Memoria, Verdad y Justicia = Castigo y Reparación

???????????????????????????????(Nota con audio) El miércoles pasado declaró en el juicio Armada Argentina – BNPB el ex concejal justicialista de Punta Alta Aedo Héctor Juárez. Al día siguiente visitó los estudios de FM De la Calle y reflejó su testimonio a partir de dos momentos: la preparación del golpe de Estado con los jerarcas del genocidio intentando cooptar dirigentes políticos y, por otro lado, las consecuencias que tuvo en su vida la difusión en La Nueva Provincia de una foto tomada en un centro clandestino.

“El objetivo era económico, político, social, gremial y cultural. La transformación que estábamos viviendo y que seguimos viviendo hasta hoy, no les gusta. Los que tienen mucha plata quieren que la gente sea esclava, con una escarapela en el pecho pero esclava. Eso no lo van a lograr porque la juventud aspira a liberarse”, aseguró el martillero público de 82 años y agregó que su fórmula es así: “Memoria, Verdad y Justicia, igual a Castigo y Reparación. Yo quiero que el castigo lo cumplan en vida”.

El tribunal oral subrogante compuesto por Jorge Ferro, José Mario Triputti y Martín Bava juzga a 25 represores de la Armada Argentina, el Ejército, la Prefectura Naval, el Servicio Penitenciario y la Policía bonaerenses. Las audiencias continuarán el próximo lunes 29 de septiembre a las 9 en Colón 80.

Hasta el comienzo de la última dictadura cívico militar clerical, Juárez vivía con su esposa y tres hijos en un marco de felicidad que define como “no tener apremios, problemas de salud, no tener problemas de ninguna clase, con un ingreso mínimo para satisfacer las necesidades básicas de un hogar y un autito que perdí junto a la casa a consecuencia de este golpe de Estado”. Además de la banca en el Concejo Deliberante a la que accedió en una elección en la que su lista fue apoyada por “las dos terceras partes de la población”, ejercía la docencia en el Colegio Nacional.

“El clima desde 1975 se puso muy áspero políticamente. Sucedían cosas raras, se ponían bombas, había atentados. La prensa intimidaba a la población. Le puedo decir que muchas de esas bombas estaban puestas por los que las denunciaban. Era un clima ficticio pero muy peligroso. A mí no me pasaba nada pero era consciente”, recordó.

Destacó que “había una juventud efervescente que quería actuar y era perseguida. Esa juventud, como la de todas las generaciones, siempre tiene aspiraciones a desarrollar sus ideas y lograr lo que todos perseguimos en este país. Acá yo aprendí desde chico, desde los 12 años que milito en política, que nadie puede oponerse a la regla de oro que es buscar una patria justa, libre y soberana”.

Juárez explicó que la conspiración de la fuerza que lo tuvo de joven entre sus filas se reforzó con el decreto ley “arrancado” al gobierno de Isabel Perón. “En el ’75 las fuerzas armadas fueron muy astutas y pidieron una orden para reprimir a la subversión. Subversión que no existió nunca porque subvertir es alzarse contra el poder y eso lo hicieron ellos y no por primera vez porque la historia viene desde 1930, aquella década infame. La memoria no se borra”.

“Se estaba preparando en la Base gente para adiestrarla, para inculcarle odio a la población civil, a la juventud que estaba trabajando en distintas agrupaciones, y llegaron a hacer algunos secuestros y fusilamientos ya desde el 75”, dijo y agregó que llegó a denunciar la situación “en la cúspide del partido peronista pero no tuve éxito porque allá ya sabían”.

La preparación consistía en adoctrinar a los cuadros menores para “la lucha contra la subversión”. “En el ámbito militar es fácil porque los que reciben esa instrucción están a sueldo y no les importa, obedecen órdenes, tanto es así que muchas veces algunos hijos tuvieron que ir a secuestrar al padre o al revés”.

Los marinos buscan apoyo civil

“Yo era secretario del Concejo Deliberante. El presidente se llamaba (Rodolfo) Canini. Un día nos invita el jefe de la Base porque viene el almirante Massera. Una invitación protocolar.  Cuando llegamos, aparte de estar Canini y yo, estaba (Jorge) Valemberg, presidente del Concejo Deliberante de Bahía Blanca y (el titular del bloque del FREJULI Gerardo) Carcedo, uno fallecido y el otro desaparecido. Los escuchamos, saludamos, un clima interesante. Pero empezó a hablar Massera diciendo que quería ser presidente, que era peronista. Nosotros estábamos en el gobierno, en el partido oficialista, y nos tomó como que teníamos que incorporarnos a la preparación que estaban haciendo ellos. Nosotros escuchamos nada más, le dijimos que no teníamos nada que aportar porque nuestra función se limitaba al Concejo Deliberante”, detalló Juárez.

Explicó que “cuando las fuerzas armadas recibieron la orden de represión, dentro de las tácticas empleadas había una que era la información. Salir a la calle, buscar informes (…) Así formaban las listas, ellos le llaman servicios de inteligencia, nosotros le llamamos más vulgarmente servicio de alcahuetes”.

En una segunda convocatoria se entrevistaron con el vicealmirante Luis M. Mendía, su futuro sucesor Antonio Vañek, el jefe del Estado Mayor contraalmirante Manuel Jacinto García Tallada y el jefe de la Base Naval Puerto Belgrano, Eduardo Oscar Núñez, entre otros genocidas. “Nos dijeron que querían matar a (el militante peronista Everardo) Facchini, yo lo conocía bien, era un chico sobresaliente. Lo conocí en el secundario, yo era profesor. Dijeron que pagaban, que tenían alguna logística para ver si alguien se animaba. Nosotros escuchamos, dijimos ‘No sabemos nada de Facchini’, no nos prendimos a esa sugerencia de tomarnos como alcahuetes”.

“Eso fue suficiente para que supiéramos en qué posición estaba en ese tiempo la Armada. El golpe se producía en cualquier momento, estábamos prevenidos y preveníamos también a nuestros partidarios”, sostuvo Juárez.

El golpe

El ex concejal rosaleño afirmó que “Punta Alta es una ciudad muy sui generis. El que no es militar depende totalmente de la Base porque tiene el padre, el tío o el hermano militar o que trabaja en la Base. Todo lo que se hace en la Base en Punta Alta se conoce porque vienen los que están adentro y comentan. Por ejemplo, los obreros que preparaban el 9 de Julio para cárcel nos comentaban todos los días”.

La noche del 23 de marzo de 1976 las fuerzas navales tomaron todas las instituciones de la ciudad que entonces tenía una población de 70 mil habitantes. “Me enteré muy temprano de que ya habían tomado el Concejo Deliberante, quiere decir que dentro de un rato me vienen a buscar a mí. Reuní a mi familia, tomé las medidas para procurar defender su integridad física y me vine a Bahía Blanca, nos ocultamos en la casa de una hija que estudiaba acá”.

“El 24 me contacté con amigos de Punta Alta y me dijeron ‘Anoche te reventaron la casa, está abierta, la puerta rota, entraron, todo el vecindario estuvo mirando desde adentro, vinieron dos o tres camiones llenos de gente armada’. Después fueron a la casa de un hermano que tenía, un desastre. Quedamos sin saber qué hacer. Una incertidumbre total”, relató.

Finalmente decidió presentarse junto a un oficial de Prefectura que conocía en el Puesto Nº1 de la Base Naval Puerto Belgrano. “Cuando me metieron la capucha se terminó el mundo para mí. Me sometieron a tortura, interrogándome, me preguntaban cosas que no sabía, me pegaron, era mucha gente la que estaba ahí”.

Estuvo en cautiverio un mes en el buque ARA 9 de Julio, otro en el Batallón de Comunicaciones 181 y luego lo “blanquearon” en las cárceles de Villa Floresta y La Plata.

“Los ocho mosqueteros”

"V Cuerpo: Nueva nómina de detenidos". LNP 27/5/76

Fue “un certificado de defunción social”. “V Cuerpo: Nueva nómina de detenidos”. LNP 27/5/76

Juárez manifestó que el 26 de mayo de 1976 en el Batallón de Comunicaciones 181 -donde permanecía desaparecido- le tomaron una foto: “Nos forman a esos ocho mosqueteros -Benamo, yo, los dos hermanos Giorno, Carracedo, Berardi, Canini y Barcia-. No sabíamos qué pasaba. ‘Acá nos largarán’, pensábamos. Nos cargan en un camión y nos trasladan. Vamos a parar a la cárcel”.

Al día siguiente, la imagen ilustraba una de las tantas piezas de acción psicológica que producía La Nueva Provincia, el diario terrorista de la familia Massot. “Esa foto para mí fue un diploma que es imborrable para toda mi vida. Está en el éter, no se puede borrar. Es un diploma de delincuente que me pusieron. Y a la vez es un certificado de defunción social porque significó para mí un cambio total en mi vida de relación”.

“Usted sabe que siempre el imaginario colectivo piensa que si a alguien le pasó eso y sale en una foto tan grande, ‘algo habrá hecho’, ‘en algo andaría’, ‘algo le habrá pasado’. Es muy difícil borrar esa imagen. Esa imagen me persigue, llevo casi cuarenta años sin poder superarla. Pero gracias a dios pude criar mi familia, mis hijos son grandes, tengo nietos, bisnietos, y haber declarado es para conseguir que ellos sepan lo que fui”.

Escuchá la entrevista:

http://www.ivoox.com/aedo-hector-juarez-18-9-14_md_3522329_wp_1.mp3″

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