De La Perla a La Escuelita

Ayer por la tarde se reanudó luego de la feria de verano el juicio por parte de los crímenes cometidos desde el V Cuerpo de Ejército durante la dictadura cívico militar. El tribunal escuchó testimonios en torno a los casos que tuvieron como víctimas a Zulma Araceli Izurieta y César Antonio Giordano.

La “Vasca” nació el 24 de marzo de 1964 en General Belgrano, provincia de Buenos Aires y era empleada. “Braco” el 30 de octubre de 1965 en Pringles y estudió en la ENET 1. Ambos militantes de la Juventud Peronista fueron secuestrados en diciembre de 1976 en Córdoba a donde llegaron perseguidos por las fuerzas armadas.

Estuvieron en La Perla y luego fueron trasladados a La Escuelita bahiense. El 13 de abril del 77 Zulma y César junto a María Elena Romero y Gustavo Marcelo Yotti fueron sacados del centro clandestino y asesinados. El Ejército hizo aparecer sus cuerpos en un supuesto enfrentamiento cerca del paraje “El Pibe de Oro”.

“Les decíamos Juan y Ana”

Desde Buenos Aires llegó María Patricia Astelarra, ex militante de Montoneros secuestrada con su pareja el 1 de julio de 1976 y llevados al campo de concentración La Perla dependiente del III Cuerpo de Ejército.

“En julio del 76 llevan secuestrados a una pareja que yo ya conocía porque habían llegado poco tiempo antes de Bahía Blanca y habían estado comiendo en mi casa. Les decíamos Juan y Ana. A él lo secuestran y lo llevan al departamento de Información de la Policía de Córdoba, la D2”, dijo sobre Izurieta y Giordano.

Como “Braco” tenía en uno de sus bolsillos un recibo de alquiler, sus captores localizaron la pensión y secuestraron a Zulma “en camisón y con botas de goma”. A mediados de julio tras pasar por las dependencias policiales fueron llevados a La Perla.

Astelarra comentó que “apenas nos secuestraban éramos sometidos a diversas torturas, picanas, palos, como sucedía en todo el país, enfrentamientos entre compañeros a ver si uno conocía a otro. A las mujeres nos vejaban, en mi caso que estaba embarazada de cinco meses sucedió lo mismo”.

Luego las llevaban a la cuadra, un galpón originalmente para conscriptos, con una sala de torturas adelante. Allí permanecían tirados en colchonetas y vendados. Esto podía flexibilizarse según el humor de las distintas guardias a cargo de Gendarmería.

Según lo recordó Astelarra, Juan era un estudiante de un metro setenta, de estructura media más bien flaco, de pelo castaño medio oscuro, con bigotes grandes. Era una persona muy seria y de hablar pausado. En La Perla circuló que Juan podía ser Braco y como creyeron que era un apellido “en nuestras listas quedaron como el matrimonio Braco”.

 “A Juan y Ana los tuvieron separados. Con Ana nos espiábamos por abajo de la venda, nos hacíamos señas, logramos que un día nos lleven juntas al baño. Una vez allí nos encerramos, pudimos abrazarnos y contarnos lo que estaba pasando y le dije que no diga que nos conocíamos porque Juan ya había dicho eso”.

Otra noche, sin presencia de los torturadores, a un guardia “permisivo” se le ocurrió que todos los detenidos y detenidas canten. “Uno a uno fuimos cantando. Juan cantó un tango, cantó Malena. Cantaba muy bien Juan. A la mañana siguiente cuando nos despiertan, nos hacían pararnos y juntar la colchoneta, yo me fui corriendo so pretexto de qué bien cantaba tango y lo fui a ver y me contó como lo habían secuestrado y que había estado en la policía de Córdoba”.

Astelarra supone que Juan y Ana pudieron haber estado “como mucho diez días”. Se los llevaron en medio de un traslado masivo, los torturadores del OP3 les dijeron que los trajeron a Bahía pero no les creyeron. Supusieron que habían sido asesinados en un enfrentamiento fraguado.

La testigo a principios de octubre fue llevada a La Ribera, luego a la cárcel y finalmente obtuvo la libertad vigilada en 1977.

“Ojalá se siga profundizando y se haga justicia y que haya memoria y verdad, por los 30 mil desaparecidos y por mi hermano menor que fue secuestrado, ahí sí no sabemos nada. Nada. Esperamos que se haga justicia y que de una vez por todas estos criminales cesen con una forma cruel de tortura que se prolonga por 35 años y no nos dicen qué hicieron con las víctimas y dónde están aquellos bebés que robaron y hoy son jóvenes”, deseó Patricia.

“Vi cómo lo torturaban”

El 9 de diciembre de 1976 las patotas de Menéndez secuestraron en una calle cordobesa a Héctor Ángel Teodoro Kunzmann y lo encerraron en el campo de concentración y exterminio de La Perla  por casi dos años.

Allí conoció a una pareja de detenidos de la zona de Bahía Blanca a quienes recuerda con firmeza por un hecho puntual. Días después de su ingreso el represor apodado HB lo llevó a la sala de torturas llamada la Margarita o la Máquina. “Me extrañó mucho eso, me llevaron, no me dijeron para qué. Llegamos al lugar, a la izquierda había un camastro, yo ya había sido torturado ahí Había una persona acostada y atada en ese lugar. Me ordenaron que me levantara la venda y que observara. No me dijeron quién era la persona, no me preguntaron nada. Estuve cinco o diez minutos -pudo ser más, me pareció una eternidad- mientras lo torturaban”.

Con el tiempo se enteró que a esa persona el personal de Inteligencia la llamaba Braco y que tenía una compañera a la que le decían la Vasca o Laura y que su nombre legal era Zulma.

“A ellos seguramente los vi yendo al baño o repartiendo la comida. Un poquito después, pasando mediados de enero, los fueron a buscar. No lo vi pero me enteré que los sacaron del lugar y aparentemente los subieron a un auto y según se comentaba en el lugar los habrían trasladado en avión desde el aeropuerto de la aeronáutica a Bahía Blanca”, declaró Kunzmann.

Al tiempo Héctor y sus compañeros de cautiverio supieron que habían muerto en Bahía en un supuesto enfrentamiento. El dato fue confirmado un año más tarde por el teniente primero Carlos Villanueva, alias Príncipe o Principito o Villagra, que llegó como subjefe a La Perla.

El represor había estado en Bahía Blanca y por eso sus víctimas le preguntaron por Braco y la Vasca. Les ratificó que habían muerto en un enfrentamiento y “comentó que había una hermana supuestamente, la hermana de la chica, de Zulma, que había sido fusilada en ese mismo lugar estando embarazada de ocho meses”.

Foto: Justicia Ya.
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