“Quería progresar pero no lo dejaron”

El martes por la tarde declararon ante el tribunal por videoconferencia desde La Plata el tío de César “Braco” Giordano, Martín Moro, y los ex médicos policiales Luis Ernesto Vaskovek y Jorge Alberto Zenof por los casos Ferrari y Frers, respectivamente.

Antes, el tribunal rechazó un pedido de recusación contra el juez José Mario Triputti efectuado por el abogado defensor particular Mauricio Gutiérrez.

“Él tenía sus ideas humanitarias, sus ideas de igualdad de la gente, todos teníamos que estudiar, trabajar. Además era una persona muy inteligente, muy trabajadora, jamás hubiese dejado de confiar en su familia”, aseguró Moro sobre su sobrino.

Martín Argentino Moro luego de recibirse en Bahía Blanca fue a ejercer como contador a Villa Regina mientras César se instalaba en nuestra ciudad para estudiar la carrera de maestro mayor de obra que no estaba en Tres Arroyos donde vivía.

En una visita a Bahía supo que a “Braco” lo buscaba la policía porque lo habían visto pegando unos panfletos cerca del colegio industrial donde cursaba. “Me fueron a buscar para que vaya a la comisaría. Fui y me dijeron que por favor lo buscara, que tenían que hablar con él. No pude llevarlo y me enteré que él no hacía nada malo sino solo expresaba con sus compañeros algunas ideas que plasmaban en panfletos y los pegaban en algunos lados”.

También dijo que el colegio había dejado libre a su sobrino, que como lo habían amenazado y perseguido se fue a Córdoba junto con su novia a comienzos de 1977. “Al poco tiempo estando en Córdoba mi hermana se enteró que lo fueron a buscar los militares al lugar donde vivía que era un hotel y lo llevaron. Nunca más supimos de él hasta que a los pocos meses apareció muerto, con una gran publicidad de los militares”, recordó.

Moro se enteró del operativo fraguado por los represores estando en Villa Regina y tuvo que viajar a Bahía Blanca a reconocer el cuerpo. “Estaba muy deteriorado y tenía por lo menos cinco tiros, uno en la frente y tres en el cuerpo. También en otros lados, era evidente que había estado preso mucho tiempo”. En esa oportunidad fusilaron también “a la novia de César y un chico de 15 años”.

Al tío lo amenazaron cuando reconoció el cuerpo “para que no sea velado sino directamente lo enterráramos sin pasar por la iglesia y que al día siguiente tenía que pasar por Bahía a entregar el certificado de defunción a la Policía Federal”.

Cuando le preguntaron por las consecuencias del secuestro y asesinato de “Braco” en la familia, Moro aseguró llorando que “era el primer hijo de mi hermana (…) tuvo la mala suerte de que a los cuatro años se le murió el padre. Yo le enseñé a caminar. Un familiar tan joven, tan inteligente, tan bueno. Todos los familiares sufrieron, empezando por su madre, mi finada madre, su abuela, mi finado padre, todos, todos, porque era un chico admirable. Él quería progresar, quería trabajar, estudiar… pero no lo dejaron”.

Otros testimonios dieron cuenta en el juicio sobre el secuestro de César y su pareja Zulma Izurieta, su paso por el centro clandestino de detención y torturas cordobés La Perla, sus traslados a nuestra ciudad que culminaron con la puesta en escena de los trágicos actores del V Cuerpo de Ejército.

Según la investigación del fiscal, la noche del 12 de abril de 1977 en La Escuelita Zulma y César fueron adormecidos al igual que María Elena Romero y Gustavo Yotti y al día siguiente los cuatro militantes fueron asesinados y montados para la construcción de un “enfrentamiento” en la Ruta 3 Sur, cerca del paraje conocido como “El Pibe de Oro”.

“Un desatino total”

Luego dieron su testimonio los médicos retirados de la policía Luis Ernesto Vaskovek y Jorge Alberto Zenof que fueron citados por sus intervenciones en la evaluación de los cuerpos de María Angélica Ferrari y Elizabeth Frers, víctimas de nuestra ciudad asesinadas en otro falso enfrentamiento en La Plata.

Ambos profesionales dieron algunos detalles acerca del procedimiento que seguían cuando eran convocados como médicos forenses sin recordar los hechos en juzgamiento.

“Antes del 76 los procedimientos en policía se cumplían en forma reglamentaria. El médico iba al lugar, reconocía la zona y traía. Luego fue una cosa que a veces traían cadáveres, los descargaban y teníamos que hacernos cargo y nadie se responsabilizaba por eso. A veces venía la policía y a veces el Ejercito”, comentó Senoff.

Agregó que “hubo un caso que le tocó a otro muchacho, que trajeron a alguien, que lo bajaron del vehículo y había tres médicos. Uno no lo pudo identificar. A la mañana siguiente aparece un familiar y le dice ‘mataron a fulano’ y era íntimo amigo del médico de guardia que no lo había ido a reconocer. Era un desatino total del cual no teníamos poder para modificarlo”.

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