De delatores y psicópatas: el Operativo Aráuz

forestier

La Nueva Provincia, octubre 1979.

A 38 años del inicio del Operativo Aráuz, el 14 de julio de 1976 bajo las órdenes del jefe de policía Luis Enrique Baraldini, ofrecemos la segunda parte de las reflexiones del profesor Guillermo Quartucci. El autor fue uno de los integrantes del plantel docente del Instituto José Ingenieros que conducía el ex director de la Escuela de Agricultura y Ganadería, Carlos José Samprón, expulsado por el interventor de la Universidad del Sur, Remus Tetu.

La persecución de los represores bahienses fue un antecedente suficiente para despertar todos los fantasmas de los pobladores occidentales y cristianos de la localidad pampeana. Esos sectores de poder convocaron a las fuerzas armadas para que se encargue de la “célula marxista”.

Quartucci y sus compañeros fueron secuestrados y torturados en un puesto policial. De allí pudo escapar y caminar por días a campo traviesa hasta llegar a Bahía Blanca para luego exiliarse. Es testigo en la causa Subzona 14 que avanza hacia un segundo juicio que tiene entre sus imputados al ex carapintada Baraldini.

(Por Guillermo QuartucciEn estos días se cumplen 38 años del tristemente célebre Operativo Aráuz, llevado adelante conjuntamente por fuerzas militares de la Subzona 14, Policía Provincial y Policía Federal, más de cien efectivos que, bajo el comando personal del mayor Luis Enrique Baraldini, jefe de policía de La Pampa, tomaron por asalto la pequeña localidad pampeana de Jacinto Aráuz con el objetivo de secuestrar, torturar y transportar clandestinamente a la Colonia Penal de Santa Rosa a varias personas, vinculadas en su mayoría al Instituto José Ingenieros, entonces la única escuela secundaria de la localidad. Desde hacía más de un año, un grupo de notables del pueblo, encabezados por el productor agropecuario Ricardo Rostán, cacique local y barón rural, habían empezado a recabar información acerca de varios profesores, provenientes en su mayoría de la zona de Bahía Blanca, recurriendo a los servicios de inteligencia de la Armada (presumiblemente ubicados en la Base Aeronaval Comandante Espora) a los que se vincularon a través de una profesora del Instituto José Ingenieros cuyo padre era marino. De la información recibida, el grupo de notables llegó a la conclusión de que los profesores que provenían de la ciudad portuaria y alrededores integraban una organización subversiva cuyo objetivo era incorporar paulatinamente a sus actividades clandestinas a los alumnos del Instituto mediante el adoctrinamiento marxista.

   Con la creación de la Subzona 14, en octubre de 1975, la Marina delegó la investigación a los cuerpos de inteligencia pampeanos que comenzaron a enviar misiones a Jacinto Aráuz y la zona a fin de seguir construyendo el retrato del enemigo rojo al que había que combatir. Fueron dos estas misiones de inteligencia, las cuales entrevistaron a varios habitantes de Jacinto Aráuz y la zona, dejando el registro puntual de sus nombres y denuncias, lo cual nos permitió, a partir de 2003, cuando se reabrió la investigación sobre los crímenes de lesa humanidad cometidos en la Subzona 14, identificarlos como los civiles cómplices de la represión desatada el 14 de julio de 1976.

    El 24 de marzo de 1976 se produce el golpe que derroca al gobierno constitucional, instalando en la Argentina un feroz terrorismo de Estado que se prolongó por espacio de casi 8 años, en lo que se denominó Proceso de Reorganización Nacional y cuyas consecuencias son bien conocidas en términos de vidas humanas e implantación del plan económico neoliberal que significó la entrega del patrimonio de la Nación a las corporaciones económicas nacionales y extranjeras, cuyas consecuencias se hacen sentir hasta nuestros días.

   Después del golpe es enviada a Jacinto Aráuz una nueva misión de la inteligencia pampeana, así como la Superintendencia Nacional de Enseñanza Privada (SNEP) del Ministerio de Cultura y Educación, en manos de la Marina, enviaría a un par de inspectores que deberían ratificar, como en efecto lo hicieron, que el Instituto José Ingenieros era una usina de adoctrinamiento marxista. Estaba así allanado el camino para llevar adelante el espectacular Operativo que habría de copar, durantes tres días consecutivos, la totalidad del pueblo permaneciendo sus habitantes rehenes de Luis Enrique Baraldini, y el equipo que lo secundó en la feroz represión. Baraldini, de paso, se sirvió del Operativo para instalar a nivel provincial el reino de terror que se prolongaría mientras estuvo al frente de la policía pampeana.

El papel de Miguel Gauna y Adolfo Forestier

Dos hechos significativos se produjeron en las semanas anteriores al 14 de julio de 1976: el primero, el 21 de junio, cuando el Comisario de Jacinto Aráuz, Vito Ángel Constantino Maccarini, fue desplazado como cabeza de la Comisaría local por quien sería un elemento clave en la represión desatada a partir del 14 de julio, el policía y boxeador aficionado Miguel Gauna, hombre de confianza de Baraldini. El segundo hecho se había producido días antes, el 11 de junio, cuando asumió, como intendente de facto de Jacinto Aráuz, Adolfo Alberto Forestier.

   Sobre la actuación de Gauna durante el procedimiento del 14 de julio, son muchos los testimonios que lo ubican en el corazón de los hechos, siendo él quien personalmente detuvo a algunas de las víctimas, citó a declarar a diversas personas (como algunos estudiantes menores de edad que tuvieron que ir a la comisaría a mostrar las carpetas escolares)  y, especialmente, permitió que se torturara -si es que no fue él mismo quien lo hiciera- a algunos de los secuestrados en las dependencias a su cargo.

   En un informe fechado en Santa Rosa el 27 de julio de 1976 destinado al comandante de la Subzona 14, coronel Fabio C. Iriart, el mayor Luis Enrique Baraldini detalla muy pormenorizadamente las razones por las cuales se había decidido sustituir a Maccarini por Gauna en la comisaría de Jacinto Aráuz. Veamos algunos párrafos de este documento:

SEÑOR COMANDANTE:

                                      Me dirijo a Ud. informándole que en el caso JACINTO ARÁUZ, de acuerdo a averiguaciones que se han realizado por orden del suscripto, surge muy comprometida la situación del Subcomisario de esta Policía Vito Ángel Constantino MACCARINI, funcionario que estuvo al frente de aquella dependencia policial desde el 10-2-75 al 21-6-76, ya que hasta el momento se ha establecido lo siguiente:

[Aquí Baraldini detalla tres puntos con las “irregularidades” cometidas por Maccarini que habrían justificado su remoción, hasta llegar al 4 donde leemos:]

[…] Como antecedente negativo que recae sobre la responsabilidad del Subcomisario MACCARINI […] existe el hecho de que en diciembre de 1975 y en enero de 1976 se destacaron sendas comisiones reservadas a Jacinto Aráuz a cargo de un Oficial Jefe con funciones en esta ciudad capital, habiéndose establecido en esas oportunidades que existía ya una presunta infiltración marxista en el Colegio Secundario, de cuyos antecedentes se compenetró personalmente el Subcomisario MACCARINI, continuando, sin embargo, con su accionar pasivo, mientras se acrecentaba el peligro que representaba aquella infiltración para el Estado.

    Como resultado de este delirante análisis (¡una escuela poniendo en peligro la seguridad del Estado!) Maccarini fue trasladado al pueblo de 25 de Mayo quedando en su lugar el comisario Miguel Gauna, quien a partir del Operativo del 14 de julio se constituiría en mano derecha del mayor Baraldini en la represión que se desató. Tendrá que ser la justicia en el juicio oral que se avecina la que determine la responsabilidad de Gauna en los crímenes de lesa humanidad que, como funcionario público, perpetró en ocasión del Operativo.

   En cuanto a la participación activa del intendente de facto Adolfo Alberto Forestier son varios los hechos que demuestran su colaboración con la represión desatada el 14 de julio, cuyas consecuencias se prolongaron durante varios meses, por lo menos hasta noviembre de 1976, cuando expulsó de la casa perteneciente a la comuna que ocupaban la entonces esposa del detenido rector Carlos Samprón, María Antonieta Lebed, y sus dos pequeños hijos, declarándola persona non grata en el pueblo. Forestier, en su deposición ante el asesor letrado del gobierno de Rubén Marín que inició la investigación, en 1984, declaró que en 1976, unos días antes del Operativo, había sido citado por el subsecretario de educación y cultura de La Pampa, el capitán Héctor Francisco Olascoaga, para advertirle de un procedimiento militar que se efectuaría en Jacinto Aráuz a raíz de las denuncias de varios vecinos acerca de las actividades de un célula subversiva que actuaría teniendo como base el Instituto José Ingenieros.

   Ante el funcionario que instruía la causa Forestier pretendió lavar su imagen alegando que él le había manifestado a Olascoaga que no tenía noticias de que esas cosas estuvieran ocurriendo en el pueblo. Sin embargo, en otras declaraciones demostró que durante y después del Operativo estuvo en permanente contacto con los represores, como cuando manifestó, años después, a un periodista (Marcelino Acosta) que la fuga de Quartucci del Puesto Caminero sobre la Ruta 35 era poco creíble puesto que los presos estaban esposados de pies y manos, con los ojos vendados y encerrados en una habitación con llave (lo cual no había sido exactamente así), información que sin duda recibió de los propios represores que lo mantenían al tanto de los procedimientos. Sin embargo, Forestier no tuvo en su momento la menor intención de hacer algo por las personas de su pueblo cuyos derechos habían sido avasallados.

    Pero no es sólo esto a lo que Forestier habría tenido que responder ante la justicia, de continuar vivo, sino que hay otros dos hechos perfectamente documentados que prueban su colaboración con el terrorismo de Estado. El primero se refiere a la información que suministró, unos días después del Operativo, al jefe de policía de La Pampa, Luis Enrique Baraldini, acerca de la reacción del cura párroco de Jacinto Aráuz y la vecina población de General San Martín, el “presbítero” (así lo denominan los informes de inteligencia que lo tildan de tercermundista) Valentín Bosch, ante los hechos acaecidos los días 14, 15 y 16 de julio. Esta información se encuentra a fs. 19 de la causa 482/76, caratulada “Carlos Samprón y otros, s/ supuesta infracción a la Ley 20.840”, abierta en octubre de 1976 en el Juzgado Federal de La Pampa. El informe, de fecha 29 de julio de 1976, fue enviado al teniente coronel Fabio Carlos Iriart, comandante de la Subzona 14, por el mayor Luis Enrique Baraldini, y reza lo siguiente:

SEÑOR COMANDANTE:

                                          Me dirijo a Vd. A efectos de llevar a su conocimiento información proporcionada por el intendente de Jacinto Aráuz [Adolfo Alberto Forestier] sobre la actividad del Padre Cura Valentín BOCH [sic] y que a continuación se transcribe:

a)      El Cura Valentín, en la última misa, no permitió que los fieles cantaran en razón de que dicha manifestación de alegría no estaba de acuerdo con la tristeza que se debía sentir como consecuencia de los hermanos presos.

b)      Promueve la reunión de firmas en pro de la liberación de los detenidos.

c)      Julián SUAREZ (Ex Intendente Municipal) apoya el accionar del Cura.

   La información proporcionada por Forestier fue la que culminó el proceso de satanización del sacerdote que ya había sido indagado por el Servicio de Inteligencia Naval (SIN) y posteriormente por la inteligencia pampeana, producto de las denuncias de los vecinos de Jacinto Aráuz que lo tildaban de simpatizante de los grupos subversivos que habrían operado en la zona. Ricardo Rostán, el principal informante, había acusado al padre Bosch de che maoísta llegando incluso a citar a monseñor Jorge Mayer, a la sazón obispo de La Pampa, quien había atestiguado la existencia, en la parroquia de Aráuz, de una carpeta tejida con el rostro del Che Guevara (causa 482/76, a fs. 9-10). El mismo Rostán acusa a Bosch de ser el propulsor de un diálogo ecuménico con la iglesia valdense local mientras había estado a cargo del pastor Carlos Delmonte, también sospechado de estar a favor de causas de izquierda. En el informe del SIN del 24 de mayo de 1976 (causa 482/76, a fs. 9) leemos al respecto: Asimismo se informa que el cura párroco efectuaría reuniones en las afueras de JACINTO ARÁUZ con integrantes de otro culto denominado “Iglesia Valense” (sic).

   En los días en que transcurrió el Operativo la casa parroquial de Jacinto Aráuz fue allanada, frente a  lo cual el padre Valentín Bosch se vio obligado a exiliarse del país, mientras que el sucesor de Delmonte en la iglesia valdense, el pastor de origen suizo Gerardo Nansen, fue secuestrado y torturado en el Puesto Caminero de la Ruta 35, si bien horas después recuperó la libertad..

   Finalizado el Operativo, Baraldiní elevó a la jefatura de la Subzona 14 un RESULTADO SINTÉTICO (sic) en el cual, referido al cura párroco, en el punto 2 dice lo siguiente:

Hasta dónde tiene participación en esta actividad [la subversión en la zona] el Padre Valentín Bosch, ya que si bien residía en San Martín, en Jacinto Aráuz editaba y publicaba “El Encuentro”. De su residencia se secuestró: ejemplares del 1 al 300 del periódico “El Encuentro”; bibliografía tercermundista; una máquina de imprenta chica y apuntes con frases deteriorando gravemente la imagen de las FF.AA. y de Seguridad (causa 482/76 a fs. 67).

   Mención aparte merece la vil denuncia de Forestier en la que acusaba a un lejano predecesor en el ejercicio del cargo durante la dictadura de Onganía, el ex intendente Julián Suárez, de colaborar con el sacerdote en la campaña a favor de los que habían sido secuestrados y todavía se ignoraba su destino, cosa que Baraldini desestimó.

   Por otra parte, en su declaración ante el tribunal del juicio oral llevado a cabo en Santa Rosa, en 2010, donde se condenó a los primeros nueve represores que actuaron en la Subzona 14, el ahora fallecido comisario Roberto Constantino se refirió a un asado que el intendente de Jacinto Aráuz, secundado por el grupo de notables que habían desatado el pandemonio, ofreciera a Baraldini e Iriart con motivo de haber librado al pueblo del flagelo de la subversión. El informe elevado por Baraldini a su superior Iriart  es, en ese sentido, muy elocuente: Durante los allanamientos llevados a cabo en Jacinto Aráuz se recibieron manifestaciones de apoyo por parte de la población hacia las FF.AA. y de Seguridad (cusa 482/76 a fs. 67).

Un caso delirante

Dos días después de que se iniciara el Operativo Aráuz, el viernes 15 de julio de 1976, el médico a cargo de la Sala de Primeros Auxilios local, Dr. Luis Valentín Carlino, oriundo de la provincia de Córdoba, se dirigió, como cada mañana, a la sede del Club Villa Mengelle en donde solía compartir la charla, café de por medio, con los habitués del lugar. A la luz de lo que estaba ocurriendo en el pueblo, el tema obligado sería el gigantesco Operativo militar y policial que se estaba llevando a cabo en Jacinto Aráuz. El día anterior, la Sala de Primeros Auxilios -como la casa parroquial y la mayoría de las viviendas del pueblo- había sido allanada por los uniformados. Carlino, hombre locuaz y expresivo, no exento de mordacidad, se refirió a este hecho utilizando expresiones que los presentes interpretaron como muy despectivas hacia los uniformados. Carlino había dicho algo así como “es absurdo que busquen a un fugitivo  (refiriéndose a la fuga de Quartucci) en una sala de enfermería”. Los que escucharon los comentarios del médico corrieron inmediatamente a informar a los que habían copado el pueblo y muy pronto Carlino fue detenido y trasladado a la Colonia Penal de Santa Rosa, donde permaneció hasta diciembre de 1976, en que fue liberado.

   El caso de Carlino es muy interesante pues se trató de la única persona sin ninguna relación con el Instituto José Ingenieros que sufrió la represión. Fueron sus palabras en el Club Villa Mengelle las que sellaron su suerte. La Causa 482/76 registra los nombres de los denunciantes: Horacio D. Porlay (concesionario de la cantina), y los parroquianos  Alberto María Falciola, los hermanos Emilio y Basilio Beltramo, y Gregorio Lildio Matir (aka Goyo), esposo de otra delatora.

   La desmesura de la acción contra Carlino se explica por el clima que se vivía en Jacinto Aráuz a raíz del Operativo. Sin embargo, habría que bucear en la mente febril de Baraldini para tratar de encontrar alguna razón a tanta sinrazón. De Luis Valentín Carlino, en el RESULTADO SINTÉTICO arriba citado Baraldini observa lo siguiente (Causa 482/76, a fs. 47):

Detenido el 17-7-76. ELEMENTO IZQUIERDISTA. Se encuentra al frente de la Sala de Primeros Auxilios de Jacinto Aráuz.

RECONOCE:

-Haber hecho manifestaciones públicas deteriorando gravemente la imagen de las FF.AA. y de Seguridad.

-Pertenecer a la EXTREMA IZQUIERDA.

-Afiliarse al F.I.P. (Frente de Izquierda Popular), para cuya organización trabajó en Córdoba activamente en 1973.

-Simpatizante de los guerrilleros por considerar que éstos luchan y mueren por un ideal, no como simples ladrones.

   Estas palabras, producto del celo represivo de Baraldini, pocos días después, mediante el informe del 27 de julio, elaborado en Santa Rosa y destinado al comandante Iriart donde, se complementan con lo siguiente:

Relacionado con el mismo asunto que nos ocupa, resultaría necesario atender el caso particular de Luis Valentín CARLINO, quien, de acuerdo con su hermano mellizo, sufriría de neurosis, debiendo ser asistido por médicos siquiatras, habiéndosele diagnosticado tranquilizantes y vivir solo, ya que el hacerlo acompañado alteraba su estado nervioso.

   La curiosa sintaxis y el más que curioso diagnóstico acerca de la salud mental de Carlino, nos llevan a la conclusión de que para un militar con sueños de grandeza como Baraldini -futuro Carapintada- hablar mal de las “FF.AA. y de Seguridad” sólo cabría en un marxista o… en un loco. Por alguna insondable razón, Baraldini optó por declarar “loco” a Carlino, por lo cual, pasando por encima de la “justicia” que finalmente fue convocada para juzgar a los “rojos”, ordenó dejar en libertad al médico desquiciado el 10 diciembre de 1976.

   El caso Carlino es una muestra clara de las cotas de delirio que se pueden alcanzar cuando se conjugan un ambiente pronunciado de delación, como el que entonces imperaba en Jacinto Aráuz, con los delirios mesiánicos de un psicópata uniformado, siempre calzado con botas de montar impecablemente lustradas en las que hacía chasquear el rebenque que jamás abandonaba. ¡Ridícula figura la de este jinete sin caballo!

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