Estado terrorista y violencia sexual

La querella de la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Nación representada por la dra. Mónica Fernández Avello comenzó este martes su alegato en el juicio por crímenes de lesa humanidad contra 17 represores que actuaron bajo las órdenes del V Cuerpo de Ejército.

“Los hechos aquí investigados constituyen una pequeñísima parte de lo que ocurrió pero a su vez es una muestra perfecta de la página más negra de la historia argentina”, aseguró la abogada y destacó que “lo que se decida en estos juicios fijará posiciones ante la historia y formará parte de lo que se le enseñe a las generaciones futuras”.

Luego de exponer las razones por las cuales la Subsecretaría querella en el juicio y reflexionar sobre los procesos de Memoria, Verdad y Justicia que se desarrollan en el país, Fernández Avello comenzó un detallado análisis de las características del plan genocida, los centros clandestinos de detención y las torturas a las que eran sometidas las víctimas.

Sobresalió el capítulo referido a la sistemática violencia sexual ejercida por los captores contra las mujeres y hombres cautivos que aquí intentaremos reflejar dejando en un segundo plano las identidades de las víctimas para priorizar los hechos denunciados y tomar cabal dimensión del accionar de los imputados.

Lo inaguantable

Fernández Avello comenzó citando la frase escrita en una pared de un campo de concentración del Circuito Camps por la bahiense Mónica Santucho -de 14 años- quien rayó ‘Aquí hay que aguantar lo inaguantable’ y agregó que su propósito era “evocar y poner a todas las víctimas acá al frente nuestro”.

Argumentó que Judith Butler entiende que las diferencias de género resultan de una construcción social y cultural jerarquizada ligada a la violencia masculina dentro de la relación, provocando desigualdades en el ejercicio del poder inherentes a las relaciones binarias.

Esto se exacerbó durante la dictadura y “las mujeres fueron afectadas diferencialmente tanto en los centros clandestinos de detención como en las cárceles, en las comisarías, en todos los lugares donde se encontraban a merced de sus secuestradores”.

La querellante también invocó a Pilar Calveiro quien en “Poder y desaparición” define el arquetipo de la mujer politizada según los represores: “Ellos imaginaban que eran personas con una gran liberalidad sexual, que eran malas madres, malas amas de casa, malas esposas y particularmente crueles”.

En cuanto a la burla o la humillación con connotaciones sexuales, aseguró Fernández Avello que “tienen un efecto devastador sobre la víctima porque significa la antesala de la violación” y citó testimonios de mujeres que declararon que eran manoseadas, picaneadas desnudas mientras las amenazaban con violarlas. ‘Fui víctima de tortura psicológica, me manoseaban de manera más que agraviante, me decían que me iban a violar’, dijo una de ellas.

Estado violador

“Cuando esta violencia es perpetrada por agentes del Estado en el marco de su actuación como tales es aún más devastador el efecto en las víctimas pero la Corte Interamericana de Derechos Humanos entendió que tiene un efecto ejemplificador para el resto y así (…) dice: ‘La utilización del poder estatal para violar el derecho de las mujeres en un conflicto interno, además de afectarle a ellas de forma directa puede tener el objetivo de causar un efecto en la sociedad a través de esas violaciones y dar un mensaje o lección'”.

Mencionó lo dicho por una joven secuestrada en Neuquén respecto a la violación padecida por su hermana y por la chica en la cama de al lado a la que luego “le pedían perdón, le decían ‘perdonános, te violamos por error, creíamos que eras una erpiana de mierda”.

Para la querellante son varios los factores que contribuyen al “mutismo casi absoluto de las víctimas para denunciar este delito”. Por ejemplo, la culpa, la humillación o la vergüenza. “Pero creo que ese silencio tiene un factor que lo nutre y radica en las responsabilidades desde el Estado de investigar y juzgar este tipo de delitos. La indiferencia para investigar este tipo de delitos que por su magnitud y por su crueldad, sabemos que han sido masivos, es lo que también lleva a la víctima a no denunciar”.

En ese sentido, la Corte Interamericana de Derechos Humanos dice que “el Estado que reproduce la violencia que se pretende atacar”, además de discriminar en el acceso a la justicia, a través de la impunidad de estos delitos “envía el mensaje de que la violencia contra la mujer es tolerada, lo que favorece su perpetración y la aceptación social del fenómeno; el sentimiento y la sensación de inseguridad en las mujeres; así como una persistente desconfianza de estas en el sistema de administración de justicia”.

Cuerpos suspendidos

La querellante también afirmó que la desnudez obligada ante los captores constituye la violación de la privacidad sexual de las personas y destacó los padecimientos derivados de la falta de higiene -“las víctimas eran bañadas generalmente cuando se disponía finalmente su liberación o muerte”-, la imposibilidad de ir al baño o la mala alimentación.

“Esto provocaba una sensación de incomodidad, de trato inhumano o degradante. Al respecto quiero recordar el testimonio de la testigo M. que comenta que se les obligaba a hacer sus necesidades en público ante la burla de los perpetradores”, dijo.

Un problema adicional que sufrieron las mujeres en La Escuelita y otros campos de exterminio fue la menstruación. Para Fernández Avello resultó llamativo que muchas tuvieron amenorrea. “Uno puede pensar que esto se puede deber a las condiciones de cautiverio extremas, al stress que tenían o a la falta de una alimentación adecuada, pero también podemos pensar que estas mujeres que eran sometidas a violaciones y violencia sexual decidieron suspender su funcionamiento hormonal”.

“En este aspecto es bastante visual lo que declaró la testigo A. que dice: ‘Siempre nos decían por qué no teníamos nuestro período. Y a mí me parece que es una situación que se llama amenorrea de guerra. Se da con las mujeres durante el holocausto, durante las guerras. Y entonces nos decían que antes de trasladarnos a la cárcel nos iban a dar una inyección para regularizar nuestro período'”, relató.

¿El honor de quién?

La abogada revisó la legislación de la época que calificaba a los crímenes de violencia sexual dentro del Código Penal como delitos contra la honestidad donde se condenaba la violación y el estupro con sus agravantes y también la corrupción y otros ultrajes al pudor.

“Claramente el honor protegido era el de la familia, o lo que es lo mismo decir, el dueño de esa familia. El honor protegido era el del cónyuge o el del padre. Posteriormente esos delitos pasaron a llamarse delitos contra la integridad sexual donde se puso -con esta revolución semiótica- en un primer plano a las mujeres, a su integridad y su autonomía como bien jurídico tutelado”, explicó.

Opinó que el presupuesto anterior todavía sigue vigente y advirtió que en el contexto en que fueron cometidos los crímenes juzgados, “forman parte de los delitos de lesa humanidad pero lamentablemente no fueron requeridos en este juicio, lo cual no significa que no hayan existido, que no haya habido abusos sexuales y violaciones”.

El primer precedente en el país que considera a la violación como un delito autónomo contra la humanidad lo sentó el tribunal oral de Mar del Plata en la condena contra el represor Gregorio Molina hace dos años.

Violadores del V Cuerpo

Para finalizar la descripción de la violencia sexual ejercida por los miembros del Ejército Argentino y sus subordinados contra las personas secuestradas y mantenidas cautivas en los centros clandestinos del V Cuerpo bahiense, Fernández Avello sistematizó y expuso las siguientes declaraciones:

“Los abusos sexuales eran permanentes, estábamos ahí a disposición de los guardias y de quién fuera para todo tipo de abusos sexuales. M.R. me cuenta que ese guardia Pato le había dicho que le podía traer a B. para que tuvieran relaciones. Yo le decía ‘y bueno, así por lo menos estás con él, estás cerca un momento’. El guardia que llamaban Bruja y al que llamaban Loro, -que ella cree que eran dos muchachos muy jóvenes entre 18 y 20 años y qué perversos ¿no?- dice que se divertían mucho con todo. ¿Se entiende lo que estoy diciendo? Hacían tener relaciones sexuales a una pareja que era torturada delante de ellos”.

“Un día dice que se les ocurrió bañarlos a los compañeros varones con una manguera, dice que hacía frío, después los vistieron con vestidos y con camisones -aclaro, vestidos y camisones que robaban, saqueaban de las casas que secuestraban porque no les dejaban ni los clavos-. Y que les decían que no había ropa de hombres, entonces los vistieron de mujeres”.

“Comenta otra, el famoso trencito cuando los llevaban al baño, dice, los manoseos a las mujeres, los abusos, cuchillo en el cuello para que bese a un guardia; revólver en la boca para asustarme o no sé qué”.

“Refirió que una mujer lloraba continuamente (…) Los guardias se referían a ella diciendo ‘esta guacha se resiste a acabar’, en clara alusión a que era violada”.

“La testigo Ma. declaró que hubo violaciones en la Federal, no voy a dar nombres. La testigo M. relata escuchar a un represor dirigiéndose a una de las chicas que por supuesto no pudo identificar y le dice el represor ‘Che, nena ¿a vos te vino? Porque éste sí que va a ser hijo de padre desconocido porque ni la jeta me viste'”.

“La testigo D. declaró que cuando fueron detenidos en la Base Baterías les piden que se saquen la ropa, al negarse ella recibe cachetazos y después, al desnudarse la manosearon. La testigo N. que declaró que Da. había sido violada. S. que declaró que en la U4 le hicieron requisa, un tacto vaginal y que era el médico. Asimismo declaró que durante su cautiverio eran manoseadas”.

“El testigo víctima C. que relató que recibía comentarios de índole sexual, no acciones directas, y por ejemplo él relata que de los guardias que identifica como Chamamé, Loro, que le decían a una compañera ‘Aquí tenés una salchicha. ¿Te gusta la salchicha? Tomá, probála, mirá’. Él dice que no sabe a quién se dirigía porque estaba vendado y si esto tenía alguna correlación con la realidad o si esto era un juego. Qué juego señores ahí adentro!”.

“El testigo J. fue secuestrado con una chica que estaban repartiendo volantes y declaró lo siguiente: ‘Traen a esta chica que gritaba que no la toquen, que no la lastimen. Cruciani le dice ‘Tengo treinta monos que no salen hace treinta días, te van a coger a la nena’. S. le dijo que no la toque y Cruciani le respondió ‘yo no soy un degenerado hijo de puta’. Qué equivocado estaba Cruciani ¿no?”.

“La testigo víctima P. que ante la pregunta de si sintió si había mujeres que eran víctimas de violencia sexual respondió que sí y luego que ella misma fue víctima de violación”.

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3 thoughts on “Estado terrorista y violencia sexual

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