“Ya pagarán por lo que están haciendo”

El Diario, 5/10/1975.

El Diario, 5/10/1975.

Desde Barcelona declaró en el juicio Armada Argentina – BNPB el periodista Carlos Iaquinandi, ex trabajador de LU3 y dirigente del Sindicato de Prensa de Bahía Blanca. Compartió con los obreros gráficos Enrique Heinrich y Miguel Ángel Loloya la tarea gremial y duras negociaciones por el cumplimiento de los convenios colectivos.

En una reunión paritaria en el Ministerio de Trabajo escuchó como “uno de los hijos de Diana Massot” advirtió: “’Ya verán cómo termina esto’ o ‘Ya pagarán por lo que están haciendo’. En aquel momento lo tomábamos como una discusión y no con el tono que tenía la amenaza. Fueron dirigidas a Heinrich y Loyola. A los que podía reconocer eran una persona Marra y al abogado Jáuregui”.

“Yo no trabajaba en ningún medio de La Nueva Provincia pero teníamos una relación muy próxima. Había una clara división entre los compañeros cercanos a los sindicatos y otros ligados a la dirección de la empresa con cargos jerárquicos, a los que le desconfiábamos abiertamente porque eran las personas que trasladaban lo que se pensaba y lo que se iba a actuar. Simplemente por táctica sindical, nunca nos imaginamos que tuviéramos que tener reserva en cosas que después tuvieron una derivación trágica”, relató.

Aseguró que desde 1973 la persecución venía de “compañeros de LNP, LU2 y Canal 9”, que la familia Massot se manejaba “con sus propias leyes” abandonando las “formas republicanas y democráticas” que pregonaban las editoriales de su diario y reivindicó a los gráficos: “Hoy no están ni Heinrich ni Loyola, pero sus hijos, sus familias, sus compañeras pueden estar orgullosos de su lucha y de su dignidad”.

“LNP llevaba la batuta”

Iaquinandi se remontó a 1973 cuando debía renegociarse el convenio y se produjeron litigios por incumplimientos laborales que derivaron en los paros de 1975. “Por primera vez llegamos a la huelga que abarcaba prácticamente a todos los sindicatos de los medios del grupo  La Nueva Provincia”.

“La actitud de LNP era vivir con sus propias leyes, a pesar que en sus editoriales mezclaba el pregón de formas republicanas y democráticas, en la práctica prescindía de las disposiciones legales, salvo las que presuponía que podían tener un beneficio para su proyecto empresarial. Eso hacía que hubiera que discutir en un tono paternal en un momento y, en otro, con veladas o concretas amenazas”, dijo al tribunal.

El periodista recordó que los trabajadores de LNP tenían condiciones laborales y salariales “bastante inferiores en relación a otros diarios similares del país” y que en las negociaciones con las patronales de los medios bahienses “LNP llevaba la batuta”. “A veces la dirección de LU3 me decía que hubieran admitido algunos beneficios mayores pero reconocía que quien mandaba era el grupo LNP”.

“A partir del ’73, a las habituales sanciones disciplinarias o la perdida de trabajo, se le sumaba la posibilidad de señalar a algún trabajador de los sindicatos públicamente vinculándolo con algún grupo que ellos consideraban subversivos. No hablemos ya de las organizaciones armadas, pertenecer a una corriente política, aunque sea legal, para ellos era una forma de marcar a una persona con la posibilidad de que fuera desaparecido o secuestrado”, sostuvo.

“Qué lindo ser acusado por los patrones”

cacheroliA pesar de los cortes de la videoconferencia, Iaquinandi pudo rescatar un viejo documento que respondía a una solicitada de LNP que firmaba José Román Cachero, personal jerárquico del diario expulsado del gremio de Prensa por inconducta sindical. El 8 de noviembre de 1973 el servidor de Massera denunciaba a miembros del sindicato como “marxistas disfrazados de peronistas”, transformándolos en blancos de organizaciones parapoliciales como la Triple A.

El texto era una intervención del periodista en una asamblea realizada el 25 de noviembre de aquel año y decía: “Nuestras demandas en derechos y salarios nos hicieron ganar el odio de algunos señores porque con la aplicación de la justicia los perjudicamos. Porque no se ha inventado ningún método para que los derechos de los trabajadores, nuestras conquistas, no se logren a costa de que las patronales sacrifiquen un poco de sus ganancias, de sus beneficios. Y hubo entonces quienes se conjugaron para cortarnos las cabezas. ‘Dijo Fulano que cueste lo que cueste la vas a pagar’. Claro, era el precio que nos querían hacer pagar por nuestra lucha. Pero qué lindo precio sería caer por los explotados, qué lindo ser acusado por los patrones pero contar con el apoyo de los que trabajan y los que sufren cotidianamente”.

Y sobre el final agregaba: “Compañeros, no se sumen a la maniobra que pretende atar de pies y manos al sindicato, sabemos que esta conjura no nació en los talleres, en los rincones de intendencia, de expedición, ni en las redacciones. Nació en despachos alfombrados que son para los que pagan los sueldos y no para quienes cobran un salario. Los despachos alfombrados son para los patrones o para quienes tienen vocación de alfombra, no para los trabajadores de prensa sindicalmente organizados. En nuestra conducta de hoy está el futuro del gremio. Pase lo que pase hoy, el día de mañana podré mirar a mi hija sin bajar la vista. Ojalá que todos podamos hacer lo mismo después de esta asamblea”.

“Al leerlo ahora, cuarenta años después, me di cuenta que esas palabras de mi intervención en la asamblea la podían haber expresado los compañeros Enrique y Miguel Ángel porque esa era también la lucha de Herinch y Loyola: una lucha limpia, honesta y consecuente”, manifestó el testigo.

El mensaje llegó

En otro tramo de su declaración, Iaquinandi describió al secretario general de los gráficos, Enrique Heinrich, como “una persona reservada, callada, ante una actitud de la empresa permanecía sereno, equilibrado. Totalmente entregado a la lucha y defensa de los intereses de los trabajadores de su sindicato”.

Tanto su asesinato como el de Miguel Ángel Loyola fueron “un golpe demoledor” y, “a pesar de que no tenemos ninguna prueba fehaciente, el sentimiento que tuvimos era que claramente algunas de las amenazas que nos habían llegado se concretaban en el secuestro de los compañeros”.

“Entre nosotros pensábamos que probablemente los asustaran, los tuvieran detenidos o los golpearan. Pero el hecho de que cuatro días después aparecieran los cadáveres con numerosos impactos de bala y huellas de tortura tuvo un efecto demoledor. Todo lo que nos podíamos imaginar quedó superado por la realidad”, afirmó.

Teniendo en cuenta “que eran dos personas honestas y entregadas a la lucha sindical, con toda sinceridad, nos veíamos reflejados. El mensaje llegó, en el sentido de que si lo que se pretendía era pasar de un amedrentamiento de amenazas a la concreción, fue perfectamente logrado”.

En el velatorio de uno de los obreros, sus compañeros se sorprendieron al ver a Iaquinandi porque “creían que yo podía ser el próximo a sufrir represalias”. En ese marco consultó al director de LU3 y le pidió garantías sobre su seguridad. Luego de algunas consultas, Pablo B. Serrat le sugirió que saliera de Bahía Blanca, “fue una recomendación de una persona que integraba la misma patronal que La Nueva Provincia”. Fue a ver a monseñor Emilio Ogñenovich y el obispo “miró en un cajón y dijo que no había datos míos. Después lamentablemente tuve conocimiento de la concomitancia que había tenido con el aparato represivo”.

 Luego de varios intentos por sortear las falencias de la transmisión desde España, país desde el que Iaquinandi dirige la agencia SERPAL (Servicio Prensa Alternativa), su testimonio quedó suspendido hasta una nueva audiencia que garantice una mejor comunicación.  

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