Marchó preso

Héctor Carlos Ravasi tiene 73 años, está casado y es músico militar. Era el encargado del clarinete y el saxofón en la banda del Batallón de Comunicaciones y luego en el Comando. Ayer, en el juicio, prefirió la guitarra y terminó tocando el pianito de la federal.

De entrada dijo que por su función en el Ejército, entre los represores que estaban en la sala, conocía a Tejada, a Mansueto Swendsen y a Fantoni. Con Delmé “no tuve relación directa”. No recordó a Condal. Le sonaba el apellido de Taffarel. Creía que “en alguna oportunidad” había visto a Méndez. Se acordaba de Páez.

Hasta el año 1976 cumplió sus funciones en el Batallón y luego pasó al Comando en la División Bandas. Desde principios de la década del ’70 y hasta el golpe de estado vivió “en una casa precaria” en terrenos del V Cuerpo.

La vivienda estaba construida con “chorizo” -barro y paja- y revocada con cal. Tenía una entrada con un techito, un par de habitaciones, hall comedor, cocina y bañito. Los pisos eran de mosaico o cemento alisado. Era “una tapera (…) no muy habitable” que le asignó el jefe del Batallón y compartía con su señora y sus hijos. Afuera había un árbol y a unos treinta metros, un molino destruido y un tanque. A tres cuadras, otra casa donde vivían dos oficiales y un tambo abandonado.

La dejó en marzo del 76 porque se la pidió la jefatura, aunque no recordó si eran los jefes del Batallón o del Comando. No sabe qué destino se le dio luego a la construcción. “Se decía que había un lugar de detención pero no lo confirmé, no me consta. No fui nunca. Si hubiera ido no hubiera podido entrar porque era un lugar restringido para todo el personal ya sea militar o civil”, declaró.

-¿Cómo sabía que era restringido? -preguntó el dr. Abel Córdoba.

-Porque no se podía entrar… Había gente que había querido entrar y no había podido. No recuerdo… El otro día lo vi por internet, Mansueto Swendsen dijo que quiso entrar y no pudo.

Tampoco supo si había personas detenidas. Comentó que nunca vio civiles en el Batallón, contradiciendo a más de media decena de testigos secuestrados en la zona de Médanos que fueron alojados en el ex gimnasio donde funcionaba la banda musical, cuyos integrantes los custodiaban.

-¿Recuerda usted el día del golpe de estado? -generalizó el fiscal.

-Creo que recordamos todos el momento del golpe -respondió canchero Ravasi.

-¿Que recuerda?

-Recuerdo que se produjo el golpe pero nada en especial…

-¿Estuvo acuartelado?

-No recuerdo si estuve acuartelado…

Luego siguieron preguntas sobre la ubicación física de algunas dependencias dentro del Batallón; sobre su funcionamiento; sus autoridades; sobre el rol de algunos imputados en el juicio; la presencia o no de unidades foráneas luego del golpe o algún aumento del personal; si alguna vez, aunque sea por los medios o siquiera en una reunión de consorcio, supo algo de lo que pasaba a su alrededor, básicamente la mayor masacre del siglo en el país. Pero nada. Que no, que no recordaba, que no sabía, que no se enteraba. ¿Subversivos, terrorismo, tiros, alguna arenga, enfrentamientos? ¿Lo qué?

-¿A qué se dedicaba?

-¿Las unidades donde yo estuve?

-Señor juez, está haciendo preguntas que no aportan a la causa, está confundiendo el testigo, (…) un suboficial de banda no puede responder esas cosas, son preguntas reglamentarias… -salió al cruce el defensor Sinforiano San Emetério.

-Insisto en las preguntas porque eran de público conocimiento. No son reglamentarias y si fueran, como personal del Ejército, debería saberlo -lo frenó Córdoba.

El tribunal deliberó unos minutos tapando bocas con un cuaderno. Habló el juez Ferro: “El tribunal estima que el testigo no está respondiendo a las preguntas técnicas ni las que hacen al grado que tenía en ese momento. Entiendo que el fiscal no ha hecho ninguna pregunta improcedente, sin perjuicio que esté haciendo preguntas que exceden el juicio.

Continuó el ping pong desmemoriado hasta que le leyeron a Ravasi parte de sus declaraciones anteriores. Antes le habían hecho confirmar si era suya la firma en los papeles amarillos.

Llegó la interrupción del presidente del Tribunal para dar por terminada la declaración. Por las reiteradas reticencias y las cada vez más notables contradicciones, ordenó remitir copia al juez de turno. El fiscal, ante la flagrancia, solicitó su inmediata detención. El juez dispuso la permanencia del saxofonista con custodia de Gendarmería a un lado del Aula Magna universitaria hasta el fin de la jornada. Luego, el clarinetista se fue en un patrullero de la Federal con un falso testimonio en el estuche.

Foto: Facebook
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