“La última vez que escuché a Cora”

Cora según Arte Memoria Colectivo*.

Cora Pioli según Jorge González Perrín*.

Nuevos testimonios sobre la desaparición de Cora María Pioli se escucharon entre el martes y el miércoles pasado en el juicio contra 25 represores que actuaron en jurisdicción de la Base Naval Puerto Belgrano durante la última dictadura. La flamante profesora de Letras y militante universitaria fue secuestrada el 25 de noviembre de 1976 y estuvo en el centro clandestino de detención y torturas “Baterías”.

Horacio Montes de Oca, vecino y amigo de la joven, fue testigo del secuestro en Patricios 743 de Bahía Blanca: “Nos desataron, nos sacaron la capucha y nos dimos cuenta que Cora no estaba y que la casa estaba prácticamente saqueada, tenía el aspecto de un robo, la biblioteca caída, los libros en el piso, la ropa revuelta, habían revisado todo de forma violenta”. Relacionó el hecho con la resistencia estudiantil contra el cierre de carreras de la Universidad del Sur ordenadas por la intervención de Remus Tetu.

María Raquel Loperena confirmó que su hermana María Beatriz -desaparecida junto a su esposo Carlos Rivada- estudiaba con Cora y Valerio Roldán se refirió a las gestiones de la familia Pioli para encontrarla.

Las audiencias continuarán el 23 de febrero desde las 16 y los días 24 y 25 desde las 9 en Colón 80.

Horacio Montes de Oca viajó desde Carmen de Patagones para declarar sobre la desaparición de Cora Pioli, su amiga y vecina en calle Patricios al 700. “Nos criamos juntos, si bien ella tenía algunos años más de edad, teníamos una amistad profunda y larga y la noche que ella fue secuestrada yo estaba en su casa. Estaba Cora, la hermana, yo y una beba de meses en un moisés. Estábamos comentando que recién se había recibido y había cuestiones con el título cuando tocaron el timbre. Cora se levantó a atender y a viva voz se escuchó que afuera estaba la policía”.

Efectivos de la Bonaerense uniformados y armados y “un señor bajo, de traje gris, muy elegante” ingresaron y les ordenaron ponerse contra la pared con los brazos en alto. Encapuchados y atados fueron encerrados en las habitaciones. La beba lloraba y la amenazaban con un arma mientras preguntaban quién era su madre.

Desde el cuarto de su amiga, Montes de Oca escuchaba “gente que caminaba de un lado a otro, movía cosas, fue la última vez que escuché a Cora, presumo que estaba en la cocina, lloraba de forma bastante angustiante y la obligaban a entrar a algún lugar o meterse en algo, siempre pensé que era una bolsa de lona o un saco porque se escuchaba ruido de tela”.

Durante unos diez minutos un hombre joven lo interrogó sobre su identidad y actividades y tomó nota. “Una persona quedó en la habitación, se escuchaba clarito la respiración, nos dijeron que si nos movíamos nos iban a matar. Un par de minutos después me pegó una patada y me dijo que estaba vigilando, al rato la gente se retiró”.

Mabel, hermana de Cora, vio por la ventana que los represores se iban y salió a pedir ayuda. “Nos desataron, nos sacaron la capucha y nos dimos cuenta que Cora no estaba y que la casa estaba prácticamente saqueada, tenía el aspecto de un robo, la biblioteca caída, los libros en el piso, la ropa revuelta, habían revisado todo de forma violenta”.

El testigo recordó que Cora se había recibido recientemente en la Universidad del Sur y que con la intervención de Remus Tetu la carrera había sido cerrada. “Era tema de charla con sus compañeros porque no se iban a poder recibir de licenciados. Sé que había mucho malestar y se comentaba qué hacer al respecto, notas, una sentada o algo para mantener las carreras abiertas”.

Consultado sobre las amistades de Pioli, comentó que vio dos veces “a una persona que apareció muerta cerca de Cerri, pero creo que no era de Letras, era una chica joven muy bajita de estatura, que creo que la apodaban la Corta”. Se trata de María Graciela Izurieta, secuestrada en julio de 1976 y madre de un niño nacido en el centro clandestino de detención, torturas y exterminio La Escuelita.

“Al día siguiente la gente del barrio comentaba no solo lo que había pasado sino lo que creían que había pasado”, aseguró Montes de Oca y detalló cómo en una almacén una señora contaba que había entrado la policía, que Cora era guerrillera y que había escapado por los techos. “Cora era una persona bastante frágil, cero deportista, que no creo que supiera ni siquiera empuñar un arma, no tenía perfil de una persona activa, le gustaba mucho el griego”.

Finalmente afirmó que su amiga “jamás hablaba de política conmigo, sé que no era afiliada a ningún partido pero si era de alguna tendencia en particular no lo sé, nuestras charlas eran sobre cine, literatura y esas cuestiones. Remus Tetu causó una conmoción muy grande, cuando surgió la intervención sí tuvo presencia en las discusiones. Creo que eso generó listas de gente que estaba incómoda con la situación, damnificada, que se estaba quejando”.

Otros testimonios

María Raquel Loperena dijo que no conoció a Cora personalmente pero supo que había sido secuestrada a través de su hermana María Beatriz, también desaparecida junto a su marido Carlos Alberto Rivada.

“Eran amigas y compañeras de estudio del profesorado de Letras, se recibieron juntas en la UNS. El 3 de febrero del ’77 Beatriz fue secuestrada junto a su esposo en Tres Arroyos. Militaban en la Juventud Universitaria Peronista”, agregó.

En la época de los hechos la testigo vivía con su esposo e hijos en Mar del Plata pero sus familiares le manifestaron que Beatriz y Carlos “estaban angustiados y nerviosos” en Tres Arroyos. Comentó que “se dijo que -a su hermana- la había secuestrado la Marina, con injerencia en la facultad de Ingeniería y Letras”.

“La misma noche del 3 de febrero de 1977 del pueblo Coronel Guisasola fue sacada Adriana Archenti y relata que en ese operativo había dos autos, ella iba en un Peugeot no identificado, le dijeron que la llevaban a Azul pero por el camino se dio cuenta que la traían a Bahía Blanca. Y hablaban de otro auto que venía detrás de ellos. Ella aparece en La Plata en la terminal a fines de abril del ’77 y se entera de que de Tres Arroyos habían sacado una pareja en ese otro auto”, relató Loperena.

La Fiscalía y la querella pretendían conocer más detalles sobre el secuestro de Beatriz Loperena y Carlos Rivada, cuyos casos serán juzgados en otro tramo de la causa Armada, pero como fue citada por los hechos que tuvieron como víctima a Cora Pioli el tribunal impidió avanzar en ese sentido.

Por su parte, el comerciante jubilado Valerio Roldán, de 85 años, declaró desde Neuquén que cuando se enteró de la desaparición de Cora la buscó “por todos lados” junto a su madre, Ana María Santarelli.

“Hicimos lo imposible por conocer dónde estaba pero lamentablemente la madre falleció y yo con los años que tengo no escuché que haya aparecido. Ella recorría las comisarías buscando desesperada a la hija. Fuimos a la comisaría de Punta Alta. (…) Yo preguntaba. Me conocían todos porque tenía un mercado, era muy confidente con la policía”, aseguró.

*Imagen completa de la obra de Jorge González Perrín.

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2 thoughts on ““La última vez que escuché a Cora”

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