Siete testimonios por la mañana

Minutos después de las nueve comenzó la audiencia en el juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos desde el V Cuerpo de Ejército durante la dictadura cívico militar. El primer testimonio fue el de Elida Cifuentes, trabajadora social de Neuquén.

“Fui detenida en Neuquén el 12 de junio de 1976. Recuerdo que era una madrugada. Tenía mucho miedo. Ya habían detenido a compañeras mías, yo estudiaba servicio social. En esa semana de junio habían ya detenido a una de mis compañeras que era de la facultad y de militancia. Pertenecíamos al PRT”, declaró.

La testigo fue detenida y alojada en la policía de Neuquén, llevada a la Unidad 9 y después trasladada a Bahía Blanca. “Finalmente llegó a su destino el avión, yo ya estaba vendada, ya no vi más la luz, nos subieron como que nos levantaban sobre un camión, este se desplazó por un terreno irregular y se sacudía, llegamos a un lugar, recuerdo que hacía mucho frío. Nos pusieron en ronda y nos ataron uno a uno”.

“Me llevan a un lugar siempre así por la fuerza y con insultos, me hacen preguntas por mis compañeras, me amenazan y me toquetean. No sé cuánto pasó, me ataron donde había otras personas, mujeres. Me encadenaron a una cama escuchaba entrar y salir gente. Recuerdo el olor a cigarrillos y uniforme”, sostuvo Elida.

Luego le anunciaron que la venían a buscar y la subieron a un auto violentamente junto a Gladys Sepúlveda. Las bajaron en la puerta de la cárcel de Villa Floresta. “Ahí me saqué la venda y no podía abrir los ojos”.

“En la cárcel de Floresta estuve 6 meses y luego a Devoto. Estábamos con las mujeres por delitos comunes. A los pocos días de estar escuchamos en el informativo que habían caído guerrilleros en un enfrentamiento y había caído Mónica Moran. Gladys me dice que había estado con nosotros” en el centro de detención clandestina La Escuelita.

Una de las celadoras de la cárcel era muy agresiva. “Cuando salía la información de algún enfrentamiento, la celadora aplaudía y decía ‘Qué bien’. Nos miraba y se reía. Estando en Floresta nos dicen ‘Prepárense’. Nos asustamos. Íbamos pasando de a una al ingreso de la cárcel y había personal penitenciario. No recuerdo si era de Ejército, sin decirnos más nos revisaban” en presencia de un médico.

Finalmente, Cifuentes culminó su declaración agradeciendo a las organizaciones populares que se comprometieron con la lucha por la búsqueda de justicia. El abogado defensor particular Sinforiáno San Emetério pidió la realización de un careo entre Cifuentes y Sepúlveda. El Tribunal prometió resolver más adelante.

Sobre Patricia Acevedo

Luego se presentó Mirna Edith de Aberasturi que fue secuestrada el 26 de febrero del 77: “Serían las 14:30, mi novio y actual esposo, se iba a buscar un piano. Tuve ganas de irme con él pero era un verano de calor. Yo estaba en casa en ropa de cama. Mi madre atendía una peluquería en el living de casa, hubo mucha gente que presenció el hecho”.

Su madre abrió la puerta y se encontró con el primero de los represores, “un joven rubio” que fue seguido por otros cuatro o cinco.

“En ese momento mi hermana se había ido al kiosco. Cuando abren la puerta de la cocina, a todas las personas que estaban ahí le dan vuelta la cara para que no los reconozcan. Yo estaba en la cocina, me muestran fotos de quien en ese momento era mi amiga Patricia Acevedo con quien tuve contacto hasta esa fecha. Me mostraban fotos y me decían ‘Decínos dónde vive Patricia’. Yo conocía su dirección. Fue desagradable toda la situación. Mi mamá se volvió loca a los gritos la empujaron la tiraron al piso”, recordó la testigo.

La obligaron a vestirse y salieron con el primer objetivo cumplido: “Lo que buscaban era alguien que conociera a Patricia Acevedo”. Los autos estaban estacionados sobre la cortada Miguel Cané. “Había dos, me tiraron adentro con mucho maltrato y gritos diciéndome que me iban a matar”.

“Quienes teníamos amigos desaparecidos sabíamos de La Escuelita. Intuí que iba a ese lugar por el tipo de viaje que hicimos. Al llegar ingresé a un hall de entrada. Me vendaron y me ataron,  escuchó en una TV que Patricia había sido muerta en un enfrentamiento en calle Chiclana donde estaba el colegio industrial. Hubo una pelea entre ellos, se puteaban, dice uno ‘Cómo dejan esto prendido, ahora ésta se enteró que está muerta’. Después de esa discusión, me llevan a lo que sería un cuarto que estaba en un ala izquierda y escuchaba muchas voces”, afirmó ante el tribunal.

Su esposo Carlos Hugo Kaul, dijo a su turno que luego de la liberación, Mirna Edith “estaba desesperada, todos muy convulsionados. Una mezcla de mucha angustia y de alegría de que la volvía a ver. Pensé en esos días que estaba siempre la posibilidad de volverla a ver o no verla más. Particularmente sabía que no militaba en ningún partido político pero eso no solucionaba nada”.

“Era un estado de desazón, desesperación, no saber a quién recurrir. Cuando mi suegra me cuenta que fue a ver a Mayer que era su amigo particular, ella pensó que la podía ayudar pero le dijo ‘Seguro que por algo se la llevaron'”.

Además comentó que conoció a Patricia Acevedo en 1973 cuando cursaba en la universidad. Un amigo suyo era el novio pero dejó de verla cuando abandonó la universidad. “Después, en el 75 vuelvo y la empiezo a frecuentar. Se ve que pertenecía la JUP”.

Patricia Acevedo nació en Bahía Blanca. En 1973 ingresó a la carrera de Profesorado en Filosofía y Pedagogía en la UNS y militaba en agrupación Montoneros.

El 26 de febrero de 1977, cuando tenía 22 años, fue asesinada en su domicilio de Chiclana al 1000. El operativo estuvo dirigido por personal militar del Comando V Cuerpo de Ejército, quienes argumentaron en un comunicado posterior que el episodio había sido consecuencia de un enfrentamiento con grupos montoneros.

Casos Cereijo, Hidalgo y Souto Castillo

El puntaltense Hugo Norberto Montenegro fue citado por la Fiscalía para declarar en torno al secuestro y asesinato de Nancy Cereijo.

El suboficial mayor retirado de la Armada es pariente de la familia Cereijo y presenció el secuestraron de Margarita –hermana de Nancy- pero no recordó detalles y manifestó que no hizo ninguna gestión.

“Estábamos con mi señora en la casa de mis suegros, irrumpieron dos personas. Nos pusieron contra la pared y pidieron documentos. Se los dimos y después una persona nos dijo ‘Quédense donde están, cuando no sientan nada pueden salir’. Cerraron la puerta y se fueron”, manifestó.

Montenegro respondió con evasivas y olvidos a numerosas preguntas de las querellas y del fiscal Horacio Azzolín que intentó profundizar sobre su conocimiento respecto al accionar represivo de la fuerza que integraba hasta que el juez José Triputti, a instancias de su colega Martín Bava, le exigió limitarse al caso Cereijo.

A primera hora de la tarde, testimonió Alicia Susana Careijo, esposa de Montenegro y prima de Nancy y le siguieron María Teresa Fiorentín y Marcela Victoria Álvarez, vecinas de Fitz Roy 137.

En ese domicilio mañana se realizará una inspección ocular por ser el escenario donde el 14 de noviembre de 1976, personal militar del V Cuerpo asesinó a los militantes peronistas Daniel Hidalgo y su novia Olga Souto Castillo, embarazada de 4 meses.

La audiencia de este martes se reanuda 16:30.

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One thought on “Siete testimonios por la mañana

  1. Me impresiona enormemente el despliegue represivo en la zona de Bahìa Blanca, posterior al `73, en la època del gobierno peronista de Isabel….

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