Alfajores, defensas, condenas y luto

El represor Granada comparte una caja de alfajores Havanna con el abogado Gutiérrez. La deja en el asiento de la primera fila que siempre está desocupada mientras el abogado sentado a la mesa le da la espalda olímpicamente. Un par de minutos después el ex encargado de las acciones sicológicas secretas del Destacamento 181 se asoma a buscar la caja y mira a Condal: ‘Me como otro’.

Es lunes, pasaron quince minutos de espera desde el horario anunciado para el inicio y una semana sin audiencias por los feriados de pascua y los 30 años de Malvinas. Méndez lee con su carpeta al lado. La famosa de los números grandes y negros que dejan a la vista ‘678’. Es el de las granadas. El ‘loco de la guerra’.

Páez inclina su enorme cabeza canosa ante Bayón que departe vehementemente con el defensor oficial Leonardo Brond. Más allá, Contreras no se despega de la revista de crucigramas.

Unos cinco penitenciaros y un par de penitenciarias esperan el arranque mirando de reojo a los imputados, conversando y buscando distraerse con sus celulares.

Los imputados Delme con los directores de la cárcel -Selaya y Miraglia- a los costados y Mansueto Swendsen estiran los cogotes intentando seguir la charla de Fantoni, Taffarel, Condal y Granada con el abogado y militar Gutiérrez que estos días fue condenado por robarse una hoja de un expediente judicial. Ahí constaban los pagos de la clienta que lo denunció según se publicó en las páginas policiales.

Masson se muestra inquieto, pasea y conversa con su abogado defensor. Se sienta y salta de la silla cuando pasa a su lado el particular Hernán Vidal. ‘¿Cómo anda doctor?’. El tipo le da la mano y, panza afuera brazos en jarra, destapa su camisa blanca y la corbata celeste y brillosa frente a su colega oficial Rodríguez.

Cuando Vidal llega a su sitio se despabila el comisario Forchetti que pasa a consultarlo y Tejada queda solo, mirando fijamente algo en el escenario, piernas cruzadas y el pie colgante bamboleándose.

Los de Inteligencia Taffarel y Condal no resisten mucho tiempo más los alfajores de chocolate y dulce de leche y comen intentando que las migas no les caigan en los muslos. Taffarel termina y empieza a doblar el papel metalizado dorado primero en tiras y después en cuadraditos. El otro prefirió abollarlo.

Los gendarmes ocupan la quinta fila de asientos del aula magna universitaria y están separados por cinco asientos o los pasillos. El más embolado suele ser el que queda en la bandeja de la sala detrás de los periodistas. ‘Problema o situación difícil de resolver’, dice un diccionario online para embolado. Todo lo contrario.

El fiscal y su compañera conversan y trabajan en sus notebooks. En la punta de la mesa otro integrante de la Unidad está metido en la suya. La abogada y uno de los abogados de la querella entraron, acomodaron sus cosas y salieron un rato.

¿Alguien conoce al santo que trae Méndez? De arriba se lo ve joven y al aire libre en la estampa. Es como el diez de copas pero con la capa más larga. Puede ser San Expedito. Se dice por ahí que era un militar romano de principios del siglo IV en la época del emperador Diocleciano y se lo conoce como “uno de los abogados de las causas imposibles, junto con Santa Rita y San Judas Tadeo, a quienes también se les suele invocar en estos casos. También ha pasado a ser patrono de las personas que quieren obtener una gracia por una causa perdida, pero la necesitan inmediatamente”. Tiene todos los números.

Páez volvió a su anotador y papel en mano comenzó a dibujar un rostro. Los penitenciarios que lo escoltan desde la cuarta fila se le asoman a la imagen por los hombros del genocida entretenidos.  El oficial del Estado Mayor le pasa el dibujo a un guardia que tiene a dos asientos a la izquierda. Este lo mira hasta que se lo pide devuelta. Los policías son advertidos por uno que se acerca que desde arriba los observan. Uno voltea el cuello y mira. Bayón lo sigue con curiosidad.

‘Muchachos, vayan haciendo lugar…’, dice Vidal a los imputados y palmea la espalda de Gutiérrez. Mientras, ingresan los tres integrantes de la querella. A las 16:51 el ingreso de los jueces pone a todos de pie. El público no llega a una decena de hombres y mujeres.

El diario hablaba de ti

Estaba prevista una videoconferencia con un testigo del secuestro de Mónica Morán que se suspendió por razones de salud. Se iba a pasar a la lectura de la prueba pero antes llegaron algunos planteos.

El abogado defensor particular Hernán Vidal pidió un traslado por 72 horas a Buenos Aires para que el policía de Viedma Vicente Forchetti pueda acompañar la situación de “luto y llanto” que atraviesan su hija y nieta ante el fallecimiento de su yerno el último sábado.

La Fiscalía sostuvo que el imputado cuenta con el derecho a asistir a “exequias o cualquier tipo de procedimiento a partir de la muerte de esta persona” pero cuestionó que pueda asistir  en el período de duelo y propuso que obtenga un permiso especial para recibir visitas en la Unidad 4. Vidal comentó que “hoy lo habrían exhumado” (sic) y el tribunal aprobó un traslado por 48 horas a cargo del servicio penitenciario.

Mauricio Gutiérrez.

El juez Martín Bava preguntó a Vidal si se encargaba de suplir a sus colegas Gutiérrez y De Mira. La abogada querellante Mónica Fernández Avello advirtió que “el domingo salió en el diario que (Gutiérrez) fue condenado por el Juzgado Criminal Nº2 por haber robado hojas de un expediente” y solicitó que los jueces se informen sobre la vigencia de la sentencia. El tribunal prometió resolver la cuestión telefónicamente.

A pedido del fiscal Abel Córdoba el condenado explicó: “Supongo que hablan de una noticia que salió ayer en La Nueva Provincia. Como sabía que la primera actuación que iba a haber en esta audiencia es lo que acaba de suceder, solicité un certificado hoy al tribunal en lo Criminal Nº2 que no llegué a retirar porque no estuvo antes de las dos y dice que la sentencia no está firme y que la van a revisar. Condenas anteriores no tengo, procesamientos no tengo, antecedentes penales no tengo”.

La noticia dice que para los jueces Cantaro, Fortunatti y Montironi quedó acreditado que entre el 31 de octubre de 2000 y el 23 de marzo de 2001 Gutiérrez sustrajo una foja del expediente judicial Nº 100.677 que tramitaba ante el Juzgado en lo Civil y Comercial Nº 2. Lo condenaron por el delito de supresión de documento público y le impusieron “dos años de cárcel en suspenso y un período similar de inhabilitación para desempeñarse como abogado”. Tomaron como agravante “la actividad profesional del imputado” que “pasó de ser el depositario de la confianza de su cliente y auxiliar de la justicia, a la de autor de un injusto penal, además de la extensión del daño causado”.

Finalmente el imputado Jorge Aníbal Masson pidió la palabra y manifestó que “habiendo sido defendido por el Ministerio Público Defensoría Oficial, defensoría que ha sido realizada en forma sobresaliente y agradeciendo la actuación de los abogados, dres. Rodríguez, Castelli y Brond desearía cambiar mi defensa a la defensoría privada en manos de los dres. Vidal y San Emeterio”.

Luego siguió la lectura de la prueba acumulada en la causa. Pasadas las 18 la audiencia se suspendió hasta mañana a las 9 en Colón 80 cuando se esperan testimonios por videoconferencia.

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