“Presumo que no hubo desaparecidos”

Este miércoles el ex jefe del Batallón de Comunicaciones 181 y del Área 511, Jorge Enrique Mansueto Swendsen, amplió sus declaraciones indagatorias desarrolladas en la etapa de instrucción y en el debate oral del juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos en jurisdicción del V Cuerpo de Ejército.

Lo hizo en la etapa previa a los alegatos que comenzarán las querellas una vez que los pocos militares que así lo han anunciado, terminen de utilizar su derecho a defenderse personalmente de las acusaciones escuchadas en las audiencias.

“Presumo que no hubo ningún desaparecido en Bahía Blanca. Si hubo no me enteré. Si me hubiera enterado me hubiera llamado mucho la atención porque el general Catuzzi era una persona muy católica, muy caritativa y no iba a cometer semejante barbaridad”, contestó al fiscal.

El represor que hasta 2008 representó a una empresa portuaria ejerciendo su profesión de abogado con inclinación hacia el derecho marítimo intentó rechazar su responsabilidad en la jefatura del Área de Defensa 511 limitando sus funciones a ordenar un batallón considerado como “la peor unidad del Ejército”.

La fiscalía destacó en la acusación su ubicación funcional en el ámbito de la alegada “lucha antisubversiva” y agregó que la unidad a su cargo se encontraba abocada con sus recursos personales y materiales a la ejecución del plan de represión ilegal y era un lugar de paso hacia La Escuelita en uno u otro sentido.

No me apabulleis

Dijo haberse sentido “apabullado” cuando en su primera declaración supo que otros seis represores lo ubicaban en la jefatura de área y que “hasta yo mismo dudé si podía ser cierto o no porque era tan grande la situación de secreto que podría no haberme enterado”.

En ese sentido, se apartó de los seguidores de la doctrina francesa que inspiró a los torturadores de los campos de concentración argentinos y cuestionó que quienes promovieron la directiva 505 de su fuerza “lo hicieron mediante secreto y dejaron participar a algunos que quizás merecían estar en el secreto pero no estaban capacitados para elaborar una directiva que luego daría origen a todas las órdenes del Ejército”.

Apoyado en organigramas dibujados en afiches explicó que se aplicó el criterio francés para las operaciones de seguridad “con zonas, subzonas y áreas logrando que cada zona tuviera un responsable de todo lo que ocurriera” y para las acciones no convencionales “se seleccionaron elementos diversos de la policía, de otras fuerzas armadas, de especialistas en guerra contra la subversión y fundamentalmente de algunos elementos como los que trajo (desde Tucumán) el general Vilas a este Comando”. Solamente a ellos quiso adjudicar los crímenes por los cuales se lo acusa junto a “tenientes y subtenientes sin tenerse en cuenta lo que pasó”.

“Nadie me dijo que fue torturado”

Los secuestros, las torturas, los nacimientos en cautiverio, el robo de bienes, la persecución a familiares y el calvario vivido en los centros clandestinos de detención y torturas que comenzaron a relatar cientos de testigos hace meses en Bahía Blanca -“cosas que siempre sospeché”- Mansueto comenzó a creerlas cuando declaró “una persona de saber” como el ex legislador Solari Yrigoyen. “Soy responsable por encubrimiento porque debí haberlo denunciado. (…) Sé que estoy condenado, estoy defendiéndome, esperando explicar las cosas para que haya culpables, semi culpables e inocentes”.

Sin embargo, ya en mayo de 1976 le había advertido al general Videla: “‘No debe haber desaparecidos’. Yo conozco Europa y sé que esto va a repugnar a la mayor parte de las naciones. Me dijo ‘se intentó hacerlo legalmente y después se abrieron las puertas y salieron a matar los que habían sido detenidos legalmente por la Cámara Federal en lo Penal de Buenos Aires'”.

“Pero yo viví muchos años en Bahía y ninguna persona me hizo saber que había sido torturada. Eso es muy importante porque el Ejército contó con el apoyo de la población permanentemente y con el silencio de los que habían sido torturados”, dijo sin dignidad.

Respondió que nunca un familiar preguntó por alguien en el Batallón pero sí en alguna ocasión informó “telefónicamente” que tenían que ir al Comando “donde tenían los antecedentes y las listas de los detenidos que yo no poseía”.

Tampoco ningún miembro de la jerarquía católica le preguntó por esas listas de “detenidos”, lo cual le llamó la atención porque “tenía bastante amistad tanto con el obispo Mayer, sobre todo porque iba con él a hablar en alemán y con Ogñenovich porque éramos dos caminadores y muchas veces salíamos a caminar juntos y él venía a visitarme al Batallón a menudo”.

“Usaban mi toilette”

El criminal responsabilizó a su antecesor, Argentino Cipriano Tauber (muerto impune) por haber habilitado dependencias del Batallón para ocuparlas con detenidos ilegales de la subzona y cuando asumió se dirigió al comandante del V Cuerpo para desalojarlos.

“Había hombres de edad mediana o mayores, no vi ninguno afectado por ningún tipo de afección. (…) Había un grupo de mujeres alojadas en el edificio Mayoría donde tenía mi despacho y lamentablemente usaban el toilette del jefe de Batallón, lo cual me resultaba también molesto. Se pasaban todo el día hablando y eso llegaba a mi despacho”, se quejó.

Informó que los pedidos a Azpitarte fueron evacuados el 25 de diciembre de 1976 por una orden firmada por el jefe de gabinete de auditores. “Orden que está presente entre la documentación que el señor fiscal colocó en su requerimiento como también una orden secreta firmada por el coronel De Piano que firma como jefe del área 511, puesto que yo no ocupé”, resaltó.

Más adelante sostuvo que los adolescentes de la ENET -que habían estado en cautiverio en La Escuelita y luego fueron “rescatados” por fuerzas militares- estaban secuestrados “en los calabozos de la unidad”.

“Aprovecharon mi ausencia y la del segundo jefe para introducir nuevamente detenidos en el Batallón. Cuando regreso de licencia el segundo jefe me aclara que al regreso de sus días de permiso por el fallecimiento de la madre lo primero que hizo fue verlo al general Catuzzi y dar una formal protesta. Respuesta de Catuzzi, ‘están a disposición del Poder Ejecutivo y se van en pocos días’. No estaban a disposición del Poder Ejecutivo pero de eso me enteré mucho después”.

Al juez Martín Bava le aseguró que no alcanzó a disponer la libertad de los pibes porque “ya se habían ido cuando llegué” aunque aseguró haberlos visto: “Los vi, sin saber de qué se trataba y le pregunté al segundo jefe ‘¿qué hacen esos soldados de civil en el calabozo?’ y me contó que eran civiles detenidos y que había hecho la protesta ante Catuzzi”.

“ Cuando me vuelvo loco me vuelvo loco”

“Hubo un caso donde tuve participación”, dijo y comentó que se enteró por el diario que dos camiones del Batallón habían secuestrado al matrimonio Maisonave Germani y saqueado su casa. “Salté como un gato, tomé el teléfono, hablé con el general Catuzzi que estaba al mando y le dije que tenía 15 minutos para devolverme al matrimonio y medio día para devolver todo lo que había faltado”.

Cuando el juez Jorge Ferro le preguntó si no es contradictorio que le haya dado órdenes a un general como Catuzzi, el represor respondió: “Porque soy loco doctor. Cuando me vuelvo loco me vuelvo loco”.

Por otra parte, el imputado sostuvo que cuando volvió de una licencia averiguó que La Escuelita “estaba ubicado en proximidades del Comando V Cuerpo de Ejército”  y trató de ir “a ver de qué se trataba y no pude pasar la tranquera porque se trataba de un lugar para personal especializado y yo lo respeté”. Nadie le comentó “para qué se usaba, me decían que había gente presa”.

El juez Triputti le marcó que la “locura” esgrimida para protestar ante su superior por el caso Maisonave Germani chocaba con la mansa aceptación de la orden de un soldado raso que le impidió el paso.

También manifestó tener responsabilidad en el asesinato “accidental” de un chofer que perdió el control de su camión frente a un operativo rutero y fue alcanzado por el fuego de uno de los hombres a su cargo “dominado por el miedo” y “a más de mil metros”.

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