“Se fue con Lacoste y no lo vimos más”

cascoGuillermo Aníbal Aguilar militaba en la Juventud Peronista de Unquillo, Córdoba, cuando fue convocado por la Armada Argentina para cumplir el servicio militar obligatorio. El último tramo de la colimba lo realizó en la Base de Infantería de Marina Baterías de Puerto Belgrano donde sus compañeros lo vieron por última vez a fines de septiembre de 1976, cuando le correspondía la baja.

José Antonio Rutti y Luis Mario Sarmiento testificaron que el teniente de fragata Carlos Lacoste lo retuvo antes de desaparecer. Hugo y Lucrecia Aguilar, hermanxs de Guillermo, también se presentaron ante el tribunal oral en el juicio contra 25 marinos, militares, prefectos, policías y penitenciarios.

Las próximas audiencias del debate oral serán los días 25 y 26 de noviembre desde las 9 en Colón 80 de Bahía Blanca.

Colimbas

José Antonio Rutti realizó la colimba junto a Guillermo Aguilar en el Batallón I de Infantería de Marina Baterías. “Era de Córdoba, del interior. Llegamos juntos, estábamos en el mismo batallón. Luego a Guillermo lo ascendieron a dragoneante y lo cambiaron de compañía. Estaba muy bien preparado intelectualmente”.

Rutti recordó el último encuentro con Aguilar: “Estábamos para irnos en el patio de armas, nos entregó el bolso de manos y se fue para Bahía Blanca con el oficial Lacoste. Supuestamente iba a esa ciudad para alcanzarnos los boletos. Nunca pasó, los pasajes los entregó otra persona.  Nosotros le preguntamos por Aguilar y nos dice que seguramente tuvo que hacer otros trámites. Desde ese día no lo vi nunca más”.

Ya en Córdoba viajó junto a uno de sus compañeros a Unquillo para entregarle el bolso de Guillermo a la familia Aguilar. “Llegamos a la casa con el bolso y el papá con mucha angustia nos dijo que no había llegado, eso nos sorprendió de gran manera, le dejamos nuestros datos por las dudas que precisen algo y nos fuimos”.

Luis Mario Sarmiento estuvo junto a Rutti el último día que vieron a Aguilar, tras varios meses de servicio militar en el Batallón 1 de Infantería de Marina. Fue mozo de oficiales en la Compañía de Comando y Servicios a cargo del teniente Obiglio y compartía almuerzos y meriendas con sus coterráneos destinados a la Compañía Bravo. Allí fue destinado Aguilar hasta que, unos días antes de desaparecer, lo enviaron a oficina como furriel: “Hacía la parte de secretario a órdenes de un teniente Orrillo”.

“Salimos de baja en octubre del ’76. Los de Córdoba fuimos juntos y nos dieron la baja juntos. El único que no salió fue Aguilar. Guillermo se quedó con un teniente que era Lacoste (…) Eran tres personas con las que se fue. Subió a un auto que no recuerdo si era un Jeep o un Falcon. Sí el momento en que lo tenía de la mano, de la muñeca, el momento en que se fueron y que entregó un bolso a uno de los compañeros”, declaró.

Sarmiento recordó que en Córdoba separaron a Aguilar y otros colimbas “porque se comentaba que era sindicalistas o de izquierda o algo así. Los llamaba un cabo y los separaba al costado cuando íbamos a hacer ejercicio de combate o la salida de preparación”.

“Un día conversé con Aguilar y le pregunté por qué lo separaban. Era un chico muy preparado, el me dijo que había pedido trabajo como administrativo en un sindicato y se ve que de ahí lo tomaron como gremialista, guerrillero, o lo que pensaban que era la gente que defendía a los obreros”, detalló el testigo.

Comentó al fiscal José Nebbia que en La Plata fueron maltratados por “haber pertenecido a la comunidad del Cordobazo” y que algunos de sus compañeros fueron enviados a Tucumán u otros puntos de la provincia de Buenos Aires a hacer operativos. “Yo tuve la suerte de que no me tocó”.

“En el Batallón de Punta Alta salía todas las tardes un grupo de cabos, cabos principales, suboficiales con oficiales. Salían con los vehículos, después no sé, se comentaba entre los soldados que iban a hacer operativos. Iban con uniforme militar, yo solo vi las pistolas reglamentarias pero posiblemente tenían armas en los vehículos”, agregó y precisó que “Lacoste salía” entre ellos.

Hermanxs

Hugo Osvaldo Aguilar aseguró que su familia se enteró de la desaparición de su hermano por Rutti y Sarmiento y desde entonces comenzaron las gestiones para dar con Guillermo. “En uno de los sitios a mi madre le dijeron que había salido de baja el 29 de diciembre del ’76 y que no sabían nada y a mi padre un marino lo amenazó porque ya llevaba un tiempo haciendo averiguaciones y, como no se conformaba con lo que le decían, insistía. Le dijeron que si seguían preguntando ellos iban a correr la misma suerte”.

Hugo y Guillermo militaban en una unidad básica de la Juventud Peronista en Unquillo y hacían tareas de “asistentes sociales relevando las necesidades de la gente pobre” y tramitando “ayudas inmediatas” de dinero y alimentos. “Luego los invitábamos a reuniones de la unidad básica a los que quisieran para hablar con ellos e intentar adoctrinarlos acerca de las tres banderas del justicialismo, la independencia económica, la soberanía política y la justicia social”.

Para “profundizar esas banderas” se hicieron peronistas, por eso cuando vieron que “Perón no seguía ese camino prometido intentamos hacerlo por nuestra cuenta”. Así fue que se propusieron constituir el Partido Peronista Auténtico aunque el golpe de Estado frustró la iniciativa.

El 17 de octubre de 1975 Hugo y una veintena de compañeros habían sido arrestados por la policía cordobesa durante un asado partidario en Río Ceballos. Los trasladaron a la Jefatura policial para ser interrogados y golpeados por 48 horas.

Ante la actuación de grupos parapoliciales que concretaban las primeras desapariciones de militantes, “me escapé y me fui al noreste del país, cerca de Reconquista, estuve escondido un tiempo”. Mientras tanto, tropas del Ejército allanaron su casa y tomaron por asalto la de su padre buscando a Guillermo. Luego estuvo otros dos días detenido en la policía de Unquillo. Le preguntaban por su hermano, “me extrañó porque ya estaba desaparecido”.

“La familia quedó dispersa, yo ya no pude regresar más a Córdoba, mi hermano no apareció nunca más y mi padre se tuvo que quedar muy quieto por las amenazas”, dijo. El 7 de mayo de 1977 salió del país hacia España y solicitó refugio a ACNUR.

Describió a Guillermo como “una persona comprometida políticamente como yo, llevamos adelante la militancia con nuestros ideales hasta donde pudimos. Éramos conscientes de que la Juventud Peronista como otras agrupaciones eran estructura de Montoneros, pero no todos estábamos en esa actividad ni practicábamos la lucha armada”.

Para Lucrecia Yolanda Aguilar, su hermano “nunca salió de la Base”. Comentó que su madre “viajó con una pariente hacia Bahía Blanca, cuando se entrevistó en la base le dijeron que Guillermo estaba de baja, creo que le mostraron un papel firmado. Cuando volvió a Córdoba mis padres presentaron habeas corpus y realizaron denuncias en diferentes organismos pero nadie les dio una respuesta. Luego tuvo una gran depresión, entró en un pozo muy grande, sumado a lo sucedido, mi otro hermano, se fue exiliado”.

Guillermo “escribía cartas para mis padres todos los meses, se lo notaba bien. En el transcurso de la colimba venía a casa cuando le daban licencias y se lo veía conforme y más cuando lo ascendieron a dragoneante”.

Lucrecia recordó la militancia de su hermano: “Guillermo participaba en la Juventud Peronista, pintaba carteles y todo eso. Él quería una sociedad más justa, era consciente de lo que pasaba en el país pero no tenía nada que ocultar, su actividad era sana, quería ayudar. Yo no me metía en esos temas, ya estaba casada y no tenía tiempo. Hablábamos de eso los domingos, mi hermano era muy familiero”.

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