“¿Así que le querés cobrar a los militares?”

Víctor Fogelman.

Víctor Fogelman.

Rubén Adolfo Jara declaró el miércoles 15 de octubre ante el tribunal oral en el juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos en jurisdicción de la Armada Argentina.

El ex titular de la empresa OMPA y del Consejo Escolar de Punta Alta ratificó que fue el policía bonaerense Víctor Oscar Fogelman el autor material de su secuestro. “Estaba en mi oficina, entra Fogelman y me dice que lo acompañe hasta la Base Puerto Belgrano. Yo pensé: ‘Cagamos, algún problema debe haber’”.

“Los que me torturaban me pasaban facturas por mi buen pasar. Con mi empresa le debía cobrar a los deudores, ese dato nos lo daban los comerciantes, eran en su gran mayoría marinos, digamos el 90 por ciento. Mientras me picaneaban me insultaban, me decían, ¿así que vos le querés cobrar a los militares?”, relató.

Las audiencias continuarán el próximo martes 28 a las 9 en Colón 80 de Bahía Blanca.

“En el ‘76 tenía una empresa de cobranzas llamada OMPA, también trabajaba ad honoren en el Consejo Escolar por el partido peronista pero no era afiliado, logré ese cargo por votación de la gente de Punta Alta, ciudad en donde vivía en ese momento”, comenzó Jara.

El 28 de marzo a la tarde-noche lo fueron a buscar. “Estaba en una de las oficinas de mi negocio, entra Fogelman y me dice que lo acompañe hasta la Base Puerto Belgrano. Yo pensé, ‘cagamos, algún problema debe haber’. Le digo que me espere porque me tenía que cambiar, él me advirtió que no haga nada raro si no me mata y sumó que iba para largo”.

“A Fogelman lo conocía de la ciudad, ahí en Punta Alta nos conocíamos todos. Además, cuando era presidente del Consejo Escolar, alguna vez tenía que ir a los colegios que sufrían problemas, por ejemplo robos, entonces debía tener la compañía de algún policía y casi siempre era Fogelman. Asimismo, en alguna ocasión jugué al fútbol, también lo veía en una cancha”.

El testigo recordó el momento de su secuestro: “Fogelman estaba vestido de civil, no me maltrató físicamente pero sí psicológicamente. Entro al auto que estaba afuera, se encontraban  el sargento o cabo Núñez (lo conocía porque la señora trabaja en el servicio doméstico de mi casa), el comisario Urticau, otro oficial y no recuerdo a nadie más. El vehículo salió, no escuché ninguna sirena ni nada. Lo que me llamó la atención era que el auto entró con vía libre hasta la policía de la Base”.

“Todo el recorrido lo hice a cara descubierta, ya entrando por el puesto, no recuerdo cual, me encapucha Fogelman. Nunca más lo vi”.

Los interrogadores y sus “conocidos”

“Los que me torturaban me pasaban facturas por mi buen pasar. Con mi empresa le debía cobrar a los deudores, ese dato nos lo daban los comerciantes, estos eran en su gran mayoría marinos, digamos el 90 por ciento. Mientras me picaneaban me insultaban, me decían, ¿así que vos le querés cobrar a los militares?”, relató.

Cuando era presidente del Consejo tuvo inconvenientes con gente vinculada a la Armada: “Yo corté el tema, basándome en la ley. Lo que pasaba es que las suplentes perdían su lugar por las titulares (por lo general eran las señoras de los militares que estaban de pase), entonces traté de buscarle la vuelta y colocarlas en algún otro lugar. Otra de las cosas que me sucedió fue en un jardín de infantes al lado de la Escuela 22, el director de esa institución era familiar de un jefe de la base y yo tuve un problema por una puerta. Al tipo lo suspendieron”.

Jara describió sus días en cautiverio: “Ya encapuchado me llevaron a un lugar, estaba solo. Luego, estimo que me suben a un jeep, hacemos un recorrido, calculo que era un barco por los recovecos. Cuando me torturaban escuchaba varias voces, la que más se destacaba era la de Carrizo, parecía que dirigía la cosa. La reconocí porque era ‘chillona’. Nunca vi las caras”.

“En el primer simulacro dijeron que al lado mío había un sacerdote para que me confesara. Todo esto era afuera del barco”, manifestó y agregó que “en las sesiones de tortura se referían a mi mimeógrafo. Yo lo utilizaba para hacer formularios judiciales y demás, todo para no pagar la imprenta nada más”, explicó.

La liberación

“Un día me dicen que me dejaban salir pero me tenía que ir de Punta Alta y cerrar el negocio. Yo les dije que sí, pero que mi familia no porque no tenía a dónde ir. Mi ex mujer publicó un aviso en el diario que OMPA se cerraba”, comentó Jara.

Agregó que “a los días -salí el 9 de mayo del ’76- me dan la ropa y las demás cosas. Me dejan en el Puesto 1 o el otro, no recuerdo bien. Cuando salgo ya estaba publicado en el diario lo del cierre del negocio. Me obligaron a quemar todo, tuve que rematar todo, muebles, cajas y maquinas”.

“Después de eso mi ex señora habló con Adel Vilas para poder quedarme en Bahía Blanca y dijo que sí. Apareció un trabajo de ventas de filtros, pero debía recorrer Punta Alta e Ingeniero White. Yo pedí una audiencia con el capitán Molina y le expliqué, me autorizó. Lo fui a ver porque era el jefe de la Base.  Yo lo conocía por los medios de comunicación, por cartas al Consejo sabía que él era el jefe”.

“La marina no puede admitir que se equivocó”

Ya liberado, Jara contó que viajó “a Buenos Aires para hablar con el almirante Vañek que estaba en el congreso. Pedí la audiencia, voy a los días, entro y había varias personas de Punta Alta. Sale el almirante, charlamos, sus palabras fueron ‘la marina no puede admitir que se equivocó, yo solo puedo darle referencias’. Me da una carta con un sobre. Me tomo el tren, llego a Bahía Blanca, tenía la sensación que me estaban siguiendo. Me interceptan dos personas y me dicen que no moleste más al almirante”.

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