¿Alguien está preparado para que le roben un hermano?

La respuesta es obvia y por eso nadie se la pudo dar. Adriana Metz estaba contestando a una colaboradora de Abuelas de Plaza de Mayo que, como paso previo a asumir la tarea colectiva de buscar a su hermano robado por el Ejército Argentino, le preguntaba si estaba preparada para otro ADN negativo.

Tras la muerte de su abuelo había tomado la posta y con un dato de un muchacho que “podía ser”, cargó los chicos al tren y fue a buscarlo.

“Le dije ‘Soy Adriana Metz, estoy buscando un hermano y me parece que sos vos’. ‘Ah bueno, vení sentáte’. Le conté que era hija de desaparecidos. ‘Ah, yo sabía que era hijo adoptado pero no de desaparecidos’. ‘Bueno esto se soluciona fácil, haciéndonos un ADN’, le dije. Me contestó ‘Bueno dejá que le pregunte a mi mamá'”, relató en la audiencia del miércoles en el juicio por crímenes de lesa humanidad que juzga a 17 genocidas del V Cuerpo.

El temor a lo que pueda pasar con su madre hizo que el joven rechazara comparar su ADN con el Banco de Datos. Adriana lo citó en una estación de servicio y le mostró un montón de fotos pero no hubo caso. “Fue terrible porque sentí que le había fallado a mis viejos en no poder convencerlo para que vaya al (Hospital) Durán”.

Un juez platense ordenó que se realizara el examen genético, el resultado fue negativo y ella se dio cuenta que sola no iba a poder. Años más tarde empezó a cebarle mates a las Abuelas y hoy va todo los miércoles a seguir la búsqueda: “No solo de mi hermano sino de todos los que faltan”.

Secuestro en Cutral co

Adriana Elisa Metz, vive en Mar del Plata, tiene 36 años, un marido y dos hijos. Los represores del V Cuerpo de Ejército y sus subordinados le mataron un padre, una madre, una tía y le robaron un hermano.

En 1976 vivía con sus padres Graciela Romero y Raúl Eugenio Metz en un barrio obrero de Cutral co, provincia de Neuquén. El 16 de diciembre Adriana tenía un año, un mes y 16 días y fue dejada en casa del vecino Miguel Penillán con la orden de criarla como propia y en silencio.

Antes, un operativo a cargo de las fuerzas armadas y de seguridad había secuestrado a Raúl, Graciela y el bebé que estaba en su panza.

El abuelo Oscar Raúl Metz se enteró de lo sucedido y fue a buscar a su nieta a Cutral co. La crió y buscó a sus familiares hasta que falleció en 1982. La abuela siguió hasta que enfermó y comenzaron “las gestiones para que vaya a vivir a Mar del Plata con la hermana de mi mamá, sus hijas y su marido”.

Hija y hermana

“Siempre supe que era hija de desaparecidos. No. Fui hija de mi papá y mi mamá hasta que los secuestraron. Mis abuelos tuvieron la capacidad de explicármelo de manera gradual y jamás lo viví como algo doloroso. Creo que hasta lo vivía con orgullo, porque no fue por ellos que no los tenía sino por toda esta gente”, le dijo Adriana al fiscal Abel Córdoba sobre sus primeros recuerdos.

Un día sus abuelos leían una carta que firmaba Alicia Partnoy, sobreviviente del centro clandestino de detención y torturas La Escuelita donde compartió cautiverio con Graciela y Raúl. Decía “que mi hermano nació entre la noche y la madrugada del 16 de abril. Yo escuché eso y salí de donde estaba escondida chusmeando lo que hablaban y dije ‘Tengo un hermanito, quiero un hermanito’. Esa carta la escribió el 4 de diciembre de 1981, yo tenía 6 años”.

La noticia significó saber que no tenía a su mamá, que no tenía a su papá y que tampoco tenía a su hermano.

Adriana agregó que tomo conciencia de la ausencia de sus padres cuando su hijo mayor tenía dos años: “Me di cuenta que el abrazarlo, levantarlo, darle la teta, cambiarle los pañales, comprarle ropa, todas las cosas que se hacen cuando una tiene un primer hijo, no las estaba disfrutando porque me estaba dando cuenta que mi hijo tenía una madre y yo no la había tenido. Yo era hija de desaparecidos. Mi hijo nació en 2001”.

“Ahí me di cuenta que no había podido ser hija de mi papá y mi mamá. También me di cuenta que no tenía un hermano cuando tuve mi segundo hijo, y en los primeros momentos en los que Luca lloraba, se acercaba su hermanito y le decía ‘Que pasho Uca’. Después Luca empezó a crecer, a hacer cosas. Enzo empezó a tener celos, a jugar con su hermano, a disfrutar y a hacerse compinche de su hermano y ahí me di cuenta que a mí también me habían sacado un hermano”.

Adriana en el inicio del juicio. Foto: Helen Turpaud

En cuanto a sus padres, la desaparición hizo que le falte “una pata”. Que falten el día que se casó o cuando nacieron sus hijos. Que se pierdan los cumpleaños y los momentos de dolor o alegría.

“En el momento que nació mi hijo Enzo, cuando me lo dan recién salido de mi panza, lo primero que dije es ‘Qué feo que es pero como lo voy a querer’. Pero al instante de pensar esa barbaridad, pensé si mi mamá había tenido esa oportunidad con mi hermano. Con el segundo hijo, ya había visto un bebé feo entonces el otro no era tan feo y pasó desapercibido pero me volvió la duda. Conmigo seguramente la tuvo, conmigo estuvo”.

Cuando había crisis de pareja sus amigas recurrían a sus madres. La que no tenía era porque había tenido cáncer de pecho o un accidente pero “yo no tenía a mi mamá porque a alguien se le había ocurrido que no tenía que estar en este mundo ahora y eso es feo, muy feo”.

Lo último que se pierde

Los abuelos de Adriana le enseñaron que la esperanza es lo último que se pierde. Ellos nunca dejaron de esperar a Raúl, Graciela y su hijo. Guardaban en un ropero una caja con ropa de ellos. Decían que estaban secuestrados y que los iban a largar.

A los 14 años, Adriana tenía fiebre y su abuela, ya enferma, había salido. La fue a buscar porque no sabía volver. Terminaron las dos en casa del tío Luis que vivía con su mujer Olga y su hijo Marcelo. “Olga le dice a mi abuela que deje a la chica tranquila porque tiene fiebre. Además dice ‘Deje de meterle esas ideas en la cabeza a su nieta que sus padres bien muertos están'”.

“Ese día le dije a una psicóloga amiga que me habían dicho que mis papás estaban muertos. ‘Sí mamita, ¿no lo sabías?’. ‘No, la esperanza es lo último que se pierde decía mi abuela’. A los 14 años me enteré que no iban a volver”.

Después de eso, Adriana, sentada frente a los jueces del Tribunal Oral, afirmó que este juicio “para la sociedad y para la historia argentina es súper importante” pero a ella no le devuelve nada. “Y menos mientras mi hermano no esté conmigo. Si alguno de estos señores se digna y dice dónde está mi hermano, puede llegar a ser muchísimo más importante”.

Y por último les dejó en claro por qué estaba allí: “Estoy acá por mis papás que no están. Estoy acá por mis hijos. Por todos los desaparecidos. Por los que me tocan de cerca y por los de lejos. Por los nietos que no están, que falta encontrar. Si los señores que están atrás mío tienen un poquito de… no sé cuál sería la palabra… si les queda algo por hacer que digan lo que saben. No sólo por mi hermano, por el hijo de Graciela Izurieta también. Por todos los que no están, por ellos. Y por nosotros, porque los hijos de los desaparecidos tienen que aparecer no solo porque está mi hermano sino porque es lo que corresponde”.

¿Sabés algo sobre el hermano de Adriana o el hijo de Zulma Izurieta? ¿Tenés dudas sobre tu identidad y crees que podes ser hij@ de desaparecidos?

Abuelas de Plaza de Mayo

Tel.: (54-11) 4381-0642 / 0800-666-8631

Página web: http://www.abuelas.org.ar

Correo electrónico: abuelas@abuelas.org.ar

0800 222 2285

Centro de Recepción de Denuncias y Orientación Ciudadana DE LA SECRETARÍA DDHH

Correo electrónico: denuncias@derhuman.jus.gov.ar

Asociación Anahí

Asociación civil sin fines de lucro. Personería Jurídica nº20.571.

Casilla de Correo 518 (1900). Tel/Fax: (054-0221) 4212681.

http://www.asociacionanahi.org.ar/

asociacionanahi@yahoo.com

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6 thoughts on “¿Alguien está preparado para que le roben un hermano?

  1. Adriana:
    Nadie estuvo preparado para las barbaridades que ocurrieron.
    Luego de que me blanquearan a mi, luego de aparecer, y ulterior liberación 13 meses después, no sabía qué explicarle a mi hijo sobre la suerte de su padre. Como decís, ya es difícil explicar la muerte de un padre joven, cuando sucede por una enfermedad terminal o un accidente.¿ pero quién sabía qué era un “desaparecido”? ¿ qué estaba ocurriendo con ellos?
    Los psicólogos,- a los que acudimos- decían : -“hay que decirle la verdad”-. ¿ y cuál era la verdad?
    Cada quien daba su versión ( su madre no dejó de esperarlo vivo y sano hasta que murió psicótica 7 años mas tarde, “haciéndole las comidas que le gustaban”, porque nunca pudo aceptar la terrible realidad)…
    Nadie estaba preparado para enfrentar el catálogo de lo peor del ser humano.
    Me alegra que hayas encontrado la solución desde lo colectivo., que es la única salida posible.
    En pueblos chicos es mas difícil.
    Suerte en tu búsqueda, que tendremos presente para contribuir. Un abrazo solidario.

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  2. Querida vos sabés que probablemente tu hermano exista en alguna parte de ese bello país, los que tenemos hermanos y nos fueron robados siendo adultos es terrible, porque lo que ahhelas es encontrar aunque sea un huesito de él y poder darle sepultura. Mi hermano Emil Bustamante fue detenido y desaparecido por el ejército guatemalteco en 1982, a casi 30 años de su desaparición forzada, el pueblo que lo vió nacer cree que la solución a todos los problemas que nos aquejan es un militar retirado, acusado de genocidio nos sacará de ellos y le dieron su voto. imagináte es el nuevo presidente un hombre que desaparecio a decenas de personas, él nos cuidará en el futuro próximo. Hoy más que nunca saber de los 45,000 desaparecidos será aún más díficil. Te abrazo,

    Marylena Bustamante

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    • Haber permitido que un genocida llegue a ser electo es terrible da escalofrío de solo pensarlo.Debemos pedir JUICIO Y CASTIGO A TODOS AQUELLOS QUE EN TODA LATINOAMERICA DESAPARECIERON ASESINARON E HICIERON TODO TIPO DE ABERRACIONES.MEMORIA VERDAD JUSTICIA.LEONTINA PIANGATELLI,BAHIA BLANCA,11 DE NOVIEMBRE

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  3. Muy valient tu testimonio, muy conmovedor por cierto, pero yo creo que no hay nada que ablande a los genocidas que detràs tuyo y escuchando cada relato se van consumiendo en su retorcida conciencia. Un abrazo para ti y tu familia……”!

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  4. Pingback: Última audiencia de agosto | Juicio V Cuerpo Ejército Bahía Blanca

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