Desprecio por el juicio

Otra vez un médico integrante del área de Sanidad de la cárcel de Villa Floresta durante la dictadura cívico militar se presentó ante el Tribunal Oral a declarar como testigo y terminó detenido por mentir y entorpecer el proceso de juzgamiento. Para el fiscal fue “un juego de ocultamiento de la verdad”.

En este caso fue el cardiólogo Félix Alberto Iriarte de 73 años quien revistó en la penitenciaría desde 1970 hasta 1980. Trabajaba bajo las órdenes del dr. Nicotra y del director del penal.

La declaración llenó una hora y media de evasivas, desmemorias y generalidades. De entrada le dijo al fiscal que suponía que alguna vez le había tocado recibir detenidos a disposición del Poder Ejecutivo: “No puedo hablar de alguien en particular pero en un período de varios años donde ingresa gente diría que en alguna oportunidad me ha tocado. Tengo que decir que no he visto ingreso de gente con lesiones que hayan tenido magnitud como para recordarlas”.

Los ambiguos términos “cuestiones de magnitud” o “lesiones extremas” -que recién después de varios reclamos logró definir como “una lesión que produce un grado de invalidez, de incapacidad motriz o intelectual”- bastaron para minimizar el estado de salud deplorable que decenas de testigos ya se encargaron de mencionar en las audiencias, tanto víctimas como colegas de Iriarte.

A esa altura ya había recibido la irónica felicitación del presidente del tribunal que se mostró gratificado porque “nunca en mis años de trayectoria judicial he visto una Unidad Penal con tanta eficacia y con tantos buenos tratos hacia los detenidos” y le atribuyó el mérito “al cuerpo médico y al jefe de la unidad” pero esto no le quitó las dudas.

El juez Ferro preguntó entonces si la herida en el organismo de un interno atacado con una faca le parecía de magnitud. El testigo dijo que sí aunque aclaró que “puede ser que tenga escasa repercusión si es en un dedo y otra cosa si es en el estómago”. El juez sintió que le tomaba el pelo, respetó su criterio pero no pudo entender que “una persona golpeada que está sufriendo ante el médico” no le vaya a decir qué tiene.

Iriarte no conoció detalles del caso de Daniel Bombara ni recordó a Eduardo Mario Chironi que casualmente sufrió varios paros cardíacos, por lo cual hubiese sido de gran ayuda la consulta con un cardiólogo como él.

Sí supo de la detención de Víctor Benamo y tuvo “un poco más de recuerdo” dado que era colega del hermano. A pesar de eso, simplemente lo vio ingresar “con lesiones en los miembros superiores como si hubieran sido generadas por mecanismos de tracción” y como “no conseguía realmente interpretar el estado de este paciente” solicitó lo examine un neurólogo, trámite que cumplió el dr. Carlos Vecchi. Ni se le ocurrió preguntarle a Benamo qué le había pasado o dónde había estado o no quiso mencionarlo ante los jueces.

Se declaró amigo personal del dr. Mario Aggio y contó que supo que estuvo en la Policía Federal luego de ser denunciado por algún profesor universitario. Cree que no lo torturaron ni golpearon.

La escasa colaboración del testigo era evidente y tras casi ochenta minutos el fiscal Abel Córdoba pidió suspender la audiencia por considerar que no tenía sentido seguirlo interrogando dado el “flagrante falso testimonio”.

Destacó la discrepancia entre las referencias del testigo y lo que ya es conocido en el juicio y aseguró que “el testigo por formación y porque resulta una circunstancia evidente tiene un conocimiento fehaciente de la falsedad de lo que está afirmando y la conducta que está desarrollando potencialmente puede afectar la administración de justicia”.

“Es evidente el desprecio de Iriarte con la actividad de juzgamiento negando el ingreso masivo de personas que habían estado en centros clandestinos detenidos que se dio en centenares de casos mientras él era miembro de la Unidad 4”, dijo Córdoba.

Al cruce salió el abogado Mauricio Gutiérrez que defendió al testigo mencionando los 35 años transcurridos desde el momento de los hechos, lo “entrado en años” que está Iriarte y subrayó que entre tanta mentira dio “los nombres de los especialistas que atendieron a los pacientes y de los enfermeros”. Desde la defensa oficial lo apoyó Gustavo Rodríguez.

Los jueces le dieron otra oportunidad. Siguieron algunas preguntas más, un cuarto intermedio y la orden para que la Policía Federal lo detenga y lo deje a disposición del juez de primera instancia.

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