Disipando las sombras

(Por Guillermo Quartucci*) Las palabras no son suficientes para hablar de este acontecimiento único en la historia de la Bahía Blanca de las últimas décadas. ¿Qué decir ante este acto de democracia ejemplar, este monumental ejercicio de civismo, de compromiso, de justicia y, sobre todo, de rescate de la memoria, esa memoria que tantos niegan y sin la cual el futuro de la sociedad argentina se vería seriamente comprometido?

Este juicio, que marcará una época y la sensibilidad de una sociedad bastante renuente a este tipo de ejercicios de auténtica democracia, como es la bahiense, esta transitando ilusiones truncadas y momentáneos reveses en el marco de una democracia imperfecta que empieza a caminar sin necesidad de muletas. Ahora la meta está ahí nomás, ante nuestros ojos: todos esperamos ansiosos la bajada de bandera que señale al triunfador, en este caso el “colectivo” derechos humanos, los familiares de los compañeros y compañeras torturados, asesinados o desaparecidos, los medios de comunicación que han acompañado esta larga etapa de más de doce meses de la carrera que está por finalizar, y el entusaismo de un puñado de bahienses. 

Yo comento entre mis amigos mexicanos interesados en el tema, los que saben de mi proveniencia de Bahía Blanca y de la existencia de este juicio ejemplar, que lo mejor de la sociedad bahiense hay que buscarlo en el recinto de Colón 80 de la querida Universidad del Sur donde se desarrolla el juicio: empezando por la implacable e impecable fiscalía que encabeza Abel Córdoba y la lúcida labor de las querellas (Mirta Mántaras, Mónica Fernández Avello, Diego Czerniecki y Walter Larrea), casi todos ellos sin haber vivido en carne propia los años del horror en razón de su juventud; y siguiendo por las organizaciones de derechos humanos que no faltaron un día a la cita con la justicia de la democracia, de esas Madres y esos Hijos, sobre todo, que tuvieron que revivir una vez más el dolor de sus historias; de las víctimas y testigos, que con sus testimonios no dejaron lugar a dudas de quiénes fueron los verdaderos responsables del siniestro plan sistemático de terrorismo de Estado instrumentado por la dictadura.

Mención aparte se merece la Comisión de Apoyo a los Juicios, sin cuyo maravilloso portal muy diferentes habrían sido las cosas, ante el silencio infame de medios como La Nueva Provincia que nos retacearon lo que justifica su razón de ser como periodismo: la recta final, después de tres décadas de marchas y contramarchas, de en el que viajan las inclaudicables organizaciones de información. Sé de muchos bahienses, tanto de los que viven en la ciudad, como de los de la diáspora, que gracias al portal de la Comisión y a la infatigable labor de jóvenes periodistas como Mauro Llaneza y Gabriel Cena, pudimos vivir día a día, semana a semana, mes a mes, las alternativas del juicio, sin perder detalle. ¿Y qué decir del programa de los viernes de FM de la Calle, que a lo largo de más de medio centenar de emisiones nos puso en contacto con el vasto tapiz tejido por la pluralidad de voces que participaron en este acontecimiento irrepetible y cuyo reclamo unánime fue “justicia sin venganza”? El Juicio desde la Calle se transformó en un hábito y a partir del momento en que el “colectivo” llegue a la meta, lo vamos a extrañar. Sí, lo mejor de la sociedad bahiense se movilizó alrededor de este juicio, poniendo en evidencia que la bahía gris tiene sus espacios luminosos, incipientes todavía, pero que sin duda van a ampliarse después de que conozcamos el veredicto, en unos momentos.

Los que hemos depositado toda nuestra confianza en la fiscalía y en las querellas, apostamos con firmeza a que el tribunal actúe con responsabilidad, como seguramente lo hará.

Sin embargo, hay aspectos del juicio que deberían ser un llamado a la reflexión. Muy sintomática fue la presencia, entre los abogados de las defensas que representan a los genocidas, de dos letrados provenientes de Capital, que tienen un nutrido historial de participación, a lo largo y ancho del país, en juicios de esta naturaleza y en el mismo papel de defensores de lo indefendible. Me refiero a Hernán Guillermo Vidal y a Eduardo Sinforiano San Emeterio, quienes, conocedores de la sentencia que espera a sus defendidos, sigan bregando en una lucha que no pueden ignorar de antemano perdida ante el contundente ejercicio de memoria y verdad realizado en el juicio, a menos que su estrategia apunte a una anhelada ruptura cercana del orden institucional que les permita volver a ejercer posiciones dominantes en una estructura política autoritaria de derecha como la que ellos representan. A no perderlos de vista, como tampoco perder de vista a Mauricio Gutiérrez, aspirante a ocupar el mismo lugar que sus dos colegas de Capital.

Pero desde ya les decimos ¡no pasarán! La Argentina a la que estos leguleyos aspiran es cosa del pasado, así como, según lo ha demostrado el Juicio V Cuerpo, la Bahía de La Nueva Provincia, de la iglesia retrógrada, de los uniformes y las botas, de la justicia al servicio de la corporación local, también empieza a ser cosa del pasado.

¡Sin duda, el veredicto de esta tarde constituirá el anuncio de que ese mañana luminoso que disipe las sombras de la Bahía gris comienza a vislumbrarse!

Ciudad de México, 12 de septiembre de 2012.

*Texto leído durante la transmisión especial de El Juicio desde la Calle en la previa a la sentencia.

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