A 37 años de Catriel

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Los jueces Ferro y Hergott en la inspección a Catriel 321 (Agosto 2012).

Entre las últimas horas del 4 de septiembre de 1976 y las primeras del 5 de septiembre, en Catriel 321 de Bahía Blanca, personal del V Cuerpo de Ejército -entre los que se encontraban los integrantes de la “Agrupación Tropas”- bajo la apariencia de un enfrentamiento, fusilaron a Zulma Matzkin, Pablo Fornasari, Juan Carlos Castillo y Manuel Mario Tarchitzky. El hecho es recordado como la “Masacre de calle Catriel” y la Plaza 4 de Septiembre homenajea a las víctimas.

“Los militares que llevaron adelante la represión de los años 70 lo hicieron apelando la defensa de un estilo de vida, y como señaló Videla, “es por defender esa condición como estilo de vida que se planteó esta lucha contra quienes no aceptaron ese sistema de vida y quisieron imponer otro distinto”.

Mediante la apelación a aquellas lealtades superiores también se logra otra técnica de neutralización que es la negación de la responsabilidad de los perpetradores de la masacre, quienes se colocan en el lugar de víctimas, al mismo tiempo que atribuyen al chivo expiatorio haber generado la necesidad de su propio aniquilamiento.

Esta propaganda oficial de los crímenes que se le atribuye al chivo expiatorio y el ocultamiento del actuar criminal de los perpetradores queda ilustrado en la presente causa, por ejemplo, en el caso conocido como la “Masacre de la Calle Catriel” en donde, como se verá al momento de tratar la materialidad de los hechos, miembros del V Cuerpo del Ejército llevaron a cabo la ejecución sumaria de Pablo Francisco Fornasari, Juan Carlos Castillo, Zulma Raquel Matzkin y Manuel Mario Tarchitzky, haciéndose aparecer en los medios la versión de un supuesto enfrentamiento, donde también se ocultan los secuestros, las torturas, y el cautiverio sufrido por las víctimas en el CCD “La Escuelita”, al mismo tiempo que se publican los supuestos crímenes de los cuales se los hacía responsables.

El Diario “La Nueva Provincia” del 6 de septiembre de 1976 titulaba: “Otra eficaz acción del Ejército. Cuatro extremistas fueron abatidos en nuestra ciudad”. Allí se sindicaba a Fornasari y a Castillo como cabecillas de una organización ilegal, asignándosele al primero participación en hechos delictivos como los asesinatos del cabo primero Bruno Rojas y el conscripto René Papini, de la Cía. Policial Militar 181. Asimismo se revelaban futuras “acciones extremistas” que tenían planeadas.

Por último, otra técnica de neutralización consiste en la condenación de los condenadores. El discurso legitimador de la masacre establece una lógica binaria, por la cual se está con ellos o se está en contra de ellos, de manera que cualquiera que cuestione su accionar o simplemente lo ponga en duda pasa a formar parte de las filas del enemigo por cómplice o encubridor. Dice Zaffaroni: “los masacradores pretenden identificar a todos los que condenan sus crímenes como traidores, idiotas útiles que no ven el peligro del enemigo, obstáculos, o partícipes de los crímenes reales o inventados que se imputan a ellos”.

Los señores jueces FERRO, BAVA y TRIPPUTI dijeron.
Fragmento SENTENCIA CAUSA Nro 982 Bayón y otros s/ privación ilegal de la libertad.

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