“La Nueva Provincia fue un arma”

Foto: Lina Etchesuri.

Foto: Lina Etchesuri.

¿Es posible afirmar que La Nueva Provincia ejerció su libertad de expresión al sostener un discurso que instigaba permanentemente la aniquilación y exterminio de personas, antes y durante la dictadura cívico militar? ¿Puede aplicarse ese concepto a la negación posterior de aquellos crímenes y a la reivindicación del accionar de quienes dijeron defender a la “Nación histórica”? ¿Puede ser casual la coherencia entre el discurso del multimedios de la familia Massot, en sus distintas etapas, con la reglamentación militar sobre acción psicológica? ¿Desinformó LNP a la población regional en complicidad con el terrorismo de Estado o fue parte activa del plan criminal? ¿Se animará el Poder Judicial a ver más allá de las teorías jurídicas ordinarias y profundizar su mirada sobre la participación del poder civil y económico en crímenes de lesa humanidad?

Algunas respuestas no tardarán en llegar. El juez subrogante Álvaro Coleffi tiene en sus manos la definición de la situación procesal de Vicente Gonzalo Massot, único sobreviviente del grupo imputado por los fiscales Miguel Palazzani y José Nebbia, y deberá valorar los argumentos de su defensa en contraste con la abundante prueba testimonial y documental aportada por los acusadores. En tiempo de descuento, el club de la impunidad mueve sus fichas.

“No se nos escapa que las conductas que calificamos de criminales y la presente acusación es inédita en los tribunales nacionales y en los internacionales, casi. Estamos obligados, entonces, a entender algo que es básico y obvio pero que no siempre los tribunales del país y los distintos operadores de la justicia entienden”, advierten desde el Ministerio Público al presentar el marco teórico de la imputación basado en la “filosofía del lenguaje ordinario” -del británico J.L. Austin– y en “las características performativas” del discurso mediático.

Medio fundamental

Luego de repasar al detalle cada texto “periodístico” donde se expresaba la “opinión” editorial de LNP entre 1976 y 1977, los fiscales destacan la coherencia del discurso represivo que se extiende hasta fines de la dictadura e, inclusive, hasta la actualidad. Además, subrayan que “el núcleo decisional y duro” conformado por Diana Julio y Federico y Vicente Massot “tuvo y tiene la misma postura respecto al proceso de exterminio”, independientemente del puesto de dirección en la empresa, para cumplir con su misión de “medio de difusión fundamental” para el genocidio.

“Si se comprende la tecnología y la dinámica del crimen de Estado, de esta modalidad de aniquilamiento de un grupo nacional, es inevitable poner el foco de atención en quiénes hacen el ‘trabajo’ de silenciamiento, ocultamiento, manipulación, lavado, encubrimiento y falseamiento que –de manera imprescindible– requiere la perpetración material y brutal de la eliminación de personas en el rango racionalmente demencial que vivió la Argentina durante la época”, afirma el documento y ratifica que “la construcción de su discurso no puede concebirse por fuera del plan criminal de exterminio”.

Moldear el sentido común

Lenguaje performativo: de cuándo es conducta delictiva” se titula uno de los apartados de las 651 fojas del segundo pedido de procesamiento y prisión preventiva contra el dueño de La Nueva Provincia, diario que “hizo otra cosa que periodismo” y por eso “no fue censurado”.

Sus páginas estuvieron en función del “mito de la guerra sucia”, incluso con la derrota de la guerrilla, ampliando el concepto de “subversivo” a todo aquel opositor al “Ser Nacional” o a la “Nación histórica”. Un “Nosotros” que excluía a los “Otros” a aniquilar mediante el genocidio.

“La Nueva Provincia generó hechos concretos con su discurso, o, al menos, pretendió hacerlo”. Integró el plan criminal con la misión de cumplir “la parte más importante: la acción psicológica”. Un objetivo destinado a “moldear el sentido común” de manera “sutil e invisible”.

Los fiscales sostienen que “el solo discurso del diario tiene autonomía delictiva”, en cuanto a la instigación e incitación al genocidio “realizada hasta el hartazgo”, más allá de las consecuencias concretas que pudiese o no haber generado, en este caso, se produjo el “hecho notorio, tanto judicial como histórico, que es la concreción de un plan sistemático y generalizado de aniquilación de parte de un grupo nacional”.

Guerra total y cultural

La teoría del filósofo J.L. Austin tomada por el Ministerio Público plantea tres enunciados performativos: 1) el locucionario: referido al significado y contenido de los actos del habla, en el caso de LNP un mensaje de eliminación, persecución y aniquilamiento; 2) el ilocucionario: que da cuenta de su fuerza, “máxima virulencia” llegando a la “arenga militar” en el lenguaje “duro y directo” del clan Massot; y 3) perlocucionario: sus consecuencias, en esta causa, si bien no son necesarias para configurar la “instigación o incitación”, la realidad del genocidio. Dicho enfoque, siguiendo el planteo fiscal, no puede obviar dos elementos fundamentales: el contexto del terrorismo de Estado, “nada más proclive a la incitación o instigación del genocidio”; y el monopolio regional de LNP -diario, Canal 9 y LU2-.

“La Nueva Provincia fue el guión del terrorismo de Estado y del genocidio perpetrado en Bahía Blanca y la región. Fijó y pidió, de manera permanente, que el proceso de aniquilamiento debía profundizarse. A eso se refería cuando hablaba de eliminar los efectos, pero también las ‘causas’; a eso se refería cuando hablaba de no actuar con ‘medias tintas’;  a eso se refería cuando diferenciaba ‘reorganización’ de ‘revolución’; pero, básicamente, con la caracterización de guerra total y cultural que ponía en juego la propia supervivencia de la ‘Nación histórica’ a la cual, claro, ellos pertenecían. Insistimos que la mirada no sólo debe posarse en el significado, contenido y fuerza (cuya intensidad y volumen son de una evidencia incontrastable), sino en los demás actos que ello conllevaba: el silenciamiento cómplice y consciente de la realidad, y –en paralelo– la propaganda y el fortalecimiento de las figuras y discursos de los autores directos del aniquilamiento”, escriben Palazzani y Nebbia.

Terror psicológico y delación

La acusación reconoce la necesidad de diferenciar las conductas reprochadas a Vicente Massot, -“la tipificación penal podrá variar, como puede variar el grado y rango de participación criminal”-, sea en los homicidios de Enrique Heinrich y Miguel Ángel Loyola, en el ocultamiento y encubrimiento de los ‘enfrentamientos’ o respecto a la instigación o incitación.

“Cuando hablamos de exacerbar o facilitar el proceso de exterminio y persecución, decimos que –con seguridad– un gran número de ciudadanos bahienses y de la región nunca podrían haber delatado o tolerado las atrocidades cometidas si no hubieran sido condicionados y bombardeados con conceptos, noticias, títulos, comentarios de opinión, de la constante de la maquinaria de propaganda desatada a nivel local y regional por la dictadura cívico–militar. La Nueva Provincia era plenamente consciente que tenía en sus manos, quizás, la más letal de todas las armas: la acción psicológica”.

Los objetivos sobre los que actuaba el grupo son conocidos: el frente externo, la interna de las FF.AA, la educación en todos sus niveles, el arte y la cultura, la guerrilla fabril, los soviets en las empresas, los sacerdotes del Tercer Mundo y finalmente los organismos de derechos humanos. “No queda ámbito de la sociedad civil (ni militar) donde La Nueva Provincia no pontifique de manera activa a favor de la profundización del proceso. Dijimos y repetimos que ‘profundizar’ y no quedarse ‘a mitad de camino’ era, sencillamente, seguir asesinando”, insisten los fiscales.

LNP infundió un “clima de terror psicológico” para abonar la “delación” como “mecanismo de la tecnología del terror para quebrar lazos sociales de solidaridad y reciprocidad”. “El diario fue un arma. Distinta a las tradicionales, incluso a la ‘idea’ de arma que cada uno en su imaginario tiene. Vicente Massot sabía del ‘poder inconmensurable’ de este arma y también sabía (todo el grupo) cómo y contra quien usarla. El diario fue un arma. De las peores y más peligrosas, de las que no oímos el disparo y cuyos efectos no son inmediatamente perceptibles porque el veneno inoculado actúa por sedimentación”.

“La importancia del diario era muy grande porque el V Cuerpo y Puerto Belgrano se despiertan leyendo LNP, era inevitable”.
Vicente Massot, 2007.

 

 

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