Última audiencia de agosto

julio mussi webJulio Mussi fue secuestrado el 22 de marzo de 1977 en Comodoro Rivadavia y trasladado junto a otras 17 personas al V Cuerpo del Ejército de Bahía Blanca. Acusado de facilitar vehículos para la “subversión”, en un vagón de ferrocarril abandonado al que los captores llamaban “el avión de madera” fue torturado por días hasta que enfrentó a policías y militares que lo asesinaron y desaparecieron.

Hoy declararon en el juicio contra siete represores del Ejército Argentino su hijo Alejandro y su hermana Mónica. Además, el tribunal oral escuchó los testimonios de Norma Romero -hermana de las militantes desaparecidas María Elena y Graciela- y Miguel Ángel Pérez, cautivo en La Escuelita junto a dos mujeres embarazadas. Próximas audiencias en Colón 80: desde las 14 el lunes 2 de septiembre y desde las 9 los días 3, 10, 11, 25 y 26 del mismo mes.

Alejandro Mussi tenía seis años cuando esperaba que su padre lo pase a buscar por el campo donde estaba para comenzar en pocos días la escuela en Comodoro Rivadavia. Era marzo de 1976 y Julio nunca apareció.

Contó en el debate que finalmente concurrió a la escuela del campo donde sintió la discriminación porque “al ser hijo de desaparecido te miraban con cara rara, como que algo habíamos hecho y yo no tenía ni idea”.

Destacó la figura de su abuela que buscó a Julio por todos lados sin poder conocer la verdad y recordó su sufrimiento. “Mientras  estaban todos mis primos -porque mi tía se iba a recorrer todas partes de la Argentina donde podía estar-, nosotros nos quedábamos juntos y jugábamos, nos divertíamos con alegría. Cuando fuimos más grandes empezamos a entender cómo era la cosa. Era muy difícil”.

“Cuando volvemos del campo con mi mamá me fui a vivir un tiempo con sus padres. Mi abuelo, como tenía miedo que lo vayan a buscar por tenerme a mí, me encerraba y me pegaba. Cuando me cansé de eso le conté a mi abuela por parte de mi papá y me fui a vivir con ella. Tengo una parte de mi familia anegada y no los reconozco. Mi familia son mis tres tías y los hijos. Mi abuela hasta último momento miraba por la ventana. Yo cuando era más chico le decía que era una vieja chusma y de grande me di cuenta que miraba por la ventana esperando a mi viejo que le había prometido que iba a volver”, afirmó.

Nunca más pasaron una navidad en familia, ni Alejandro pudo tener un día del padre ni del niño porque “como no lo viví para mí es un día normal”. Más grande hizo el servicio militar y siempre se sintió observado: un general fallecido lo trataba de “zurdito”.

“Traté de hacer lo que pude, perdí laburos por decir que era hijo de desaparecido. Antes del servicio militar trabajaba en YPF, cuando salí perdí el trabajo por eso. Después andaba rebotando por todos lados y cuando me decían ‘¿tu papá vive?’, decía que era desaparecido y nada, no me llamaban”, comentó.

Empezó a decir que su padre estaba muerto y encontró trabajo: “Ahora estoy de guardaparque en la cordillera”.

Mónica Mussi es la hermana menor de Julio y tía de Alejandro. Cuando sucedió el secuestro tenía once años y esperaba el colectivo con su mamá Mercedes para ir al colegio. “Vimos camiones militares y gente armada, habían tirado un colchón afuera de la casa, estaban buscando algo. En ese momento mi hermano Julio sale y nos dice ‘Avísenle a mis hermanas que me llevan’. Esa fue la última vez que vimos a mi hermano”, testimonió este miércoles.

Sus hermanas le contaron que, por lo que averiguaron, a Julio los militares se lo llevaron al Regimiento 11 y luego lo trasladaron a Bahía Blanca en avión. Se enteró por el primer juicio bahiense por medio del testimonio de Horacio Quiroga que lo habían asesinado porque le pegó a sus torturadores. “En el diario Crónica recuerdo que salió que fueron liberados pero mi hermano no volvió”.

Mónica dijo al fiscal José Nebbia que la desaparición de Julio cambió su vida: “Yo no es la misma vida que uno puede llevar, es como que no sabes más nada de golpe. Mi mamá falleció esperando a mi hermano con cáncer. A mi hermana también le agarró cáncer. Yo digo que quizás el día de mañana encontraremos a mi hermano por el estudio de ADN”.

Panzonas

Norma Ester Romero brindó su testimonio acerca de los secuestros de sus hermanas Graciela y María Elena, militantes del Partido Revolucionario de los Trabajadores y Montoneros respectivamente.

“Yo vivía en Bahía Blanca en el ’77. En enero había visto a María Elena, nos veíamos de vez en cuando, nos reuníamos en mi casa. El 27 de febrero vino la esposa de Metz a decirme que habían allanado su casa y que se habían llevado pertenencias de María Elena”, relató.

Dijo que el 12 de abril del ’77 nos enteramos por los medios de comunicación, por la radio, que había habido un supuesto enfrentamiento y habían muerto cuatro personas. El 13 se dio a conocer el nombre de las cuatro personas y entre ellas estaba María Elena Romero”.

Graciela vivía en Neuquén con su esposo Raúl Metz y su hija Adriana. “Allí fue secuestrada el 19 de diciembre de 1976 con un embarazo de seis meses, me enteré porque me avisó mi hermana María Elena”.

Norma comentó finalmente que en 1979 el suegro de Graciela recibió una carta de Alicia Partnoy, exiliada en Estados Unidos. Les contaba que había compartido cautiverio en el centro clandestino de detención y torturas La Escuelita “junto con Graciela y también había visto a María Elena, luego pudo salir del país. Ese es el testimonio. Sabíamos que nació un varón el 17 o 18 de abril, que Graciela no tuvo asistencia médica, que la atendió un guardia en una casilla en el patio de La Escuelita”.

Antes, Miguel Ángel Pérez había declarado que durante los últimos días de los 45 que pasó en La Escuelita “hubo un llanto de bebé y los guardias hablaban de panzonas, creo que una chica había tenido familia”.

Además del caso de la apropiación del hijo de Graciela Romero en el juicio se investigan responsabilidades sobre lo sucedido con el bebé de María Graciela Izurieta, militante de la JUP embarazada de siete semanas al ser secuestrada junto a su pareja Ricardo Garralda el 23 de julio de 1976. En diciembre de ese año Izurieta escribió “de contrabando” a sus padres sobre el sufrimiento padecido y les informa que llevaba seis meses y medio de embarazo con la esperanza de verlos en la cárcel de Villa Floresta. Madre e hijo continúan desaparecidos.

“Me pareció que había dos mujeres aparentemente embarazadas. No sé si las dos, pero ese comentario de panzonas y que decididamente los guardias tenían un trato mucho más cordial que me extrañó ante tanta crudeza…”, insistió Pérez.

Tarde piaste

El defensor particular Mauricio Gutiérrez pidió que el fiscal ad hoc José Nebbia sea apartado del juicio o acompañado por un representante del Ministerio Público que tenga acuerdo del Senado y las normativas que -a su entender- exige un reciente fallo de la Corte Suprema.

La solicitud fue rechazada por el propio Nebbia, la querella e incluso por la defensa oficial que entendió que la designación de los fiscales “hace a las potestades reglamentarias internas del Ministerio Público”. Tras un cuarto intermedio, el tribunal descartó el planteo por extemporáneo y advirtió igualmente que la Corte declaró inválida la actuación de subrogantes sólo ante sí misma, sin alcanzar instancias judiciales inferiores.

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