Todos apuntan a La Nueva Provincia

massots

Alejandro, Diana y Vicente Massot festejaron el golpe en los talleres de LNP.

Enrique Marano ocupa la secretaría general de la Federación Argentina de Trabajadores de la Imprenta, Diarios y Afines desde 1967 y, en la década del ’70, fue adjunto de Enrique Heinrich en la conducción del Sindicato de Artes Gráficas de Bahía Blanca. Declaró en torno al secuestro y desaparición de los obreros de La Nueva Provincia en el juicio contra 25 represores que actuaron en jurisdicción de la Armada.

El dirigente aseguró que sobre los trabajadores del diario golpista existían “presiones físicas, ambientales y morales” y agregó que “era muy frecuente la visión de personal armado, seguridad externa como interna, haciendo ostentación de su condición”. Vinculó los homicidios a la “gravitación que tenían tanto los altos mandos de la Base Naval Puerto Belgrano como del V Cuerpo de Ejército, incluso con reuniones frecuentes con la dirección del diario”. También declararon los trabajadores gráficos Teófilo Gandi y Anacleto Serra. Las audiencias continuarán este jueves desde las 9 en Colón 80.

A mediodía, el Concejo Deliberante homenajeará al periodista Néstor Ángel “Cacho” Barbieri reservando su nombre para ser destinado a un espacio verde de la ciudad. “Fue la voz familiar más creíble de Bahía Blanca y su zona de influencia”, argumentó la concejala Soledad Espina (FpV). El ex jefe del servicio informativo de LU2 fue mencionado días atrás como el filtro indispensable por donde pasaban las noticias referidas al genocidio.

Los fiscales Nebbia y Palazzani afirmaron en la imputación contra Vicente Massot que “el diario, la radio (LU2) y el canal (9) de TV –que conforman el grupo mediático- junto con las FFAA” cumplieron en una asociación ilícita “roles prefijados por reglamentaciones y planes militares, desde la ‘interminable’ serie de editoriales, presentación de falsas noticias, propaganda negra, manipulación mediática y todas las acciones psicológicas posibles puestas al servicio del exterminio”.

“No tengo ninguna duda”

El titular de Fatida, Enrique Marano, aseguró que mientras cumplía funciones en la Federación tenía conocimiento del conflicto que mantenía su gremio de base con la empresa La Nueva Provincia por medio de la información pública y por la que enviaban Heinrich y Loyola desde Bahía Blanca. Los reclamos de los trabajadores se originaron en la negativa de los Massot a cumplir los convenios colectivos renovados.

Por presiones de la directora del monopolio, Diana Julio, las negociaciones se trasladaron a la sede del Ministerio de Trabajo donde intervinieron los secretarios generales nacionales de los gremios afectados al multimedio: Gráficos, Prensa, Locutores, Aatra, Televisón y Espectáculos Públicos.

“Eso lo tuvo a su cargo el entonces subdirector nacional Pedro García, siendo ministro de Trabajo Carlos Ruckauf”, dijo Marano quien recordó que, si bien la dueña de LNP estaba en el edificio, “se negó rotundamente” a verle las caras a los gremialistas. “Se dio el hecho insólito que la audiencia no se pudo realizar con la presencia de ambas partes y los funcionarios, sino que estábamos en distintos locales en el edificio y el subdirector iba llevando y trayendo la discusión”.

Para el testigo el gobierno peronista “por acción u omisión” jugó a favor de la empresa. “Nos costó mucho trabajo y fundamentalmente los trabajadores que estaban aquí quedaron en una situación de debilidad. Si bien el Ministerio tampoco pudo desconocer que la tramitación de los cinco convenios colectivos se habían hecho ajustados a los procedimientos de ley en Buenos Aires”.

Marano aseguró que sobre los trabajadores de La Nueva Provincia existían “presiones físicas, ambientales y morales” y agregó que “era muy frecuente la visión de personal armado, seguridad externa como interna, haciendo ostentación de su condición”.

Respecto a los riesgos que corrían los dirigentes gráficos afirmó que habló con ellos para que “las cosas no se salieran de control” porque “la empresa desde 1955 tenía una actitud declarada en forma pública (en contra) de todo lo que tenía que ver con el peronismo”.

La protesorera del sindicato gráfico bahiense Hilda Méndez fue la encargada de informar al jefe de la Federación sobre los secuestros y la posterior aparición de los cuerpos de Heinrich y Loyola en la Cueva de los Leones.

Al evaluar las causas de los homicidios, Marano destacó el clima de “mano dura” que regía durante la dictadura y la “gravitación que tenían tanto los altos mandos de la Base Naval Puerto Belgrano como del V Cuerpo de Ejército, incluso con reuniones que tenían con frecuencia con la dirección del diario, lo que nos llevó a la conclusión de que venía por allí”.

-¿Producto de la actividad sindical en La Nueva Provincia vinieron los asesinatos?, quiso  ratificar el fiscal José Nebbia.

-De eso no tengo ninguna duda. Sí.

Huelgas nunca más

Luego de los crímenes de los referentes de la lucha gremial en La Nueva Provincia, Marano viajó en un par de ocasiones a Bahía Blanca para intentar que “el sindicato no cerrara y para darle un respaldo a la única persona de la comisión que estaba a cargo completo, que era la tesorera Hilda Méndez”.

“En la ciudad era como que el aire se cortaba con cuchillo. Nadie hablaba, todo el mundo de la casa al trabajo y del trabajo a la casa y cerrarse con llave. Dentro de la empresa esto causó un efecto aterrador”, comentó.

Ante la consulta por el abandono que sufrieron las familias de los dirigentes fusilados, el testigo se justificó: “Ese es otro tema. El sindicato quedó muy mal trecho después de estos hechos, al punto tal de que esta compañera falleció por un derrame cerebral. Los otros miembros que estaban durante ese lapso de tiempo, no fue mucho lo que pudieron hacer, junto con otros compañeros de Buenos Aires fuimos detenidos en la U9 de La Plata. El sindicato fue intervenido por un oficial del V Cuerpo de Ejército de apellido Martínez”.

No recordó que se hayan realizado nuevas huelgas en la empresa de la familia Massot ni siquiera tras la vuelta de la democracia. “Cualquiera que estuviere en situación de duda o sombra se los sacaban de encima. De hecho tienen prohibida la asociación sindical. Por lo menos para los gráficos nunca se pudo recuperar”, dijo el eterno titular de la Fatida.

Más adelante relató un allanamiento que realizó el Ejército en un pequeño alojamiento del sindicato donde solía parar en sus viajes a Bahía Blanca. Por una advertencia, Marano pudo adelantar su vuelta a Buenos Aires y zafar de una probable detención.

La señora y el general

Relató un encuentro que con anterioridad a los crímenes que se están juzgando, mantuvieron el entonces jefe del V Cuerpo de Ejército, Carlos Suárez Mason con la directora del diario, Diana Julio de Massot. “Se estaba hablando de la situación del país y la señora exigía una actitud más fuerte. Qué era lo que estaban esperando las fuerzas armadas para actuar. El general respondía que se estaban reuniendo los altos mandos, que era una preocupación. La señora, que se distinguía por tener expresiones duras -repito un gesto que nos dijo uno que estuvo presente-, dijo que lo que había que hacer era tenerlas bien puestas. Eso dio lugar a que el general se levantara y terminó la reunión”.

El juez José Triputti le remarcó que este tipo de reuniones ya están en los libros de historia y que lo que busca el juicio es dar con los autores de los homicidios, por lo cual, preguntó quién era la persona que participó en la reunión. Marano aseguró que era alguien del personal.

“Yo le perdí la pista porque hace muchos años tengo que estar en Buenos Aires, él era amigo de un compañero gráfico (…) Tendría que ver si sigue estando disponible, si está en Bahía Blanca… era un hombre de Bella Vista. Recuerdo en este momento que fue chofer de la señora de Massot, un tipo joven, morocho”, evadió.

Festejo golpista

Teófilo Gandi fue otro de los trabajadores del diario La Nueva Provincia que participó de las medidas de fuerza encabezadas por Enrique Heinrich y Miguel Ángel Loyola para exigir que la familia Massot cumpla con el convenio colectivo de trabajo.

“Cuando hacíamos el paro en el taller, se dejaba de trabajar, lo hacíamos correctamente, siempre cuidando todo. Nunca se dejó nada abandonado. El paro era por el reclamo, nada más. La patronal jamás quiso reconocer el convenio. A veces terminábamos el horario, nos íbamos y no salía el diario”, aseguró.

Gandi declaró que “la tratativa siempre la llevaban Enrique Heinrich y Loyola, iban a las oficinas a hablar con la señora directora, si estaba, o con alguno de sus hijos o con el señor Marra. Nunca se podía lograr nada en arreglos convencionales. Yo trabajé hasta el año 76, me despidieron por reducción de personal. Era uno de los más nuevos, me pagaron mis costas y quedé cesante. Para mí el despido fue por el apoyo a los gremialistas que era la lógica porque era mi salario también. Me parece que echaron a otro más de la misma manera”.

Finalmente, recordó cómo se vivió el día del golpe en los talleres del diario naval: “Estábamos trabajando como todas las noches y llega la noticia del derrocamiento. En un diario trae muchos problemas porque hay que esperar el título de la portada. Eran cerca de las ocho de la mañana cuando salió.  Recuerdo que estábamos en la maquina y pasó la señora directora con dos de sus hijos, con la bandera argentina con un crespón negro, con una sonrisa de conformidad hacia nosotros que nos miraba como diciéndonos que había sucedido algo conforme para ellos. En su momento uno la ve como increpando a uno que estaba trabajando. Recuerdo que estaba con Vicente y el más chiquito”.

Sobre los homicidios de sus compañeros afirmó que se enteró de pasada, porque ya no trabajaba en el medio, y que no fue al velorio porque “sentía mucha tristeza por ellos y la familia y no lo podía soportar, no podía estar en un lugar así”.

“Había personas sacando fotos”

El tipógrafo Anacleto Serra, de 91 años, manifestó que estuvo en el velatorio de Heinrich y Loyola y que “al entrar nomás, nos avisaron que tuviéramos cuidado de lo que hablábamos porque había ciertas personas con encendedores sacando fotos de los que entraban. Fue algo de entrar, pasar por el cajón y salir”.

“El motivo por el que mataron a estas personas fue por problemas gremiales con el diario parece”, contestó al fiscal. Serra era revisor de cuentas de la Comisión Directiva y concurría cada seis meses a ver el balance del sindicato.

“Nos habían avisado a toda la comisión que nos iban a matar a todos. Yo estaba tranquilo, era revisor de cuentas, ni a las reuniones iba, pero tengo idea de que a varios compañeros le dieron sustos. A uno le dieron tiros cuando iba a entrar a la casa y a otro lo andaban buscando y desapareció”, aseveró y mencionó a “un tal Martínez”, en referencia a Luis, dirigente que dejó la ciudad luego de ser amenazado.

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