mundo mejor

  1. Anahí: te felicito por tanto coraje y fuerza para resistir . A pesar de tantas pèrdidas tu voz en un canto a la vida. Un abrazo y todo mi corazón.

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  2. Tu testimonio fue un testimonio desde el amor. No hubo ni odio
    ni rencor, a pesar de que la voz de ELLA tampoco fue escuchada por esta justicia que se dejó llevar por los caínes.. Pero esa última palabra que oiste de sus labios, ¿por qué no pensar, por qué no soñar que fue la primera ante la presencia de su amado hijo (tu querido viejo) que vino a buscarla junto a tu madre y a los 30.000?? ¿ quién puede con certeza negar que ese sueño es una realidad???

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  3. Un abrazo grande Anahi. Ayer a las 21 pasaron por el canal 3 de la RAI italiana la pelicula Complices del silencio. Despues de unos minutos del final escuche al telefono el llanto de mi vieja que me decia: _No, nada queria escucharte nomas…saber que estas en casa. Por supuesto que avise a muchos amigos para que la vieran, es importante , a pesar del dolor , mantener la memoria.

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  4. despúes de 40 años me entero de esta historia. néstor y mary fueron mis adorados catequistas en 1973, ern la parroquia de Lourdes. estoy muy angustiado. ellos solían venir a casa. mis papás los querían mucho y ellos a mí. tengo una foto maravillosa que me gustaría regalarte. vivo en viedma, pero no puedo viajar porque estoy muy enfermo. ayer lloré mucho. te dejo mi celu: 02920 15501023. gracias `por el valor. gabriel

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