Massot, milicos y un infierno dantesco

“Estamos juzgando a los integrantes de las instituciones públicas fundantes de esta ciudad”, dijo el fiscal Abel Córdoba durante la introducción de su alegato en el juicio contra 17 represores del Comando V Cuerpo, recordando la llegada del Ejército Argentino a esta geografía en el marco de la ofensiva militar que perpetró el genocidio de los pueblos originarios.

Siguiendo la línea represiva destacó que “establecieron el control social durante toda su historia igual que el resto de las fuerzas armadas. El golpe de Estado del 55 salió de esta ciudad. Pero llegaron a convertirse, en la época de estos hechos, en el ejército de ocupación de su propio territorio a partir de la aplicación de la doctrina francesa. Y lo más grave, pasaron a la clandestinidad a instituciones públicas para cometer desde esa clandestinidad los crímenes más atroces” utilizando como instrumento el terror.

Y para eso contaron y cuentan con la familia Massot y su diario La Nueva Provincia, que ya en 1973 instaba a los criminales de uniforme a actuar “sin contemplaciones ni concesiones”, construyendo desde su “usina ideológica” la ficción de “un clima de guerra interna”. “Estos acusados siguen ejerciendo la tortura, siguen con el poder que les queda accionando contra las víctimas, contra sus familiares. Siguen callando la información que tienen acerca de qué hicieron con los desaparecidos”, afirmó Córdoba.

Abel Córdoba estuvo acompañado por su par Horacio Azzolin y el equipo de la Fiscalía que supo estar a cargo del dr. Hugo Cañón –sentado entre el público unas filas más atrás – y comenzó su alegato citando una edición de La Nueva Provincia de semanas antes de la asunción del ganador de las elecciones de 1973, Héctor Cámpora, donde el diario preguntaba: “¿Qué esperan nuestros hombres de armas para reconocer que la Argentina vive un clima de guerra interna y para proceder en consecuencia sin contemplaciones ni concesiones?”.

“Tiempo después, el 24 de marzo de 1976, el diario de los Massot tituló: ‘Llegó el momento’. Entonces, les indicó a estos ejecutores el modo en que tenían que proceder: ‘Nada de rodeos, ha llegado el momento de abandonar el profesionalismo aséptico y establecer la primera distinción fundamental en una política revolucionaria, distinguir el amigo del enemigo y a la violencia destructora y asesina hay que responderle con una violencia ordenadora”, leyó el fiscal.

Con esto demostraba la planificación y el carácter sistemático de la represión “reglamentada años antes de su propia ejecución y que fue intencionalmente dirigida hacia algunas personas – militantes políticos básicamente- a partir del cerco que sobre ellos establecía la actividad de inteligencia”. El mismo día La Nueva Provincia señalaba a quiénes debía ejecutarse con un libreto casi idéntico al plan del Ejército: “Al aparato subversivo, al sacerdocio tercermundista, a la corrupción sindical, a los partidos políticos…”.

Pretendía además el diario de los Massot que a sus enemigos se los destruya “allí donde se encuentren sabiendo que sobre la sangre redentora debe alzarse una segunda república”.

La lógica sacrificial

El fiscal subrayó la “necesidad de matar” establecida por la empresa periodística y las fuerzas armadas bajo la lógica de que cualquier fundación iba a ser sobre la muerte de sus enemigos. “Esa lógica sacrificial es propia del mesianismo que los hacía sentir intérpretes incluso de un plan divino. Es conocida la frase de Vilas y otros ideólogos de la represión que hablan de que oponente o enemigo será todo aquel que se oponga al plan de dios en la tierra”.

Civiles y militares “refundadores”, actuando como “reserva moral de la patria”, llevaron las instituciones públicas a la clandestinidad para concretar el genocidio. Para ello instrumentaron el terror sobre los cuerpos de sus víctimas y por su intermedio, a la sociedad.

“No usaron solamente la propaganda o complotaron con las agencias discursivas. Mataron. El instrumento de terror de estos acusados fue la muerte. La eliminación. Para aterrorizar mataron, desaparecieron y fusilaron. Se apropiaron de los hijos de los enemigos, llegaron a eso. Las conductas que han cometido en ese rol clandestino y criminal están entre las más graves conductas que se puedan concebir. Arrancaron identidades, referencias, vínculos. Dejaron a padres sin los hijos -se los arrancaron- lo mismo a hijos sin los padres”, dijo al tribunal.

De esa manera las fuerzas armadas no sólo desaparecieron a sus víctimas sino también a los propios ejecutores de los crímenes. Pero la clandestinidad no convencía a La Nueva Provincia que creía que ese “esconderse en la impunidad del anonimato” era para “cagones”.

Aseguró Córdoba que “el 6 de julio del 76 el país era ya un gran campo de concentración y -mientras los comunicados del V Cuerpo se difundían en las páginas de La Nueva Provincia con las versiones de falsos enfrentamientos con cautivos en el centro clandestino- les pedía a las fuerzas armadas ‘abandonar la absurda y forzada mentalidad legalistas, realicen juicios sumarios y apliquen la pena de muerte dictada por autoridades militares'”.

“Esta exigencia de uno de los poderes institucionalizados de la ciudad fue traducida por un marino amigo de la casa como Adolfo Scilingo que tenía trato con Federico Massot -por entonces asistente de dirección del diario. Contó lo que decía Federico Massot al respecto: ‘Son unos cagones, tenemos generales, almirantes y brigadieres de papel. No quieren fusilar, no quieren muertos, no quieren problemas con la iglesia. Combaten la subversión sin firmar las sentencias de los muertos. Eso les traerá problemas futuros’, les advertía el diario de los Massot a los militares”.

“El problema futuro que le preocupaba a Massot en plena dictadura no es otro que la actuación de esta justicia que 35 años después estamos tratando de hacer realidad”. Por eso el juicio si bien no va revertir los hechos, para el fiscal debe terminar con la impunidad que gozaron los imputados. La decisión judicial está en manos de los magistrados.

Un infierno silencioso

“Si algún círculo le faltaba al infierno dantesco estas personas lo completaron. Lo crearon, lo panificaron y ejecutaron. Es así como tenemos todavía miles de ciudadanos argentinos que siguen viviendo con las secuelas de esos hechos”, relató Córdoba.

Luego adelantó las conclusiones de su alegato que considera probados los 94 hechos en juicio y la responsabilidad criminal de cada uno de los imputados. El tribunal deberá tomar una decisión sobre 31 secuestros, tormentos y cautiverios en centros clandestinos de detención; 21 secuestros, tormentos y cautiverio en centro clandestino y luego en cárceles; dos abandonos de personas; dos nacimientos en cautiverio y luego apropiación; doce desapariciones; cuatro fusilamientos sin cautiverio previo; y 22 homicidios tras cautiverio.

Repasó ausencias entre los acusados como la del prófugo Miguel Ángel García Moreno o aquellas permitidas por la impunidad biológica: desde los torturadores como Corres – ese “miserable” al que la maquinaria de terror le permitió hacer tanto daño- o Cruciani; pasando por el jefe del grupo de tareas Emilio Ibarra; el juez genocida Guillermo Madueño; los diabólicos obispos Emilio Ogneñovich y Jorge Mayer; el enlace entre el campo de concentración y la cárcel Leonardo Nuñez o el médico Jorge Streich; hasta los máximos jerarcas del Comando V Cuerpo de Ejército como Argentino Tauber, Abel Catuzzi, Osvaldo Azpitarte o el sangriento Adel Vilas que pedía a gritos cadáveres y quería “limpiar” la universidad de la infiltración marxista.

Córdoba explicó que estamos ante “el juzgamiento de un poder dictatorial parcial porque el resto seguramente depende del silencio de estos acusados que fueron, como les reclamaba La Nueva Provincia, implacables con sus víctimas y también lo siguen siendo sobre sus familiares”.

“Les queda el poder de la información y ese poder residual que tienen para siempre lo siguen ejerciendo contra las víctimas. No hay ninguna manifestación de dolor que los haya llevado a reflexionar acerca de la posibilidad de establecer alguna vía de cese del dolor y de dejar de torturar a los ciudadanos. Algunos de los padres de desaparecidos tienen la misma edad que ellos, se sabe que estadísticamente no queda mucho de vida y aún así lo siguen haciendo”, reflexionó.

Por eso los exhortó sin esperanzas a que brinden la información y contrastó el silencio de los criminales con el esfuerzo de los familiares y sobrevivientes que exigieron sus memorias para colaborar con la justicia con la ilusión de conocer un dato más.

“Hay padres que llegaron acá como pudieron. Aceptaron sentarse cerca de ellos. Todo un gesto de pacifismo, de civilización, de educación. Es decir, a los más de 80 años venir y sentarse a un metro de ellos, volver a contar. Y descarto que muchos de esos padres, por ejemplo Elmo Peralta, han pensado que estas personas han visto por última vez a sus hijos. Han sido ellos quienes por última vez los vieron, quizás debajo de sus botas o cargados en el baúl de alguno de sus autos”.

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4 thoughts on “Massot, milicos y un infierno dantesco

  1. ¡Impecable e implacable esta fiscalía! Enfatizar desde el comienzo el papel que jugaron en el genocidio la familia Massot y el diario La Nueva Provincia nunca será exagerado: ellos, junto con miembros de la corporación judicial de Bahía Blanca, como el juez Guillermo Madueño y sus secuaces; de la Iglesia representada por Mayer (vergonzosamente declarado “personaje ilustre” de la ciudad por el intendente con licencia) y Ogneñovich, a quienes el epíteto de “diabólicos” les ajusta de maravilla, y de los empresarios que lucraron con la sangre derramada, ellos, repito, constituyen la auténtica cara del llamado Proceso de Reorganización Nacional, eufemismo tras el que la dictadura cívico-militar ocultó, y trata de seguir ocultando, los horribles crímenes cometidos. Los ahora juzgados no fueron más que el brazo ejecutor de los designios de esos sectores de la sociedad civil, y si, como decía Federico Massot, el futuro les traería “problemas”, seguramente no estaba pensando sólo en los uniformados sino en ellos mismos. Los uniformados, más allá del dictamen de este tribunal, están ya condenados. ¿Para cuándo los civiles instigadores del genocidio?

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  2. la verdad q el Dr Cordoba , un ejemplo a seguir , estoy siguiendo el cas por ser familiar de un desaparecido y cada vez q puedo lo voy siguiendo por este medio , no tengo palabras para agradecer al Dr , y a la pagina , q Dios los siga iluminando , y los angeles lo acompañe en todo momento , GRACIAS , MIL GRACIAS .!!!!!!!!!! LA JUSTICIA LLEGO EN LA TIERRA POR AHORA .

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