“Una espada enviada para punzar”

lnp2-web“¿Quién es el autor que está detrás del autor?”, se pregunta el juez Álvaro Coleffi en el escrito donde acepta apartarse de la investigación de crímenes de lesa humanidad imputados al dueño de La Nueva Provincia, Vicente Massot, a partir de una queja por “violencia moral” presentada por Mario Fernández Moreno, secretario de Derechos Humanos del Juzgado Federal Nº1.

El pedido de recusación lo firmó el abogado Rubén Diskin, quien se limitó a copiar y pegar citas jurídicas dado que “el temor de parcialidad” había sido sembrado y abonado por los “fundamentos serios y razonables” del tándem compuesto por el secretario y el juez subrogante Santiago Ulpiano Martínez.

“Nada es casual. Por el contrario, muchas cosas que ocurren son causales, máxime cuando deben resolverse ciertas situaciones procesales”, dice Coleffi en referencia a las causas contra Massot y Hugo Sierra, ex secretario del juez genocida Guillermo Madueño. Y agrega: “Si como anunciaron los fiscales federales, la presentación del secretario ocultaba una cabal estrategia para la defensa de los imputados (lo que efectivamente ocurrió), seguramente ello será valorado por las autoridades del Consejo de la Magistratura” y por “la Superintendencia de la Corte Suprema”.

El juez subrogante Álvaro Sebastián Coleffi, al igual que los fiscales Miguel Palazzani y José Nebbia, utiliza un lenguaje “claro, llano y directo, para que se entienda”, en su respuesta a la recusación planteada por el defensor de Massot y Sierra, “sustentado obviamente” en la presentación “sorpresiva” del secretario Fernández Moreno “de cuyo abolengo no dudo ni un instante”.

“Resulta necesario* que este concierto infame se conozca de una buena vez, se comprenda y se dimensiones cabalmente”, advierte y señala que la maniobra gira en torno a las causas a su cargo donde se investigan las responsabilidades que tuvieron durante el terrorismo de Estado miembros de “la prensa, el poder judicial y la Iglesia”.

Más allá del “cuestionamiento hostil” a su gestión como juez de lesa humanidad, Coleffi subraya la “prédica encendida en defensa de la gestión del juez Santiago Ulpiano Martínez” que hace el hijo del ex camarista Augusto Fernández a partir de una “licencia asociativa” que le permite integrar al “desatino”, “toda la actividad investigativa (administrativa y penal)” desplegada por “su mentor”.

“Como puede verse el secretario eligió esta causa (‘Massot’) y la instancia procesal por la que transcurre la misma, para presentar aquí un alegato sin misterios. Además, proactivamente, asume la defensa de un juez excusado, con franca descalificación al juez que interviene en la causa. Por último, se atribuye por función custodiar el balance entre lo que dice la prensa y lo que obra en los expedientes”. Estos “excesos funcionales” fueron denunciados al Consejo de la Magistratura por el recusado.

Coleffi insiste en que “es indigerible y bochornoso que el secretario Fernández Moreno intente desacreditarme y, al par, se arrogue facultades para introducir en este proceso un juicio de valor en defensa de Martínez, excusado en este trámite”, y en que para ello necesariamente “cuenta con un aval” que obliga a preguntarnos “¿Quién es el autor que está detrás del autor?”.

Frente al planteo de Fernández Moreno respecto a que las reuniones entre juez y fiscales se concretaron “sugestivamente” antes de resolverse la situación procesal de los imputados, el juez contrapone que lo “sugestivo” es que al “ariete” no le haya violentado moralmente que la denuncia penal por medio de la cual Martínez lo señaló como responsable de la filtración de escuchas de una causa por narcotráfico, se hubiese “filtrado” como “noticia” por LU2 horas antes que su dueño deba ser indagado por el denunciado.

“Ninguna violencia anímica o moral le cupo al inquieto fedatario saber que LU2 tuvo acceso y difundió como noticia dicha información. Ni que Martínez hubiese sido uno de los que disponía de ese dato simplemente porque fue el denunciante”, ignorando Coleffi si Fernández Moreno estaba al tanto, aunque “ahora entiendo por qué el secretario mucha sorpresa no manifestó”.

Le reprocha que tampoco le haya causado “abatimiento moral” el cambio de sede de la indagatoria a Massot ordenada por Martínez -que se tradujo en la postergación del trámite-, y no haberlo visto “moralmente deshecho” ante el “fastidio” de su jefe con la citación y procesamiento del arzobispo monseñor Guillermo Garlatti por el encubrimiento del ex capellán Aldo Vara.

“La contundencia de los hechos resultan irrefutables para definir la presencia de ciertos amontonamientos sanguíneos (por lo visto selectivos para el secretario), sin embargo, a veces, los ‘detalles’ reflejan la envergadura de la parodia”. A saber, el alfil presentó sus escritos en la secretaría privada del juez Martínez mientras Coleffi se encontraba de licencia. Más directo: “Le presentó una nota al juez a cargo de las causas, pero la presentó directamente ante el juez que se halla excusado”. La ambición de Martínez para “conservar su espacio de poder”, según denuncia el recusado, llega al punto de ordenar al personal que señale a todo aquel que hable con él.

El magistrado afirma: “He resistido el embate metódico, diario, concertado, organizado, y obstaculizador. He tolerado estoicamente el juego de ‘doble pinzas’ que pretendió condicionar mi labor. Y aseguro que los condicionamientos no vencen mi espíritu”. Sin embargo, “al no poder torcer mi desempeño es que ahora la orquesta interpreta otra melodía, refuerza sus instrumentos y toca escandalosa y ordinariamente”.

“Se ha avanzado dentro del marco probatorio incorporado por el Ministerio Público Fiscal, especializado en la materia, hacia instancias procesales irrefutablemente no recorridas en la justicia federal de esta jurisdicción”, manifiesta y agrega: “Ya no se trata de vencer a un juez, sino de manchar su imparcialidad, porque es el ‘modo’ para propiciar un determinado desenlace, fatalmente irreversible”.

Finalmente, Coleffi concluye que “si bien las circunstancias explicadas a lo largo de esta resolución dan cuenta que se ha introducido aviesamente la sospecha por temor de parcialidad, cuestiones que fueron alentadas y arengadas, con el solo objeto de sacarme de la ‘ruta’ judicial -cuando otros permanecen intactos, en esa ruta, y en otras tan recientemente conocidas-, la inquietud, la incertidumbre y la desconfianza que todo el contexto señalado pudo generar en el recusante, favorece el éxito de su pedido”.

Chocan sus copas en el club de la impunidad.

6

*Los destacados pertenecen al texto del juez Coleffi.

4 thoughts on ““Una espada enviada para punzar”

  1. Si como dice Coleffi, Fernàndez asume una defensa, ¿ por què no lo denuncia ya que es un delito el que està cometiendo el secretario? No debiò apartarse y ser funcional a quienes estàn hostigando su labor y obstaculizando nada menos que a la justicia. Evidentemente, es màs fàcil abandonar que luchar…

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  2. los que luchan toda la vida son los imprescindibles, parafrasenado dichos famosos. Que impresión, hace unos meses estuve en esa cava de la foto
    . Es en la bodega de Médanos.

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