Vara, la ESMA y sus buenos oficios

Cartas y Sugerencias, LNP 20/1/1997.

Cartas y Sugerencias, LNP 20/1/1997.

No son novedad las iniciativas que expresan algunos dirigentes del Frente para la Victoria, el Frente Renovador y el Frente Amplio Unen para recluir en cuarteles militares a adolescentes que “no trabajan ni estudian” o “duermen hasta las dos de la tarde” para “contenerlos” y “alinearlos en sus estudios”.

Tan es así que el recientemente detenido ex capellán y capitán del Ejército Aldo Omar Vara planteó en enero de 1997 -en su carácter de “ex alumno” de la Escuela de Mecánica de la Armada- utilizar “las aulas” del mayor centro clandestino de detención, torturas y exterminio de los marinos durante el genocidio para que “los adolescentes que deambulan por la capital y el conurbano” aprendan “buenos oficios” y sean “más felices y útiles”.

El cura represor publicó el texto “Una demolición inútil”, el 20 de enero de 1997, en la sección “Cartas y Sugerencias” de La Nueva Provincia, diario del coimputado en las causas de lesa humanidad que se tramitan en Bahía Blanca, Vicente Gonzalo Massot.

El contexto era el surgimiento inevitable de la verdad respecto de los horrores perpetrados por los civiles y militares del terrorismo de Estado, al que más adelante se opondría el decreto menemista 8/98, según Horacio Verbitsky, “en respuesta a las investigaciones penales del juez español Baltasar Garzón, las presiones del gobierno de Francia que condujeron al pase a retiro de Alfredo Astiz, las causas en averiguación de la verdad que instruía la Cámara Federal de la Capital y el proyecto de derogación de las leyes de punto final y de obediencia debida presentado en el Congreso”.

“Lamento mucho la decisión presidencial de demoler el edificio de la ESMA. Yo lo conozco muy bien y sería una gran pérdida para la sociedad: cuenta con alrededor de 50 hectáreas, muchas en óptimo estado, muchos pabellones que con poco se podrían convertir en aulas o pabellones de algún hospital. Igualmente cuerpos edilicios dedicados a la formación del personal superior, que son una belleza, talleres para todos los oficios, ¡y con qué comodidades y maquinaria! Campo de deportes, incluida una pileta de natación climatizada de dimensiones olímpicas, etcétera”, se maravillaba el presbítero destacando hasta el campo de deportes donde se hacían los tristemente célebres “asaditos” para quemar cuerpos de detenidxs desaparecidxs durante la dictadura.

El decreto que Carlos Menem firmaría un año después de la nota del capellán, pretendía preservar la Escuela de Guerra Naval lindante con la ESMA “por ser un edificio histórico” pero -explicaba el ministro de Defensa Jorge Domínguez- “el resto del terreno se va a parquizar y se construirá un monumento como símbolo de la convivencia democrática y la voluntad de conciliación de los argentinos”. Menem, quien tuvo como fugaz viceministro de Defensa al director de La Nueva Provincia Vicente Massot, informó que “una vez remodelado, el terreno serviría para la recepción de visitantes ilustres”.

“Durante unos cien años fueron desfilando por ella muchas generaciones de hombres que aportaron mucho a la patria. Ahora se la quiere demoler por una cuestión política: porque si fuéramos a demoler todos los lugares donde se violaron o violan los derechos humanos, no se salvaría ni la Casa Rosada”, pataleaba sin ser oído Vara.

En la actualidad el edificio de la ESMA sigue en pie y es objeto de discusión respecto a las características que debe tener como “sitio de memoria”. Por supuesto que no fueron las intenciones de Vara las que primaron para que la impunidad menemista actuara.

Fue un fallo de la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal el que prohibió la demolición. La destrucción de la ESMA, decía la resolución, “impediría a Graciela Lois y Laura Bonaparte ‘conocer el destino de sus familiares desaparecidos y, en caso de haber fallecido, las circunstancias que determinaron el hecho, así como el lugar donde se encuentran sus restos’”.

Decenas de genocidas de la Escuela de Mecánica de la Armada fueron o son juzgados y condenados. Sucede lo mismo con otros tantos que actuaron en nuestra región desde Puerto Belgrano o el V Cuerpo de Ejército. Faltan. Entre ellos, el presbítero ex alumno de la ESMA Aldo Omar Vara, detenido en una parroquia de Ciudad del Este a la espera de ser extraditado para rendir cuentas ante la justicia.

Su imputación incluye los delitos de genocidio, privación ilegal de la libertad, torturas, homicidios y desaparición forzada de personas en prejuicio de más de 100 víctimas desde su rol de capellán y capitán del Batallón de Comunicaciones 181 y el Comando V Cuerpo de Ejército entre 1971 y 1979.

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