El lunes continúan las audiencias

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Ampliamos la información sobre las declaraciones del juicio Armada Argentina – BNPB en el que son investigados 25 represores imputados por crímenes de lesa humanidad cometidos durante el Terrorismo de Estado en Bahía Blanca y Punta Alta.

El martes 16 por la tarde se presentaron ante el tribunal Stella Maris Pazos de Aldekoa -hija de Rodolfo, secuestrado dos veces durante la dictadura y sobreviviente de campos de concentración de la Armada y el V Cuerpo de Ejército; y los ex detenidos del ARA 9 de Julio Norman Oscar Ochoa y Juan Antonio Fernández.

Antes, había declarado el ex detenido Arturo Ricardo Sendes en relación a los hechos que tuvieron como víctima a Rodolfo Canini, ex presidente del Concejo Deliberante e intendente interino de Coronel Rosales.

Las audiencias continuarán los próximos lunes 29 y martes 30 desde las 9 en Colón 80 de Bahía Blanca.

“Siempre alguien de la Base contaba”

La docente jubilada Stella Maris Pazos de Aldekoa testimonió sobre el secuestro de su padre Rodolfo, ex secretario de Bienestar Social de la Municipalidad de Punta Alta. Ocurrió la noche del 24 de marzo de 1976 en el estudio del funcionario donde vivía su hija con su familia.

El domicilio fue rodeado por la Policía Naval y un grupo de infantes de marina ingresó buscando a Aldekoa. “Me rompieron el auto que estaba dentro de la cochera, revolvieron, hicieron un desastre (…) al nene de dos años lo golpearon contra un placar con los barrotes de la cuna”.

A Rodolfo lo detuvieron en Alberdi 77, lo llevaron al Puesto Nº1 de la Base Naval y luego al buque 9 de Julio. “Todos los días era amenazas de que los llevaban a Baterías y eran boleta”, contó su hija. “Siempre había alguien que trabajaba en la Base y nos contaba, un señor Marcos que nunca más vi, civil, fue a mi casa, se presentó y me dijo que estaban todos en el 9 de Julio”.

Unos 15 días después lo liberaron cerca de su casa, “le dijeron que no se dé vuelta porque le iban a matar a toda su familia”.

Al tiempo una patota del Ejército lo cargó en un Falcon verde y lo mantuvo en cautiverio en el Batallón 181. “Alguien que trabajaba allí nos dijo dónde estaba, pero él sabía. Fui a ver a (el arzobispo Jorge) Mayer y me dijo que seguramente había sido muerto por los subversivos si no aparecía en tres días. Lo trataron muy mal, le aplicaron la picana, escuchó que uno le decía al otro ‘Pará que se nos va porque está violeta'”.

Néstor Pazos, un primo sacerdote de Stella, vino al país y pidió al obispo Emilio Ogñenovich autorización para ingresar al Batallón. “El dr. Guido había pedido un habeas corpus y se lo negaron diciendo que ahí no había nadie detenido, mi primo había estado con él. A partir de ese momento lo trataron mejor”.

Mediante un tal Alenis pudieron hacerle llegar alimentos e intercambiar algunos mensajes que “mi papá nos escribía en los bordes de los diarios”.

Pazos de Aldekoa fue sacado de la unidad militar en un camión y abandonado en un charco detrás del cementerio: “El camión da la vuelta, vuelve, le preguntan qué hace ahí y dicen que seguramente lo tiraron los subversivos. Le piden los documentos, obviamente no los tiene y lo llevan a la comisaría”. Allí lo reencontró su familia en septiembre del ’76.

“Después de lo sucedido la gente no quería hablar con nadie de los que se habían llevado. Cuando me presenté a trabajar era como que mis compañeros eran otros, había mucho miedo”, concluyó la testigo.

“Venían recolectando gente”

En su casa familiar, delante de su esposa e hijos de 7 y 13 años fue detenido el ex empleado del Ministerio de Trabajo Arturo Ricardo Sendes. Fue a primera hora del 24 de marzo cuando una patota de uniformados desplegó el operativo planificado por la marina.

A través de la capucha pudo ver el colectivo con el escudo de la Armada Argentina que “venía recolectando gente”. En la comisaría de Puerto Belgrano lo primero que le dijeron fue que lo habían llevado equivocado pero no lo podían liberar. Le preguntaban si gremialistas de Empleados de Comercio y de la UOCRA que concurrían al ministerio coimeaban a las empresas. Aseguró que “había rumores”.

Por la noche le llevaron un pedazo de carne con una papa que no pudo comer por los nervios. No le permitían apagar la luz del camarote donde estaba. No pudo dormir: “Pasaban por delante de la puerta moviendo las armas, las carabinas. Sacaban gente toda la noche. Al otro día aparecen tres encapuchados, abren la puerta, me hacen desnudar y me sacan fotos”.

Fue liberado días después en Roca y Mitre de Punta Alta. Trabajó dos meses más en el ministerio hasta ser llamado por el capitán Fidalgo, interventor del organismo condenado en el segundo tramo del Juicio V Cuerpo de Ejército. Lo recibió con una Itaka sobre la mesa y le comunicó que tenía muy buenas referencias suyas pero debía despedirlo.

“Ustedes están todos muertos”

Norman Ochoa trabajaba en la Cooperativa Eléctrica y militaba en el Sindicato de Luz y Fuerza de Punta Alta. Fue secuestrado el 24 de marzo de 1976 tras la irrupción de un grupo de marinos armados que rodearon y revisaron la vivienda antes de cargarlo en una camioneta. A pesar de la capucha pudo “seguir mentalmente el itinerario” que culminó en la Base Naval Puerto Belgrano.

Manifestó que permaneció por unas seis horas parado en un patio hasta su traslado a “un calabozo muy chico, todo metálico” donde sentía “olor a mar”. La primera noche que pasó allí fue interrogado: “Me sacan la ropa de la cintura para abajo y me tiran baldes de agua fría, escucho voces, uno dice: ‘Prepará la picana’. Siento ruido de un artefacto eléctrico como si fuera una perforadora, espero a ver qué pasa y nada. Me tiran otro balde de agua y me preguntan quiénes eran los comunistas y los terroristas de Punta Alta”.

“La segunda noche nos meten en un camión y nos dicen, ‘Ustedes están todos muertos porque los vamos a fusilar’. Algunos lloraban. Dan vueltas por la Base, vuelven y otra vez al calabozo. Fue una falsa advertencia”, relató el contador jubilado. Al día siguiente, a dos cuadras de su casa, “uno me saca la capucha me dice ‘Bajáte, camina y no mires para atrás”.

Finalmente comentó que sus hermanas consultaron a “gente amiga”, civiles de la Base, que les aseguraron que “no se podía hacer nada por más influencia que tengan”. El tribunal pidió nombres y el testigo sostuvo que no recordaba quiénes eran y que estaban muertos. El juez José Triputti marcó la contradicción y agregó: “Usted manifiesta que todo Punta Alta sabía pero viene acá y no sabe ningún nombre”. Jorge Ferro insistió. “Bueno, no sé si están muertos, eran gente mucho más grande”, terminó.

Ferroviario detenido

El ex empleado ferroviario de Ing. White Juan Antonio Fernández contó que el día del golpe de Estado personal de Prefectura lo capturó mientras cumplía sus tareas de llamador y lo llevó a la sede de la fuerza en el puerto bahiense.

Estuvo algunas horas en un celda sin recibir explicaciones hasta que el Ejército mando a buscarlo y recluirlo en el Batallón de Comunicaciones 181. “Iba con las manos libres y veía sin problemas, los uniformes eran de fajina, color verde, era una camioneta grande, lo conozco porque hice el servicio militar en el Comando V Cuerpo. No es lo mismo pero estaba comunicado, haciendo el servicio militar fui castigado en la misma celda en que estuve preso en esa época”.

Allí pasó alrededor de una semana sin ser interrogado. Compartió parte de su cautiverio con otras dos personas, “tengo los nombres completamente borrados”. Luego lo trasladaron al gimnasio del Batallón donde se encontraban el presidente del Concejo Deliberante bahiense Jorge Valemberg, el titular de la UOM Albertano Quiroga y más dirigentes políticos y gremiales.

El suboficial Zurita le tomó una declaración y menos de un mes después lo liberaron. “Agarre sus cosas y se va”, le dijeron. “Salí, cruce el Parque de Mayo y me fui a mi casa”. “¿No le parece extraño que lo dejaran solo? ¿Nadie comentaba nada?”, preguntó Triputti. “Yo podía hablar con todo el mundo. Preguntaba por qué están acá. ‘Yo por comunista’. ‘Yo de la UOCRA’. Valemberg sé que estaba en la Liga del Sur de Fútbol. Cruz era un hombre que me llamó la atención, tenía todos los pelos parados y hablé con él, hablábamos cosas sin relevancia”.

Sobre las causas de su secuestro, supone que más allá de una “insignificante” afiliación a la juventud comunista, pudo ser porque “vivía en la misma casa que un dirigente gremial que me crió, Rubén Sebib”.

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