Fin de las testimoniales

El ingeniero Fidalgo esposado. "Está este pelotudo sacando fotos", saludo desde la mirilla del celular camino a Villa Floresta.

El ingeniero Fidalgo esposado. “Está este pelotudo sacando fotos”, saludó por la ventana enrejada del celular antes de partir hacia la cárcel.

Ayer se recibieron las últimas declaraciones testimoniales del juicio por crímenes de lesa humanidad contra siete represores que actuaron desde el V Cuerpo de Ejército durante la última dictadura. El periodista Diego Martínez se refirió a sus contactos con guardias de La Escuelita en los que intentó obtener información sobre lxs detenidxs desaparecidxs y los bebés apropiados; Alejandra Pupio, integrante del equipo de la Universidad del Sur que realizó el relevamiento arqueológico de las tierras donde funcionó el campo de concentración presentó los resultados de la tarea; y el matrimonio conformado por María Guillermina Guidi y Ricardo Colombo Roqué manifestó su “profunda amistad” con el represor Alejandro Osvaldo Marjanov.

Por la tarde se comunicó la incorporación de la prueba obtenida durante el primer debate oral que condenó a 17 genocidas y la citación al testigo Daniel Mitre para que complete su declaración este miércoles desde las 9 en Colón 80.

“Vengo a hablar de La Escuelita”

???????????????????????????????En 2001 el periodista Diego Martínez comenzó a investigar sobre el terrorismo de Estado en Bahía Blanca, ciudad en la que vivió hasta su adolescencia. “No sabía nada de lo que había pasado, más allá de alguna historia cercana que nos tocó”, dijo y agregó que “incluso trabajé en La Nueva Provincia sin saber dónde estaba”.

Luego de leer los testimonios de los organismos de derechos humanos, estatales, de la Conadep y de mirar los videos de los juicios por la verdad contactó a algunos sobrevivientes. Como colaborador externo de Página/12 “empecé publicando sobre terrorismo de Estado en Bahía Blanca, en ese momento Vicente Massot era candidato a ministro de defensa de Menem -Menem era candidato a presidente-. Publiqué una nota sobre él y Diana Julio, que todavía estaba viva, y sobre lo que había sido el rol criminal de La Nueva Provincia, el crimen de Heinrich y Loyola que yo mismo mientras trabajaba ahí no tenía idea”.

Recordó sus primeras investigaciones sobre el rol del juez Madueño que en ese momento integraba el Tribunal Oral 5 e incluso había intervenido en un caso de apropiación y cómo, tras el pedido de juicio político por parte del CELS, renunció y evitó un proceso que “hubiese servido para conocer en ese momento lo que fue la justicia en Bahía Blanca”.

En 2007 intentó hablar con algunos ex guardias del centro clandestino de detención y torturas La Escuelita. “Una persona clave en toda esta historia, no solo en la reconstrucción del terrorismo de Estado en Bahía sino en el país, es Noemí Labrune, fundadora de la APDH de Alto Valle y Neuquén y del CELS. Sabía que Noemí había ido a ver no solo a guardias sino también a muchos de los militares y había tomado contacto con algunos de ellos”.

Paralelamente contaba con información sobre las comisiones de un grupo de militares en cuyos legajos en ciertos períodos coincidían los datos sobre el regimiento de origen y las fechas, sin la certeza de que se tratase de los guardias.

“Logré hablar con tres. Uno es Arsenio Lavayén que se conocía como el Zorzal. El otro es Barrera que declaró en el juicio por la verdad, cuando le tomaron los datos le preguntaron su apodo y dijo ‘Pato’. Me asombró, creo que quedó detenido en ese momento por negarse a declarar. Al tercero que no logré ver pero sí accedió a hablar por teléfono fue Ayala, Chamamé”, relató.

Pato, Zorzal y Chamamé ya habían sido identificados por sobrevivientes y organismos de derechos humanos. En Neuquén también se conocía que Raúl Artemio Domínguez era el Abuelo y Perro Vago,  González. “Uno tenía mucha información sobre los alias pero era importante ponerles un nombre”.

“Con Lavayén -Zorzal- me acuerdo que Noemí Labrune fue quien me guió a dónde vivía. Era un barrio muy humilde y después había campo directamente. Cuando llegué obviamente esta persona no me estaba esperando, no estaba en su casa, tuve que esperarlo una hora. Cuando llegó hablamos en la calle frente a la casa de él. Eso fue en Plottier”.

La cara de Barrera la tenía del video de los juicios por la verdad.”Sabía que tenía un puesto de taxis en Junín de los Andes, frente a la plaza central. En un barcito enfrente esperé a que estuviese solo con la esperanza que iba a tener una posibilidad más de hablar. Se dio esa situación, crucé, entré y le dije ‘Sé quién es usted, vengo a hablar de La Escuelita'”.

“El tipo quedó bastante desconcertado. Me dijo: ‘Nosotros no sabíamos nada, no hacíamos nada’. La verdad que de los tres fue el que menos accedió a hablar de lo que era la vida cotidiana en el centro de detención, de lo que había sido su rol, negaba todo”, recordó Martínez.

Cuando se acercó un compañero del represor subieron al taxi y continuaron la charla dando vueltas por Junín de los Andes. “Yo atrás con mi anotadorcito, le empecé a hacer preguntas, me había llevado todos los nombres que tenía apuntado de la información que había procesado y ahí accede a darme algunos alias de guardias que después me doy cuenta que estaban muertos”.

Le dijo que Clodomiro Contreras era Peine; que Hugo Marcial Verdún era Zorro; y que Ernesto Pandilef era Tito. A Marcelino Casanovas lo identificó como ‘el chileno’. Habló de Gabriel Cañicul y de Bernardo Cabezón. “Me dice que los primeros comisionados a Bahía Blanca eran infantes y después fueron baqueanos. Me habló del desprecio de los infantes a los baqueanos que producían una relación tensa”.

Entre quienes los calificaban le mencionó al imputado Fernando Antonio Videla que habría estado “solo al principio” como jefe porque el Laucha Corres prefirió ocupar ese lugar. Del procesado Bernardo Cabezón dijo que “al menos una vez” había estado en comisión en Bahía Blanca. Le contó que Betancourt era otro baqueano que integró la guardia de La Escuelita.

El Turco era uno de los jefes de los custodios del campo de concentración: “Cuando les pregunto sobre el nacimiento del hijo de Graciela Izurieta en diciembre del ’76, tanto Zorzal como Chamamé me dicen que ellos estaban de franco el día que la sacaron, que los guardias de ese día eran de Las Lajas y que Turco fue el que le dijo a Izurieta -la Cortita- ‘Esta noche te internamos en sanidad del comando’. Alguno de ellos me dice que a Turco en Las Lajas lo llamaban Macoco. Estos días me preguntaba si se habrá sabido quién era este hombre”.

En Bariloche ubicó a Felipe “Chamamé” Ayala. Lo llamó desde un locutorio del centro y el represor atendió pero le dijo que “lo habían operado hacía poco, no se podía mover y tenía perros muy grandes y si yo iba y no había nadie que me abra la puerta, no iba a poder pasar”. La charla fue telefónica.

Las conversaciones con los represores dieron cuenta de: dos lugares de interrogatorios -La Escuelita  y otro a cincuenta metros donde se hacían los más largos-; secuestrados que no volvían de los interrogatorios; que al principio las mujeres y los hombres estaban separados aunque luego “llegó tanta cantidad de detenidos que no les quedó más remedio que juntarlos”; y de un calefón que “no alcanzaba ni para nosotros”. Y que tenían miedo.

“Una característica común a Ayala y Lavayén fue el hecho de victimizarse ellos también, cité en una nota cuando los detuvieron en 2010 que uno de ellos había dicho ‘para nosotros también fue una tortura, teníamos prohibido hablar entre nosotros, solo podíamos mirar televisión, era lo único que hacíamos, podíamos salir en francos de a dos, tenía miedo y nadie se había animado a negarse’. ‘Estos tipos son capaces de cualquier cosa’, me dijo Chamamé o Zorzal. No negando cuál había sido su lugar ahí, admitiendo que tenían que llevar a los secuestrados cuando Laucha o el Turco los pedían para torturar pero al mismo tiempo poniéndose ellos de víctimas”, aseguró Martínez.

Finalmente pidió a los acusados que “no se lleven esa información que estamos esperando” y agradeció al tribunal haber puesto la lupa sobre la participación de civiles durante el terrorismo de Estado y sobre el rol del diario La Nueva Provincia: “Me crié en esta ciudad y no era consciente de dónde trabajaba. A veces hace falta irse para darse cuanta dónde estaba uno y del rol nefasto que diarios como LNP tienen y la participación hasta el día de hoy. Vi cómo cubrieron la sentencia en veinte líneas y nunca más retomaron los fundamentos. No publicaron nada. Ahí uno entiende el comportamiento de la sociedad a partir del rol de los medios hegemónicos. Y sé de la enorme resistencia del poder judicial de Bahía Blanca para avanzar contra los partícipes del terrorismo de Estado”.

Restos que condenan

???????????????????????????????Alejandra Pupio coordinó el equipo de arqueología del Departamento de Humanidades de la UNS que relevó el terreno donde funcionó el centro clandestino de detención y torturas La Escuelita en dependencias del Comando V Cuerpo de Ejército. Si bien un primer informe fue entregado al tribunal durante el primer debate, la testigo explicó “algunos datos que se han aumentado”.

En abril de 2010 se realizó la primera prospección y detectaron tres predios con “estructuras edilicias” divididos por cortinas de tamariscos. Dos de las construcciones estaban destruidas completamente y la tercera aun tenía cimientos visibles.

Se cruzaron los datos aportados por testigos –destacó los croquis realizados por Alicia Partnoy y Gustavo López- y por el represor Julián “Laucha” Corres -por ejemplo la existencia del muro perimetral y el portón de ingreso al patio- y los planos catastrales con la historia de propiedad de los terrenos.

En uno de los planos se observa una propiedad en forma de “L” cuyo lado menor da sobre La Carrindanga. No se trata del terreno ubicado por la Conadep sino lo que denominaron Predio 1 donde realizaron estudios geoeléctricos y detectaron concentración de materiales que “podrían haber sido los muros”.

Se analizaron los elementos de la superficie y se hizo un primer relevamiento topográfico que guió los trabajos arqueológicos futuros. “Nos permitió establecer con mayor certeza que se trataba del edificio donde funcionó La Escuelita, sin descartar que los otros edificios pudieran en algún momento haber funcionado como CCDyT ya que algunos testimonios señalan haber sido trasladados a unos 100 o 200 metros. Puede que estemos en presencia de un complejo de edificios que haya funcionado de esta manera”, dijo Pupio.

Los datos obtenidos con el avance de la excavación fueron superpuestos semanalmente con los planos, los relatos de las víctimas y la documentación del estudio geológico. “Pudimos establecer la funcionalidad de esa planta arquitectónica que ahora quedaba a la vista de todos y podía ser recorrida”. Un área de retención de detenidos con dos cuartos al frente separados del resto de la casa por una reja y una galería cubierta. La guardia con habitación, baño y cocina. Y el sector de torturas con un área de ingreso y registro de detenidxs y la sala de tortura.

Se recuperaron más de 12.900 restos que “revelan distintas funcionalidades, material de construcción -baldosas, ladrillos, azulejos, fragmentos de vidrios de botellas y planos como de ventanas-; objetos de índole personal como algunas prendas, juguetes, elementos de otro tipo como papeles, restos de carozos de fruta y en particular en el área excavada a la que denominamos ‘Basurero’ encontramos 141 restos pertenecientes a medicamentos -anticoagulantes, antibióticos, analgésicos, antiespasmódicos y antitérmicos-“.

Salida de cuatro

Marjanov al salir de la audiencia.

Marjanov al salir de la audiencia.

Desde el Consejo de la Magistratura en Capital Federal y por videoconferencia declaró el matrimonio conformado por María Guillermina Guidi y Ricardo Colombo Roqué amigos del ex segundo jefe del Batallón de Comunicaciones 181 y del Área de Defensa 511, Alejandro Marjanov y su señora.

Ella contó que desde 1972 mantienen una “profunda amistad” y que el represor es “una persona honorable”. Comentó que está casada con uno de los oficiales retirados en 1980 “por no estar de acuerdo con el Proceso de Reorganización Nacional y en esa etapa muy difícil tanto Alejandro como Marta siguieron siendo amigos y compañeros y solidarios con esa familia que estaba pasando muy mal momento”.

Agregó que con el imputado “no hablaba de política” aunque sabe que “era un hombre muy respetuoso de las ideas de los demás”. Dijo que Marjanov se oponía a los fundamentos de la dictadura pero nunca escuchó salir una crítica en ese sentido de su boca.

Su marido, Ricardo Colombo Roqué desde 1977 hasta su retiro se desempeñó en el Comando de Sanidad del Ejército Argentino y fue “pasado a retiro obligatorio junto con otros oficiales por no estar adecuadamente compenetrado con la filosofía y el sentir del Ejército, lo cual ha puesto en tela de juicio su credibilidad y su sentido profesional, etcétera”.

Con Marjanov compartió destino entre 1972 y 1974 en el Batallón Logístico de Montaña 6 de Zapala. “Es mi amigo, lo respeto, excelente profesional, un gran camarada. Nuestra amistad no solo se cimentó en esos tres años sino con el correr de los años y cuando me pasan a retiro existió una orden del Ejército de evitar contacto con cualquiera de los 33 retirados y él expresamente se puso a mi disposición y me dijo que esa orden para él no corría porque me consideraba su amigo”.

En ese tiempo jugaban al truco e iban al cine con sus esposas. Según el testigo de la defensa su amigo acusado por crímenes de lesa humanidad “siempre estaba al pie de la solución del problema de los soldados del Batallón”.

“Él sabía de mi militancia peronista y en ningún momento la discutía ni hubo ningún reproche ni discusión al respecto (…) Era un hombre de un profundo sentido nacional, popular”, sostuvo Roqué y agregó que considera a Marjanov “totalmente incapaz de haber cometido hechos aberrantes”.

Con el grado de Mayor de Comunicaciones, el 9 de diciembre de 1976 Marjanov fue designado como Segundo Jefe del Batallón de Comunicaciones del Comando 181. Su puesto durante el terrorismo de Estado incluyó la subjefatura del Área de Defensa 511. El Batallón contaba en 1977 con tres secciones de contrasubversión y sus instalaciones eran un lugar de paso hacia el campo de torturas y exterminio La Escuelita, en uno u otro sentido. Durante su subjefatura pasó por allí, entre otras víctimas, un grupo de estudiantes de la ENET Nº1 que era ‘blanqueado’ tras haber sido torturado en aquel centro clandestino.

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