El Operativo Aráuz: una farsa con intereses muy mezquinos en juego

Luis Enrique Baraldini, jefe de policía de La Pampa (centro) y otros represores.

Luis Enrique Baraldini, jefe de policía de La Pampa (centro) y otros represores.

“…Te cuento que entre los padres de un curso del ciclo secundario de un colegio privado hay preocupación porque dicen que en una de las materias, algo así como Instrucción Cívica, el profesor pregona las bondades del marxismo, del régimen cubano y demás… Por lo tanto, los padres ya tuvieron algunas reuniones y piensan llegar con su malestar a las autoridades del colegio…”, reza el mentidero dominical de La Nueva Provincia de ayer arrastrando vicios de la acción psicológica y la propaganda negra desplegada durante la dictadura por el diario de Vicente Massot, imputado por aquellos crímenes de lesa humanidad.

Rumores como este, junto a la “paranoia pueblerina” de los sectores conservadores de Jacinto Aráuz en la década del ’70, alertaron al Servicio de Inteligencia Naval sobre la llegada de un grupo de docentes bahienses al Instituto José Ingenieros y produjeron uno de los mayores despliegues militares del terrorismo de Estado en La Pampa.

Pasaron 38 años de aquel 14 de julio de 1976 durante el cual comenzó el operativo encabezado por el ex jefe de policía Luis Enrique Baraldini a pedido de las fuerzas vivas para eliminar el supuesto “foco subversivo”. Un territorio ocupado por las fuerzas armadas, un grupo de profesores secuestrados y torturados y un pueblo paralizado predispuesto a la delación.

Los represores convirtieron en protagonista de esta historia al docente Guillermo Quartucci, autor de estas reflexiones cuya primera parte publicamos aquí. Mañana completaremos su difusión con un análisis de las responsabilidades del policía y boxeador aficionado Miguel Gauna y del entonces intendente de facto de Jacinto Aráuz, Adolfo Alberto Forestier.

(Por Guillermo Quartucci) Cuando en marzo de 1975, a punto de iniciarse un nuevo ciclo lectivo en el Instituto José Ingenieros de Jacinto Aráuz, encontrándose la dirección acéfala, la comisión administrativa nombró en lugar de la rectora saliente, María del Carmen Elzaurdía de Zuntini, al ingeniero agrónomo Carlos José Samprón, la reacción del sector más conservador del pueblo no fue positiva. Para ese puesto clave en la conducción de la única escuela secundaria, de orientación agrotécnica, de Jacinto Aráuz se había pensado en el hermano de una de las profesoras del establecimiento, quien, al igual que Samprón, era ingeniero agrónomo. Eran tiempos políticamente muy convulsos por lo cual los que manejaban los hilos del poder en el pueblo habrían preferido en el cargo a alguien de confianza y no a un desconocido del cual lo único que se sabía era que, en Bahía Blanca, de donde provenía, había competido anteriormente por un cargo similar con el hermano de la profesora, y lo había ganado.

   Fue así como inmediatamente un grupo de notables de Jacinto Aráuz se puso a la tarea de averiguar los antecedentes del recién seleccionado rector recurriendo al padre de la misma profesora, un oficial de la Armada, quien le encargó al Servicio de Inteligencia Naval (SIN) –ubicado en la Base Aeronaval de Comandante Espora- que investigara la actuación de Samprón mientras estuvo en la ciudad de Bahía Blanca. Entre la información recabada, además de su participación en la política universitaria mientras fue estudiante, surgió que Samprón había sido director de la Escuela de Agricultura, dependiente de la Universidad Nacional del Sur, de la cual había sido expulsado por “marxista”, pecado mortal en los agitados tiempos que corrían.

   A parir de ese momento, el grupo de notables de Jacinto Aráuz se dio a la tarea de detectar algún desliz grave en Samprón que sirviera para desplazarlo del cargo. Fue así como se empezaron a difundir chismes y rumores que culminaron con dos acusaciones que habrían de ser claves para que los engranajes de la maquinaria represiva que más tarde se desataría se pusieran en movimiento: por un lado, una supuesta monografía encargada a los alumnos por la profesora de la materia Realidad Social Argentina (ERSA) que debía tratar sobre la figura de Manuel Negrín, militante del ERP y nativo de Jacinto Aráuz; ultimado en Tucumán; y por el otro, la figura de un ex preso político amnistiado por Cámpora cuando asumió la presidencia, en mayo de 1973, quien, al abandonar la cárcel, se había refugiado en Jacinto Aráuz donde, “protegido” (así decían) por un mecánico del pueblo, estaría organizando una célula subversiva de la que participaban Samprón así como otros docentes del Instituto y algunas personas del pueblo sindicados desde tiempo atrás como “zurdos”.

   Ambas historias fueron hábiles fabricaciones cuyo espurio objetivo era hacer que Samprón renunciara, aprovechando la paranoia antisubversiva que se había apoderado de la sociedad en esos años, ignorantes los que iniciaron esta campaña de desprestigio del rector de que estaban destapando una ominosa Caja de Pandora. Los alcances de esta ciega paranoia pueblerina tuvieron finalmente la consecuencia buscada cuando el 14 de julio de 1976, a un año y medio de haber llegado Samprón a Jacinto Aráuz, se produjo el delirante Operativo cuyas heridas no se han cerrado a casi 40 años de ocurrido.

   Fueron pues una monografía que nunca existió y que el rector habría tolerado sin la menor crítica, unido a su relación con una imaginaria organización subversiva donde participaba un ex preso político, los detonantes de una caza de brujas que lentamente se fue tejiendo en el pueblo. La creación de la Subzona 14, en octubre de 1975, y el golpe de Estado del 14 de marzo de 1976 sirvieron para que la inteligencia pampeana retomara, por instrucciones secretas del SIN, los hilos de la investigación iniciada en Bahía Blanca y se empezaran a planificar los pasos a seguir a fin de eliminar el foco subversivo enquistado en la zona de Jacinto Aráuz, cuyo epicentro estaba se ubicaba en el Instituto José Ingenieros bajo la batuta del rector. (Véase La inteligencia naval y el Operativo Aráuz)

   En enero y junio de 1976 -tal como consta en la Causa 482/76 a fs. 1~10- dos misiones de inteligencia de la policía pampeana llegaron a Jacinto Aráuz a fin de entrevistarse con los integrantes del grupo de notables que cuestionaba ásperamente a Samprón, y cuyo resultado fueron sendos informes elevados a la superioridad de la Subzona 14 en los que se detallaban los nombres de los informantes y la naturaleza de las denuncias, los cuales fueron incorporados a la denominada Causa “Samprón Carlos, Álvarez Ángel Julián, Pozo Grados Víctor Aldo y Carlino Luis Valentín s/infracción Ley 20.840”, abierta en el Juzgado Federal de Santa Rosa, en octubre de 1976, a los cuatro de los detenidos en el Operativo del 14 de julio.

   Asimismo, en la semana previa a dicho Operativo, se hicieron presentes en el Instituto José Ingenieros dos inspectores –Olmedo y Cossi Isasi- comisionados por la Superintendencia Nacional de Enseñanza Privada, en manos de la Armada, cuya misión era corroborar, como en efecto lo hicieron,  que en la escuela había serios indicios de que allí se estaba impartiendo “formación marxista destinada a corromper a los estudiantes y cuyo cabecilla era Samprón”. Los informes elevados por este par de “inspectores”, también incorporados a la Causa 482/76 son, para decirlo suavemente, delirantes, motivo de un análisis aparte que dejaremos para otro momento.

La presunta monografía sobre Manuel Negrín

   Una vez producido el Operativo, el mayor Luis Enrique Baraldini, Jefe de la Policía de La Pampa, elaboró un RESULTADO  SINTÉTICO (sic) en el que se refiere a cada uno de los detenidos. Sobre Samprón, obvio objetivo de las acciones,  leemos lo siguientes:

Detenido el 14-7-76. Ingeniero Agrónomo. El 17 de marzo de 1975 asume el cargo de Rector del Instituto privado de Enseñanza Secundaria de Jacinto Aráuz. […] Desde su cargo de Rector facilita e impone la ejecución de un plan de estudio de ideología marxista, introduciendo temas que les permitirían la captación de alumnos. Este grupo, del cual Samprón era el “cabecilla” […] es responsable de haber permitido y compartido la actividad desplegada en el Colegio por la Profesora de ERSA […], la cual, entre otras cosas, hacía realizar trabajos al alumnado que estuvieran relacionados con personas que ella les sindicaba como “mártires” o héroes, tal el caso del guerrillero muerto de apellido NEGRÍN, oriundo de J. Aráuz.

   Un informe SECRETO, enviado el 24 de mayo de 1976 a las autoridades de la Subzona 14 por el Batallón de Inteligencia 101 del Ejército Argentino, incluye un informe del SIN que dice lo siguiente:

ASUNTO: Escuela secundaria de JACINTO ARÁUZ (LA PAMPA

  1. En la Escuela Secundaria de la localidad de Jacinto ARAU [sic] (LA PAMPA) durante el año 1975, la profesora de estudios de la Realidad Social Argentina, hizo hacer a sus alumnos una monografía sobre el guerrillero muerto “NEGRÍN”. Esto provocó descontento entre los padres. Algunos dudaban de seguir mandando a sus hijos al Colegio.
  2. Al respecto se tiene conocimiento que no se dio parte a autoridad alguna y se ignora la actitud asumida por el rectorado del establecimiento.

ORIGEN: SIN

Un caso de pulp fiction: la muerte del ex preso político amnistiado por Cámpora

   Por otra parte, cuando ocurrió el Operativo, el ex preso político amnistiado por Cámpora al que se referían los informes de inteligencia que incriminaban a Samprón por su relación con él, ya no se encontraba en el pueblo, y es en torno a este personaje donde se teje el episodio más delirante de toda la puesta en escena que significó el Operativo. En su declaración en la Unidad Regional I, adonde fue citado el 20 de julio como testigo de las supuestas palabras de Carlino mofándose de los militares, Basilio Porlay, uno de los denunciantes, se refiere al ex preso político como ultimado en las Cuervas de Torkins (sic), recogiendo así la versión de su muerte que circulaba esos días en los mentideros del pueblo.

   El 27 de julio,  Baraldini, haciéndose eco de la información brindada por Porlay, sin la menor intención de recurrir a los siempre eficaces aparatos de inteligencia que colaboraban con él, comunica al jefe de la Subzona 14, comandante Fabio Iriart, lo siguiente:

Existe una información de que el nombrado [nombre del ex preso político amnistiado por Cámpora] ha muerto recientemente en un enfrentamiento con fuerzas de Seguridad, en un operativo antisubversivo realizado en Bahía Blanca, circunstancia por la cual se estima que mediante un cifrado ese Comando solicite información al respecto a la Subzona 51.

[…]

Referente a la presunta muerte de [nombre de ex preso político amnistiado por Cámpora] como complemento de información que se tiene, habrían asistido al velorio […] Samprón, Pozo Grados, Bertón  y otros.

   El nombre de ex preso político amnistiado por Cámpora, en la Causa 482/76 aparece constantemente en las casi mil fojas que la integran como prueba irrefutable de las malas compañías de Samprón y los otros imputados, pero nunca, nadie del equipo del juez Caros Walter Lema que llevó adelante el proceso judicial, se ocupó de localizar al ex preso político cuya presunta muerte había comunicado Baraldini. Para rematar el lado delirante de todo el operativo orquestado por el “gran estratega” Baraldini -Napoleón de La Pampa, Rambo de cara pintada- habría que agregar que  el ex preso político amnistiado por Cámpora, para rematar el lado grotesco de la farsa que significó el Operativo, sigue vivo en nuestros días.

 La profesora de ERSA

   Otro caso digno de ser analizado es el de la famosa monografía sobre el militante del ERP abatido en Tucumán, que la profesora de ERSA habría solicitado a los alumnos y que sirviera para incriminar a Samprón. El nombre de esta profesora, al igual que el del ex preso político, campea a lo largo de la Causa 482/76 abierta a Samprón y otros en el Juzgado Federal de La Pampa por el juez Lema y su equipo. Aparte de que esta monografía jamás existió y fue sólo un invento de los buchones de Aráuz para denunciar por subversivo al rector del Instituto y sacárselo de encima, la susodicha profesora, declarada “prófuga” por la “justicia” pampeana, nunca fue investigada ni menos buscada en su domicilio de Punta Alta del cual nunca se movió.

 Otros denunciados que nunca fueron indagados

   Los informes de inteligencia de enero y junio de 1976 que recogen las fantasías épicas de los informantes de Aráuz, no sólo citan como “zurdos” a los que finalmente fueron las víctimas propiciatorias de los delirios de Baraldini, encabezadas por Samprón, que es quien más permaneció en la cárcel hasta que la causa terminara diluyéndose en la nada, sino que también denuncian a más del pueblo sindicados como “rojos”: el profesor de Educación Física; la profesora de Geografía; un joven ex estudiante de la Universidad del Sur,  a quien falsamente se le atribuye ser el dueño de la whiskería Karamba (en realidad propiedad de un conocido empresario local), donde se llevarían a cabo reuniones subversivas; un médico paraguayo que ya no se encontraba en el pueblo; el anterior pastor valdense, amigo del “cura maoísta”; algunos miembros de la comisión administrativa del Instituto, etc., ninguno de de los cuales fue molestado y ni siquiera indagado durante el Operativo y menos en el proceso judicial que se abrió. Con excepción del mecánico Samuel Bertón -a quien se usó para mandar un mensaje a los otros “rebeldes” del pueblo- todos los secuestrados y torturados el 14 de julio eran de fuera de Jacinto Aráuz, lo que muestra la mentalidad fascistoide de un pueblo decidido a defender, aun a costa del dolor, la mediocridad provinciana que se sentía amenazada por los enemigos foráneos.

   Esta actitud se vio ampliamente recompensada cuando Baraldini arribó con su descomunal Operativo y sus sueños de quedar en la historia como el héroe que había acabado con un foco subversivo de alta peligrosidad. Hubo una notable confluencia de intereses, y, hasta donde se sabe, el héroe de pacotilla, jamás protagonizó un acto heroico más allá de reprimir a indefensos civiles pampeanos que soñaban con un mundo más justo.

   Mención aparte merece la justicia de La Pampa (véase La justicia de la dictadura, las complicidades civiles y el Operativo Aráuz), esa misma justicia que se proclama “independiente” en democracia y que siempre se ha abierto de piernas a las dictaduras militares de turno. Samuel Bertón, el único hijo de Jacinto Aráuz, secuestrado, torturado y llevado a un penal, fue liberado a los 45 días sin haber pasado por la justicia civil a la que fueran sometidos Samprón y las otras tres víctimas. Baraldini decidió por sus pistolas, erigiéndose en juez supremo, dejar libre a un Bertón destrozado a quien nunca nadie de los que lo entregaron pidió perdón. Hasta el fiscal federal Jorge Francisco Suter, partícipe en esta farsa de juicio a los subversivos del Sudeste de La Pampa, se quejó de que a Bertón lo dejaran libre sin informar a la “justicia”. En su escrito al juez Carlos Walter Lema le solicita: Se requiera informe al jefe de Policía sobre Samuel Bertón, detenido según se informa a fs. 11, no dándose explicación de su libertad (Causa 482/76, a fs. 166). Algo similar ocurrió con la excarcelación de Carlino, liberado  por presión de Baraldini que lo declaró “trastornado mental”.

   ¡La farsa del Operativo Aráuz había sido consumada, y todo, para sacarse a Samprón de encima!

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