Mi relación con un genocida

(Por Santiago Gómez*) Recibí con mucha alegría la condena a prisión perpetua a Hugo Jorge Delmé, coronel retirado del ejercito, en el juicio a represores de Bahía Blanca, por los crímenes que cometió “en el marco del genocidio sufrido en nuestro país durante la última dictadura cívico-militar”, como señaló el tribunal que lo juzgó. Cada condena a un genocida la celebro, pero esta tiene un agregado personal: no sólo que de niño lo quise a Delmé, sino el por qué lo quise.

Disfrutaba mucho estar en su casa, vive en Murillo 1121 10º G, esquina Juan B Justo, donde viví hasta los veinte años en el departamento F, la puerta de al lado. El primer contacto que tuve con él fue a los tres años, apenas nos mudamos a ese edificio, en agosto del ´83. Un día llegamos y  nos encontramos con que nos habían tirado la puerta abajo. Delmé se acercó a mi padre y le dijo “se equivocaron de puerta”. Cuando mi padre me contó esta anécdota, ya separado de mi madre, así que tendría once o doce años, entendí que en ese acto él vino a disculparse, que había sido para él. Para él, el padre de Diego, mi amiguito, de mi vecino, con el que nos pasábamos el día jugando con avioncitos de guerra y siento tanto asco de haber tocado esos avioncitos, aviones de las fuerzas armadas. De las misas fuerzas armadas de las que Delmé me regaló las insignias que llevé en mi gorra. De niño andaba con el pelo rapado y a los ocho años, por el invierno, mi padre me compró una gorra negra, como la de los marineros, de pana y visera corta, “como la que usaban los Beatles” me dijo cuando me la regaló, “como la que usaba Lenin” me dijo años después. El problema es que mi padre, ex militante del Partido Comunista, me dijo “andá a pedirle a Delmé que te de unos escuditos que se los pongo a la gorra, te van a quedar buenísimos”. Y fui. Y se los puso. A mí, que jugaba a los soldaditos, que jugaba con pistolas y ametralladoras, la idea me entusiasmo y se me endurece el cuerpo de saber que llevé sobre mi cuerpo insignias del uniforme de Delmé, aunque algunas fueron de sus hijos que ya eran parte del ejército, del que aún son.

Hace dos años me enteré quién era Hugo Jorge Delmé conversando con la ex pareja de mi madre, Pedro. Lo nombro, porque él también fue vecino de Delmé, pero no actuó como mi padre, no es un cobarde. Él también dejaba que su hija jugara con la hija de Delmé, pero el día que Delmé le fue a golpear la puerta, por lo que su hija le había dicho a la de él sobre los militares, Pedro le contestó “es cierto, tu hija no tiene la culpa, pero en mi casa de los tipos como vos pensamos eso” y se la cerró en la cara. Eso me lo contó hace dos años, cuando en una cena le conté emocionado que había estado conversando con Hugo Cañón y me contestó “el que metió preso a Delmé” y me paralicé. Sentí asco, ganas de llorar, como las que me produce escribir esto, porque me acordé por qué disfrutaba tanto ir a lo de Delmé, por qué lo quise, por qué me divertía tanto con él: porque me hacía jugar a que desaparecía. Iba a jugar a su casa con su hijo, me decía que él tenía el poder de hacerme desaparecer, tenía edad para creerlo, hacía un movimiento, que para mí era un pase de magia, y todos los presentes hacían como que yo no estaba. “¿Y Santiago dónde está? Desapareció Santiago” y todos se reían. El juego era divertido hasta que me angustiaba, porque creía en serio que no me veían y ahí frenaban. Digo frenaban porque estaban,  también sus hijos mayores que ya eran parte de las fuerzas armadas. Me parecía fascinante, como a todo niño le provoca fascinación el juego de aparecer y desaparecer. Pero el que me hacía jugar a eso, al que quise porque me hacía divertir mucho con ese juego, porque no sabía quién era, realmente tenía el poder de hacer desaparecer y lo hizo. Así que hijo de puta, espero que no desaparezcas de este mundo por mucho tiempo y espero sufras, realmente lo espero, porque sufro cada vez que me acuerdo de esto, de haber pasado buenos momentos con un genocida.

*Publicado originalmente en: http://hamartia.com.ar/2012/09/14/mi-relacion-con-un-genocida/

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