En manos de la Armada

del plataAlberto Pellegrini prestó su taller para que el matrimonio de Susana Martinelli y Carlos Oliva con su hija Mariana pudiera refugiarse de la persecución política. Aportó testimonio sobre el secuestro de Susana y el cautiverio de la pareja en la Base Naval de Mar del Plata.

Fue en la audiencia del 29 de octubre del juicio por crímenes de lesa humanidad imputados a marinos, militares, prefectos, policías y penitenciarios que se desarrolla en el rectorado de la Universidad del Sur de Bahía Blanca.

Por videoconferencia desde la Cámara Federal marplatense declararon también lxs ex detenidxs en dependencias clandestinas de la Armada José Nicoló, Pablo Mancini y María Susana Barciulli. Las audiencias continuarán los días 11 y 12 de noviembre desde las 9 en Colón 80.

Alberto Jorge Pellegrini conoció en 1976 a Susana Martinelli y a Carlos Oliva por amigos en común de la Juventud Peronista y supo que la pareja era perseguida por su militancia. Les ofreció su taller para que puedan vivir seguros con su beba Mariana. “Mi pareja y yo íbamos a trabajar y durante todo el día, Susana con la nena se quedaban en la casa y Calú iba y venía. Establecimos una relación bastante estrecha y cálida”, aseguró desde Mar del Plata.

Pellegrini recordó que “el 5 de agosto a mediodía, Susana estaba visiblemente nerviosa porque Carlos no regresaba”. Antes de las 13 Alberto alcanzó a su compañera hasta el centro, a pocas cuadras del taller, y cuando regresó, estaban allanando la casa.

Había un Renault 12 break mostaza, un Ford Falcon verde y gente con armas largas. “Cien metros antes había visto movimientos sospechosos de autos con tres o cuatro masculinos. No me detengo, giro en la esquina y dejo el auto estacionado. Me pongo como a espiar. Me voy caminando y en Córdoba y Avellaneda me subo a un taxi hasta casa de unos amigos. Quería avisar a quienes frecuentaban la casa para que no vayan”.

Allí secuestraron a Susana y dejaron a Mariana con un vecino. Carlos había sido capturado en la Municipalidad. El taller fue saqueado, en camillas cubiertas por sábanas subieron los rollos de tela a una ambulancia.

Mientras tanto, los militares allanaban la casa paterna de Pellegrini. “Mi padre era funcionario del Banco Nación y tenía un primo buzo táctico -Willig-. Lo va a ver, este hombre le dice ‘No me digas que era la casa de tu hijo, porque yo participé, cuando estuvo en la esquina lo tuve en la mira del fusil y justo se movió, traélo que te garantizo la vida”.

La Base Naval estaba llena de bolsas de arena, “como previendo algún ataque”. Dos personas vestidas de civil se acercaron a la guardia, le hicieron dejar el reloj y el dinero a su padre y lo ingresaron. “En cuanto cierran la puerta me ponen una capucha. Antes, veo el mismo Renault 12 amarillo que vi en mi casa”.

Luego de un recorrido en auto, le hicieron subir los 21 escalones de una escalera externa de cemento y entrar a un lugar que, por su acústica, era grande. “Había silencio, me sientan en una silla. ‘Buen trato para este’, dijo el que me transportó y se retiró. Me agarraron las manos con sogas y me hicieron acostar sobre una colchoneta”.

Pasaron veinte días en la silla de mimbre, encapuchado y contra una pared. “Había no menos de veinte personas en ese lugar”, calculó. Reconoció a Oliva y Martinelli y a otros conocidos como Héctor Ferreccio y Graciela Datto.

“A Susana le dolían los pechos porque estaba amamantando. ‘Vamos correntino’, le decían a Calú cada vez que se lo llevaban. Cuando lo traían decían: ‘No hay agua para este’. Todos sabíamos que venía de una sesión de picana”, detalló. El fiscal José Nebbia preguntó si Susana fue víctima de abusos sexuales y Pellegrini afirmó que uno de los guardias le dijo que sus pares “se peleaban” por violarla.

Cepillo de dientes

Varios fueron trasladados hasta el Faro de Mar del Plata donde funcionaba la Escuela de Suboficiales de Infantería de Marina. Allí pasaron unos quince días en “condiciones terribles de cautiverio”.

Para caracterizar “el perfil psicológico de los encargados de esa prisión” mencionó la presencia de un peluquero para cortarles el pelo mientras los mantenían con los ojos vendados y la perversidad de “tenerte en esas condiciones y que a alguien se le ocurra proveerme de un cepillo de dientes y pasta dental, como si fuera más importante cuidarse la salud dental que otras cuestiones”.

Al tiempo lo regresaron a la Base Naval donde advirtió cambios edilicios. En el mismo salón donde estuvo habían construido celdas del tamaño del colchón, en el piso y con puerta de metal.

Una noche, los tiraron entre los asientos de dos o tres colectivos y los llevaron a un avión. Volaron un buen rato, descendieron, los cargaron a un ómnibus y “cuando abro los ojos veo que estoy en un camarote de un barco. Cuando cierran la puerta me dicen: ‘Ahora podés sacarte la capucha'”.

Camarote clandestino

El buque estaba “como inclinado”, el camarote tenía la luz encendida permanentemente, una cucheta con un colchón azul y blanco en bandas verticales y una pileta para lavarse las manos. Cuando golpeaban la puerta para llevarle la comida, Alberto debía pararse con las manos en la pared y las piernas abiertas. “Si tenías que ir al baño venían no menos de tres, te ponían una capucha, te agarraban de la cadena de las manos y te llevaban. Te conducían por un pasillo, cada varios pasos te decían: ‘Levantá el pie'”, describió.

Solía haber cuatro comidas y los domingos les daban chocolate y ravioles. “Un día la comida se redujo al almuerzo. La empezás a pasar mal, a tener hambre. Se me ocurrió que podía guardar el pan para comerlo en algún otro momento pero estaba lleno de ratas. Era abrir los ojos y que las ratas estén arriba de la cama. Cuando intenté guardar el pan me lo comieron, solía guardarme un pedazo en la media”.

El testigo manifestó dificultad para calcular cuántas personas había detenidas en el centro clandestino pero concluyó que “no era poca”. Lo ejemplificó con unos baldes metálicos que había en el baño “que se fueron llenando con algodones que usaban las mujeres cuando menstruaban, estaban envueltos en diario. Estuve convencido que estaba en Rosario, nunca se me había ocurrido que estaba en Bahía Blanca hasta que un día desenvuelvo esos algodones y el diario era La Nueva Provincia”.

Pellegrini se asustó el día que un suboficial abrió la puerta sin golpear y entró. “El tipo me empieza a abrazar. Me dice: ‘Te salvaste flaco, te salvaste. Anoche se hicieron los traslados y quedaste vos y el Viejo‘. Cuando le pregunto si me puede precisar el concepto de traslado, dice: ‘A algunos los llevaron a los penales y otros a otro lugar'”.

Desde entonces, lo pusieron en un “régimen de engorde”. El 28 de diciembre “vino un oficial de la marina impecablemente vestido de blanco a devolverme el documento y decirme que quedo en libertad. En una camioneta de la Armada me llevan a la terminal y me mandan a Mar del Plata”. Mientras esperaba el colectivo conoció a el Viejo. Era un imprentero vecino de su taller de apellido Crespo que estaba en muy mal estado y murió al poco tiempo.

Más pruebas

José Nicoló compartía la militancia en la Juventud Universitaria Peronista con Oliva y Martinelli. Cuando lo detuvieron y lo llevaron a la Base Naval de Mar del Plata ya sabía que los militares  buscaban la imprenta de “un grupo que hacía propaganda contra la dictadura”.

Señaló que el condenado Narciso Ángel Racedo -alias Comisario Pepe- encabezó el operativo de su secuestro y que fue interrogado en reiteradas ocasiones sobre “un tal Sanjurjo”. En el centro clandestino reconoció a un delegado de la JUP en Artes Visuales de nombre Miguel y a su novia Patricia Molinari. En un careo, Miguel aseguró que Nicoló le había presentado a Sanjurjo.

Más adelante, uno de los represores se presentó como “César” y le anunció su liberación con la condición de no abandonar la ciudad. Una semana después, Nicoló se encontró con el militar y éste le preguntó por “Sanjurjo Calú” y le hizo un gesto “como que ya está”.

“Me bajó la presión, Calú era el sobrenombre de Carlos Oliva, supuestamente comandaba el grupo que empapelaba la ciudad en contra del gobierno. Esto pasó el 23 de julio. Me enteré que Oliva fue detenido el 5 de agosto. Ya me habían anticipado que Calú estaba, sin embargo fue detenido después. No sé si era una trampa o efectivamente lo tenían localizado y era presa fácil”, afirmó el testigo.

Pablo Mancini fue secuestrado el 8 de septiembre de 1976 y mantenido en cautiverio en la Base Naval de Mar del Plata y en el faro donde funcionaba la Escuela de Suboficiales de Infantería de Marina. El 18 de diciembre lo llevaron al velorio de su padre y horas después lo liberaron.

A través de amigos en común y por su paso por la Juventud Peronista, Mancini conoció a Carlos Oliva y Susana Martinelli.”A partir de la segunda semana que estuve detenido, calcule a mediados de septiembre, pude escuchar que Calú estaba ahí adentro, lo escuchaba hablar a viva voz con los guardias. Por ahí hablaba en voz fuerte: ‘Susana, Susana, ¿estás ahí?'”.

“Lo escuché la primera semana de estar en la celda y después no supe más nada de él. Los guardias le preguntaban a qué organización pertenecía y él decía: ‘Yo soy aspirante a oficial montonero'”, manifestó y agregó que se enteró del supuesto enfrentamiento de Oliva y Martinelli con las fuerzas armadas: “¿Cómo? Estuvieron con nosotros. No era que los habían detenido en Bahía, los habían detenido en Mar del Plata”.

María Susana Barciulli también compartió la militancia peronista con Carlos y Susana. Fue capturada en febrero de 1977 y encerrada en la Base Naval marplatense. “En alguno de los interrogatorios que hubo durante la semana me exigían que si me quería salvar tenía que llevar algún otro. Les interesaba gente de la universidad, iban descartando nombres. Por ejemplo, ‘Calú, ese no sirve más porque es boleta, está terminado'”.

“Me enteré que habían sido secuestrados, no sabía exactamente a qué lugar los habían llevado pero al tiempo los habían asesinado. Creo que habían aparecido muertos en un enfrentamiento. Para nosotros los enfrentamientos eran asesinatos. (Calú) era un excelente compañero, una persona solidaria, confiable y respetada por todos”, dijo.

Fuente foto: historiademardelplata.com

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