Acercáte al juicio

???????????????????????????????Desde las 9 continuarán las audiencias del juicio contra 25 represores que actuaron en jurisdicción de la Armada Argentina durante el terrorismo de Estado. Las testimoniales que se desarrollan en Colón 80 son públicas y pueden acceder mayores de edad con el DNI. Estudiantes de entre 16 y 18 pueden concurrir con sus docentes. También habrá actividad el miércoles.

Durante las últimas jornadas del debate declararon Rubén Jorge Crudelli, secuestrado para obtener el paradero de su primo José Luis Peralta, militante de Montoneros; Fernando Molina Báez y Luisa Fernanda Martínez Iglesias, sobrevivientes de la Base Naval de Mar del Plata y otros centros clandestinos testigos del cautiverio de Carlos Oliva y Susana Martinelli; y Silvia Chía, amiga de la ex detenida Diana Diez.

El primo de Peralta

“Empezaron en mi antiguo domicilio en White. No me encontraron y levantaron a mi hermano para que les indicara mi domicilio nuevo. En la madrugada, dos Falcon con muchas personas me fueron a buscar. Me encapucharon, estuve 45 días con tormentos, torturas, golpes hasta que un día me largaron”, afirmó Rubén Jorge Crudelli, primo de José Luis Peralta, una de las víctimas del juicio.

Estuvo detenido en lo que supone era “una caballeriza porque se escuchaban a la noche los caballos relinchar” y “para moverse había que agacharse”. “Evidentemente el lugar estaba dentro de la Base Naval de Puerto Belgrano porque yo trabajé mucho en el puerto y a la noche se escuchaban los silbatos de los remolques que iban a buscar a los buques”.

El ex militante de la Juventud Peronista de la República Argentina fue torturado mientras le preguntaban por su primo: “Si lo conocía, cuándo lo había visto la última vez. Hacía rato que se había ido y nunca más lo vi. No sabía porque se había ido, después supe que pertenecía a Montoneros”.

“La historia que yo sé es contada por terceros. La señora de mi primo se pudo escapar con la hija, a él lo levantaron en Mar del Plata. Esa señora le habló a la suegra, que es hermana de mi mamá y fue la que me comentó. Después apareció la mentira burda del enfrentamiento y la muerte de José Luis. Todo esto pasó mientras yo estaba desaparecido”, concluyó.

Reconocieron a Oliva y Martinelli

El escultor Fernando Molina Báez se exilió en España en marzo de 1978, luego de haber sido secuestrado dos años antes y mantenido en cautiverio en la Base Naval y la Escuela de Suboficiales de Infantería de Marina de Mar del Plata, en el buque ARA 9 de Julio en Puerto Belgrano y en el penal de Sierra Chica. Tras su liberación, fue amenazado y decidió salir del país.

Estudió y militó con Carlos “Calú” Oliva en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad marplatense. A fines de agosto de 1976, reconoció a su compañero de la Juventud Universitaria Peronista en la base naval: “Estábamos comiendo sentados y encadenados en el suelo con una manta sobre la cabeza y escucho la voz de una persona conocida al lado, pude levantar la manta y vi de reojo con sus lentes de aumento, con una montura negra, a Carlos Alberto Oliva que había pedido estirar las piernas porque tenía dolores en la espalda. Después no volví a escucharlo ni a verlo”.

Báez denunció que el comisario Pepe -Ángel Narciso Racedo- dirigió el operativo de su secuestro y relató que luego de su paso por el campo de exterminio del Faro fueron trasladados en avión y encerrados en un barco. “Después escuché a uno de los militares decir que estábamos en Puerto Belgrano”, aseguró.

Allí pasó la mayor parte del tiempo en camarotes con la luz encendida permanentemente, encadenado de pies y manos, calculando el día o la noche según la temperatura de las paredes y comiendo restos de pollo, carne o papas una vez al día.

Su ex esposa, la artesana española Luisa Fernanda Martínez Iglesias, compartió el recorrido por los mismos campos de exterminio de la Armada para finalizar en Villa Devoto hasta ser expulsada del país.

“Carlos Oliva, era compañero mío en la universidad, en la Facultad de Económicas, le decían Calú. Su compañera era Susana Martinelli pero nunca la vi, sabía que estaba embarazada porque iba a parir cuatro meses antes que yo. Me consta que ese señor estuvo en la Base, aunque no lo vi. Escuché cuando (Calú) pedía para ir al lavabo o cuando lo venían a buscar, o cuando llamaba a la guardia”, dijo por videoconferencia.

La testigo recordó que “la gente que nos secuestró jugaba a si adivinábamos dónde estábamos cuando nos sacaban a fumigar al lado del mar. Era evidente que era un barco, oxidado, abandonado, donde ya había habido gente porque en el camarote había marcas en las paredes, pelos, restos. Enfrente había un chico Hugo que estaba hecho polvo. A mi izquierda había un señor que le decían el Viejo que era imprentero, y sé que Vicky, mi amiga y hermana, estaba un camarote más abajo”.

Vicky es María Flores casada con Alejandro Pérez Catán, con quienes mantiene “una profunda amistad nacida del horror”. Martínez Iglesias destacó que su amiga declaró que octubre de 2012 “sobre Carlos y sobre todo sobre Susana, porque ella en la Base la escuchó quejarse del alambre de las manos y del peso de los pechos porque había parido hacía poco”.

El traslado desde Mar del Plata hasta Puerto Belgrano “fue por aire en un avión o helicóptero sin puertas con la amenaza permanente que nos iban a tirar al agua”. También en avión, la testigo fue llevada a Morón junto a Blanca Martínez de Molina, Rosario Guglielmeti y Vicky. Todas ellas serán convocadas a dar testimonio.

Testigo de un secuestro

Desde Ushuaia declaró Silvia Chía, testigo del secuestro de Diana Silvia Diez, a quien conocía desde niñas por haber compartido clases de piano, la escuela secundaria y tareas en Entel. “No recuerdo si era octubre o noviembre, la había ido a buscar el cuñado, veníamos en auto, al llegar a Darregueira antes de Undiano, arrancaron dos personas del auto”, manifestó.

Agregó que ella bajó y se fue a su casa  y el cuñado de la víctima siguió para dar aviso. Luego la llamaron “dos o tres veces” de la Comisaría 1º y visitó a los padres de Diana. “Me enteré que había vuelto y me dijo: ‘Silvia, me dejaron en la esquina de tu casa’. Supongo que era Italia y Undiano”.

“Solamente me dijo que suponía que había estado internada en la Base Naval de Puerto Belgrano (…) y que había recibido maltratos”, sostuvo y aclaró ante la insistencia del tribunal: “La palabra correcta es secuestrada en Puerto Belgrano”.

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