Semana de breves audiencias

Puerto whiteSolo seis testigos declararon entre lunes y martes en el juicio Armada Argentina – BNPB en el que se imputan crímenes de lesa humanidad a 25 represores. El primer día lo hicieron los trabajadores portuarios y dirigentes sindicales Ramón Oscar Reynafé, Edgardo Ponce, Aníbal Héctor Perpetua y Héctor Ramón Duck quienes fueron secuestrados por Prefectura Naval y detenidos en dependencias de la marina. En tanto, Silvia Noemí Becerra y Ester Zimmermann se refirieron al secuestro de Rubén Jara.

El accionar terrorista de la familia Massot, propietaria del diario La Nueva Provincia, surgirá con más fuerza en el debate durante las próximas audiencias –14 y 15 de octubre a las 9– cuando se analicen las responsabilidades de su mano de obra uniformada en los secuestros y fusilamientos de los obreros gráficos Enrique Heinrich y Miguel Ángel Loyola.

Aquí publicamos las primeras reseñas de lo que dejó la semana.

Los Reynafé

Ramón Oscar Reynafé, estibador del puerto y afiliado al Sindicato Único de Petroleros Argentina (SUPA) fue secuestrado en 1976. Cuando irrumpieron por primera vez en su domicilio estaba trabajando en Médanos, por lo cual, al regresar a la cuidad su esposa le contó lo sucedido y decidió presentarse en Prefectura Naval. “Cuando llego me dicen que quedo a disposición del Poder Ejecutivo Nacional y quedo detenido en un calabozo donde estaba mi hermano Ernesto Reynafé y otro más, Chisu”.

Por la noche, numeraron a los prisioneros y los hicieron subir a un vehículo, encapuchados. Cuando la camioneta se detuvo, los trasladan a unos camarotes: “siento una luz muy fuerte y el rugido del mar. Me dijeron que camine despacio porque si yo me movía, me largaban e iba a parar al mar”. Encerrado, perdió la noción del tiempo. Otro día lo subieron a un camión y lo llevaron a declarar.

Mientras esperaba ser interrogado, escuchó a  otros detenidos, entre los cuales reconoció por la voz a Aníbal Perpetua. A su turno, “entro y había una persona con unas insignias en los hombros y una bandera argentina detrás de él. Me dijo que conocía todos mis datos y los de mi familia. Y que no teníamos que hablar ni decir nada, nos metieron un miedo tremendo”. Ramón no recordó detalles del interrogatorio, solo lo sucedido antes y después.

De allí, de vuelta a un camión y los llevaron al puente La Niña. En el vehículo se dio cuenta que estaban sus otros dos hermanos, Ernesto y Ernesto del Luján. Descendieron del vehículo en el puente y, caminando, emprendieron el regreso a su casa.

Pese a haber estado detenido junto a uno de sus hermanos y haber reconocido a otro en el camión de vuelta, Ramón dijo que “me quedé con eso de que no se podía contar nada porque podía tener consecuencias la familia, entonces ese tema no se tocó nunca más. Nunca hablé con mi hermano de lo sucedido”.

“Aférrese a dios porque usted está en la lista”

Para testimoniar en primera persona sobre su secuestro  y cautiverio en el buque ARA 9 de Julio, declaró Edgardo Ponce. En 1976, era estibador del puerto y, como Reynafé, pertenecía al gremio SUPA. Militaba en la resistencia peronista desde muy chico.

Un día, luego de terminar su jornada de trabajo y mientras descansaba, personal de Prefectura irrumpió en su casa y lo subió a un camión celular que estaba estacionado en la puerta. “Me la veía venir”, dijo manifestando su falta de sorpresa. Ponce declaró que previo al secuestro, los que controlaban el ingreso y egreso de la Base Naval Puerto Belgrano tenían especial atención para con él. Todos los días tardaba un tiempo considerable el permiso para entrar o salir.

Sintió un género grueso en la cabeza. Era una capucha. Lo subieron a un camión. “Podía sentir la presencia de otras personas pero nos advirtieron que no tuviéramos diálogo alguno entre nosotros porque de lo contrario íbamos a perder la vida”.

Los llevaron a la Base Naval, reconoció la sede militar porque desde chico iba a jugar ahí. Los dejaron en un lugar que utilizaban como calabozo. Varias horas pasaron hasta que los sacaron a los empujones y caminó un trecho. Supuso que era una planchada para subir al barco y ahí los pusieron a todos juntos. Recién en ese momento  pudo sacarse la capucha y reconocer con quiénes estaba detenido: entre ellos, Barragán, Reynafé, Chisu, Alfaro,  Vázquez y Apud.

Lo sacaron de esa sala común y lo llevaron a un calabozo particular, con la orden de no sacarse la capucha. “El ruido de las hamacas del barco era insoportable, no podía dormir. Perdí la noción del tiempo. Ahí realmente conocí el miedo”. Tras un nuevo traslado, fue interrogado: “Uno de ellos me dijo, ‘Si cree en dios, aférrese a él porque usted está en la lista”.

Lo trasladaron de camarote varias veces más. En una de ellas tomó coraje y se comunicó con otro detenido. En las puertas de los camarotes decía “Lista”. “Pensé que ahí se terminaba todo”. Después, lo llevaron a una oficina y supo que estaba en presencia de uno de los jefes.  “Decía que ellos estaban para salvar a la patria, que primero estaban ellos y después  todos nosotros. Esperaba que nos comportáramos correctamente. Nos tenían amenazados con nuestras familias”.

Transcurrieron varios días más y fue liberado luego de recorrer un trayecto de unos veinte minutos.

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