Resumen martes 8

Este martes brindó su testimonio en el juicio el profesor de la Universidad del Comahue y vicerrector de la  del Alto Valle de Río Negro, Pablo Bohoslavsky.

El ex militante del Peronismo de Base fue secuestrado el 19 de octubre de 1976. “Estábamos enfrentados con la burocracia sindical y luego del golpe del 24 de marzo con una intervención en la UNS, pedí una licencia de mi cargo como profesor adjunto”.

“Estaba en mi casa cuando golpean la puerta, rompieron una ventana, era en la primera cuadra de calle Córdoba en Bahía Blanca. Me llevaron a un cuarto, comenzaron con un cable pelado a picanearme un rato. Después me llevaron en un auto y tras dar varias vueltas y detenerse donde solicitaron la venia para continuar, me metieron en un lugar donde se escuchaban gritos de dolor donde pude encontrar a Julio Ruiz”, manifestó.

Bohoslavsky agregó que el 22 le indicaron que se bañe y pensó “que iba a aparecer en alguno de esos tantos enfrentamientos”. Junto a otras tres víctimas los suben a un camión, dan varias vueltas por el Parque de Mayo y los tiran -“atados y vendados”- diciéndoles que cuenten hasta  cien y que no se metieran más en política.

De allí fueron levantados por un grupo de hombres en una camioneta que llegaban a “salvarnos de la pesada”. Fueron llevados al V Cuerpo, les pidieron los documentos que no tenían y les informaron que quedarían detenidos “hasta que se aclarara la situación”.

Ese era el principio del blaqueo a través de un Consejo de Guerra que involucraría también a Julio y Rubén Ruiz. En la audiencia, el juez Triputti le preguntó si tenía alguna expectativa con ese proceso y el testigo respondió: “Nosotros veníamos de la muerte, fuimos muy afortunados porque he conocido gente que no volvió de esos lugares. Estábamos enfrentando un tribunal armado y decidido a condenarnos pero habiendo dejado atrás (la posibilidad) de que nos asesinaran”.

Luego declaró su esposa Haydé Cristina Gentili quien aseguró que tras el secuestro de su marido su casa quedó con vigilancia militar por dos días. Durante ese tiempo, Haydé que estaba embarazada, tuvo varios desmayos, la vio un médico y sugirió que la internaran. Le prometieron que la iban a llevar al Hospital Militar pero la encerraron en el penal de Villa Floresta por unos días. Al ser liberada se encargó de buscar a su esposo.

Antes del cuarto intermedio de la tarde, prestó declaración Sergio Voitzuk, ex alumnos de la ENET 1 secuestrado el 20 de diciembre de 1976.

“Fue a la noche, a las 22, estaba trabajando con mi tésis para recibirme del secundiario en construcciones. Un grupo de varias personas golpea la puerta de casa. Preguntan por mí, me presento. Me colocan una capucha, me llevan a la rastra a un automóvil, vivía en calle Santiago del Estero 171”, recordó.

Relató que pasados unos 15 minutos de viaje llegó a “un predio pasando por vías del ferrocarril. Abrieron una tranquera, me hacen bajar. Me envisten unos perros. Me colocan en una habitación, me atan a un elástico de cama, me interrogan con violencia, me consultan por un atentado a una concesionaria de la Ford, de Amado Cattaneo. Les dije que no tenía conocimiento”.

En el centro clandestino de detención La Escuelita pudo reconocer la presencia de algunos de sus compañeros de escuela y también identificó a César Giordano y Zulma Izurieta que los tranquilizó diciendo que los iban a largar porque no tenían nada que ver.

También detalló cómo fue su liberación en cercanías de la ciudad de Tornquist y las gestiones realizadas por sus padres y los del resto de sus compañeros para encontrar a sus hijos.

Por la tarde, aportó su testimonio otro de los jóvenes de la ENET, Guillermo Pedro Gallardo, secuestrado en calle Thompson al 700 y llevado a La Escuelita. Allí fue interrogado bajo tortura respecto a “la forma en que íbamos a hacer la guerra”. Reconoció la presencia de algunos de sus compañeros de escuela. Fue liberado en Charlone y Malvinas.

Le siguió su amigo Ricardo Mengatto, detenido desaparecido entre el 20 de diciembre de 1976 y el 20 de enero de 1977. Tras pasar por el calvario que ofrecían los represores del V Cuerpo relató cómo fue su liberación.

“Esa noche que el guardia me relató que me iban a liberar me subieron a un vehículo, me sentaron en uno de los buches y frente mío había un guardia. Nos sueltan también con un compañero que le tocó vivir lo mismo que a mí”, aseguró.

Junto a Gallardo recorrieron en el vehículo durante media hora y “me tiran en un descampado, un baldío con un yuyal muy alto. Me dijeron que me quede quieto hasta que no escuche el vehículo y que me desatara como pueda. No me animaba a levantarme. Me saco las vendas, quiero mirar y no veo. Eran todas penumbras, empecé a caminar con miedo a que me lleven de vuelta, iba tambaleando, perdí ocho kilos y estaba muy débil”.

Estaba en la otra punta de la ciudad, le costó ubicarse y conseguir un taxista para que lo acerque hasta su casa. Encerrado en la teoría de los dos demonios que le impide aún entender por qué fue víctima del terrorismo de Estado, 35 años después de aquellos hechos, el testigo se quejó por tener que repetir cada dos años su testimonio y revivir su historia: “Hasta que no se pone un final a esto, es gotear un dolor que no termina nunca”.

Guillermo Oscar Iglesias, había terminado sexto año en la ENET cuando fue secuestrado el 27 de diciembre del ’76. Fue llevado a La Escuelita donde lo interrogaron bajo tortura sobre “gente” y “algunos hechos que habían ocurrido”.

“Fueron varias veces y volvían a repetir los golpes y picana, hasta que me sacaron de ese lugar, me hicieron vestir, creo que me vuelven a dejar en el piso y en un momento me vuelven a meter en un coche y aparezco cerca de mi casa el 29 a la tarde noche”, dijo.

Finalmente declaró Roberto Fernando Rufrancos, quien además de brindar detalles sobre el secuestro de su cuñado Guillermo Gallardo, denunció la captura de su padre -ex contador de la Universidad Nacional del Sur- “entraron al departamento, ahí en Fitz Roy 13, estuvo cuatro días secuestrados y lo liberaron. Su relato fue bastante negativo, fue torturado, picaneado, venía alguien que decía gracias por los servicios prestados y venía otro y lo castigaba”.

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