“Temía que me maten”

María Cristina Jessene es docente jubilada. Tres décadas atrás vivía en Soler al 200 y trabajaba como profesora de matemática en el Ciclo Básico y en la escuela Media Nº 3.

Fue secuestrada el 20 de julio del 1976 en el domicilio de una familiar, en Irigoyen 252. Había salido a realizar unas compras y cuando regresó un grupo de efectivos del Ejército estaba apostado dentro y fuera del departamento. Sus captores estaban vestidos con ropas militares y civiles.

En el lugar le preguntaron su nombre, uno de los uniformados tomó el teléfono, le pidieron el documento de identidad y que los acompañara. La subieron a un auto donde había un muchacho en su misma situación. Los llevaron al destacamento policial Regional V en avenida Alem. Finalmente María Cristina fue encerrada en el Batallón de Comunicaciones 181.

En ese lugar “me cubrieron con una frazada, me ataron las manos. No sabía dónde estaba. Estaba sentada en una silla. Alguien me hacía preguntas. Me pasaba un arma por las manos, hasta que alguien entró y dijo que pararan porque me costaba respirar”.

María Cristina dijo que después del violento interrogatorio la trasladaron a una habitación donde había una mujer embarazada. “Ahí estuve seis días. Solo nos traían de comer y nadie me decía nada ni me preguntaba nada, yo no sabía por qué estaba ahí”.

La mujer embarazada con la que compartió su cautiverio era Estrella Marina Menna de Turata. Jessene aseguró que en el lugar y durante un día también estuvo una mujer de la que no recordaba su apellido pero se hacía llamar Felicitas.

Recordó que un cabo y el coronel Cipriano Argentino Tauber eran los que entraban al lugar y le hablaban sobre la situación por la que estaba “atravesando” el país y de las acciones que realizaba el Ejército.

“Tenía mucho temor que me mataran, cuando te apuntan con un arma en la cabeza te da ese temor. Este miedo siguió después de mi detención, en la calle me daba mucho temor encontrarme con personal policial”, comentó.

El padre de María Cristina Jenesse fue agente consular de Francia, condición que facilitó las gestiones para su liberación el 28 de julio de ese mismo año.

Posteriormente, logró conseguir un certificado de su detención por los días que faltó a su trabajo. Las autoridades militares le entregaron un papel que mencionaba que estuvo a disposición del Poder Ejecutivo Nacional durante ocho días pero nada decía sobre la falta de mérito dictada sobre la acusación en su contra.

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