“Hijos de puta, están matando gente”

Vuelos de la muerte. Foto desclasificada por la CIDH.

Vuelos de la muerte. Foto desclasificada por la CIDH.

Fue la expresión del ex marino Roberto Del Valle cuando en 1976 vio en un avión en la Base Aeronaval de Ezeiza “la cantidad de sangre que salía por la puerta y terminaba en el patín de cola” y las “sogas, soguitas, ropa y el ojal con botón” que había adentro. El hombre, quien luego se desempeñó en la Base Espora, describió además un vuelo de traslado de detenidos a Trelew.

El relato se escuchó ayer en el juicio contra 25 represores imputados por crímenes de lesa humanidad cometidos en jurisdicción de la Base Naval Puerto Belgrano de la Armada Argentina. También aportaron lo suyo y padecieron los planteos de las defensas Héctor Curcio y Liliana Griskan.

Hoy se escucharon nuevos testimonios, las audiencias continuarán el martes 3 y el miércoles 4 de marzo desde las 9 en Colón 80 de Bahía Blanca.

Tras la demorada llegada del grupo de imputados que sigue el debate en la sala de audiencias, el primer testigo fue el ex suboficial principal de la Armada (R) Roberto Venancio del Valle, quien durante la dictadura se desempeñó como radio operador en la Base Aeronaval Ezeiza, en la Tercera Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque de Espora -en el mantenimiento electrónico de aviones- y finalmente en la Base Aeronaval Ushuaia.

Del Valle expuso, tal como lo había hecho en el juicio ESMA, que mientras trabajaba en Ezeiza encontró claros indicios de que la Armada estaba usando los aviones para deshacerse de detenidxs. “Un día que llegué temprano, no tenía vuelo, fui a mi lugar de trabajo, la plataforma de aviones, preparé mate y me fui a recorrer los aviones que estaban ahí. Había cuatro. Verifiqué que esté todo bien y cuando voy al último me llamó la atención la cantidad de sangre que salía por la puerta y terminaba en el patín de cola, estaba lleno de sangre. Digo ‘estos habrán estado correteando'”.

“Abro la puerta y vi sogas, soguitas, ropa, estaba el ojal con botón, dije ‘hijos de puta, están matando gente, asesinos’. Comenté que había un avión con sangre, decía ‘esta gente está matando gente’. Se corrió la bolilla, a la semana me llamó el comandante (capitán Norberto Horacio Dazzi), me informó que estábamos en guerra, que teníamos que bajar al nivel de ellos para combatirlos y el que tenga algún problema se las va a ver conmigo”, afirmó.

Del Valle sostuvo que la Armada había decidido que si un avión desaparecía o le pasaba algo “no existía más y a la familia (de los tripulantes) se le iba a notificar que era desaparecido en combate”. Por eso, cuando se terminaron las planillas de vuelo resolvió comenzar su propia libreta.

“Un día me dicen ‘che Colo hay un vuelo a Trelew’. Salimos como tres y pico de la tarde de Ezeiza, acá se llegó a las cinco y media, para el lado de Harding Green, cuando me quiero acordar había un camión para el traslado de detenidos y había un mayor. Subieron gente encapuchada, más o menos veinte iban seguro, el avión tenía capacidad para 23. Todos varones y dos chicas todas cubiertas. Despegamos y aterrizamos en Trelew, ya estaba oscuro. Estaba el avión rodeado de gente de marina, con esos camiones celulares para llevar gente, nosotros nada que ver, me fui detrás de la cola del avión con el mecánico que iba conmigo, le temblaban las patas pobrecito, por la manera que trataban a la gente, los llevaban atados con las manos atrás, los llevaban a patadas a los vehículos, uno no podía hacer nada. Despegamos de vuelta a Espora y de Espora a casa. La libreta de vuelo la tiene el fiscal Córdoba. Eso fue en el ’76, no me acuerdo bien la fecha, era un avión DC3”, declaró.

Preguntado por detalles de aquel vuelo, comentó que el piloto era el teniente de corbeta Garavaglia, que uno de los detenidos preguntó si se podía descubrir la cabeza y alguien dijo: ‘Sí, total…’ y que escuchó comentarios “que hablaban de uno que era rector de la universidad”.

La defensa oficial indagó si podía haberse negado a volar y Del Valle contó que “uno se negó a volar hoy, al otro día no estaba más en la base. ‘Uy, lo hicieron sonar’, dijimos todos. Hace pocos años un amigo se retiró y se fue de vacaciones a Corrientes y lo encontró, no lo habían matado pero eso nos hicieron creer”.

“¿Supo si en la actualidad la Armada dio protección a personas involucradas en hechos de la dictadura?”, preguntó el fiscal José Nebbia. El ex marino aseguró que “por comentarios que me hizo mi hijo había gente grande en la Base Naval de Punta Indio, mi hijo estuvo entre 2004 y 2005. En 2006 estuvo en Espora y en 2007 me lo asesinaron acá”.

“Vi a uno que lo denuncié pero ese señor me lo cubrió la Policía Federal. Se llamaba Vildoza, fue en 2007 cuando mataron a mi hijo. Por eso fue que hice la denuncia porque ya estaba empachado de estas cosas. Sabía mucho, yo hablo de lo que vi personalmente pero a boca de ganso si me pongo a contar, chau. Yo lo vi en Bahía Blanca, acá en Vicente López, me sorprendí y se lo conté a (el fiscal) Abel Córdoba”, recordó.

El capitán de navío Jorge Vildoza fue su jefe en Ezeiza en 1973 y en dictadura dirigió un grupo de tareas de la ESMA. Entre otros centenares de crímenes de lesa humanidad al marino se le imputa la apropiación del hijo de Cecilia Viñas y de Hugo Penino, secuestrados en 1977. Javier recuperó su identidad en 1998. La esposa del represor, Ana María Grimaldos, comenzó a ser juzgada este martes. Si bien su familia lo dio por muerto, Vildoza se encuentra prófugo de la justicia desde 1986.

En cuanto a la muerte del hijo del testigo, oficialmente la fuerza habla de un suicidio pero Del Valle denuncia que fue un homicidio en la cuadrilla antisubmarina de Espora, “está involucrado el Estado también, había tráfico de drogas y armas”.

El consejo de Pila

Héctor Norman Curcio durante la dictadura trabajaba en el puerto de Ing. White al igual que su hermano Omar Antonio quien estuvo desaparecido una semana. Cuando Omar fue secuestrado, Héctor cumplía el servicio militar en dependencias de la Prefectura Naval. Rossi era el apellido del jefe de la fuerza y su segundo era el imputado Pedro Alberto Pila.

“Traté de averiguar en la guardia qué había sucedido con mi hermano y me salió mal porque al jefe de servicio se le ocurrió meterme en el calabozo hasta el otro día en que apareció Pila y me sacó. A mi hermano lo volví a ver después de una semana, a la miseria pero volvió”, afirmó Curcio y agregó que “me apartaron para hacer el trabajo tranquilo, llevarse a mi hermano de casa, siendo que estaba en la fuerza podía haber hecho una locura, eran varios encapuchados que entraron en casa”.

El testigo relató que Pila le tenía confianza porque como mecánico le atendía el coche. “Pila sabía que tenía un buen contacto por parte de mi mamá y si quería ver a mi hermano (me dijo) que lo usara”. El capitán de navío Alberto Somoza era primo de su madre y “no sé qué habrá hecho” pero su hermano apareció.

Curcio comentó que los operativos quedaban registrados en la guardia de Prefectura. “Yo no sé quiénes, yo estaba en una parada y sabía por comentarios de los propios compañeros. Podía ser marina porque el Falcon era típico, hay un galpón lleno en la base. Yo nunca vi si iban a avisar o no pero lo dejaban sentado, que iban a hacer el operativo, porque una fuerza ante otra fuerza no puede actuar, si no se chocan en el camino y se matan, para entrar libremente tenían que hacer una cosa así”.

“Lawless ordenó maltratarlo”

“No lo veo desde hace años”, dijo Liliana Beatriz Griskan luego de contarle al tribunal que conocía al imputado Alejandro Lawless. La cara se la vio por primera vez cuando la llevaron al V Cuerpo de Ejército a fines de septiembre de 1976, pero el apellido del ex integrante de la plana mayor del Batallón de Comunicaciones 181 estaba presente en su familia desde hacía tiempo.

Lawless y el hermano de la testigo chocaron sus coches y el incidente derivó en un juicio que ganó la familia Griskan. El represor buscó su revancha personal en los engranajes del terrorismo de Estado.

“Mi hermano se había salvado, después del juicio famoso, del servicio militar. Fue una cosa absurda, le abrieron la libreta y lo mandaron a Colonia Sarmiento. Al mes recibimos una carta donde nos dicen que está hospitalizado en Comodoro Rivadavia. Tenía un problema de columna. El que sabía de esto era Lawless porque mientras mi hermano lo trató se lo había contado”, explicó la doctora en Letras.

Y cerró: “Cuando vamos a Puerto Madryn mi hermano está en un hospital, no podía mover las piernas y tenía quemaduras en los pies y las rodillas. Pedimos una junta médica para salvarlo. El encargado de mi hermano era un cabo primero que se llamaba Spizuco. Era el encargado de trasladarlo de Colonia Sarmiento, pasando por Bahía Blanca, hacia Buenos Aires. Cuando pasó por acá habló con mi padre. Mi padre le mostró los papeles del juicio y Spizuco dijo ‘yo odio que al Ejército Argentino se lo use para estas cosas, yo recibí órdenes específicas de maltratar a esta persona que venían de parte de Lawless de Bahía Blanca'”.

Defensa al ataque

Los tres testimonios de la audiencia del lunes fueron atravesados por largas discusiones entre las partes provocadas por cuestionamientos de las defensas oficiales y particulares. En los tres casos los debates se dieron con las personas convocadas sentadas en medio de la escena.

Luego de escuchar el grueso del relato de Roberto Del Valle, al momento de optar por hacerle o no alguna pregunta, el defensor oficial Gustavo Rodríguez se despachó con un pedido de relevamiento del juramento de decir verdad y de apertura de una causa que investigue si fue partícipe en alguno de los delitos denunciados y cuestionó la presencia de “ciertas sospechas” mencionadas en el otorgamiento de prueba.

“Claramente hay una intención de amedrentar al testigo, lo mismo que aduciendo su carácter de defensor denunciarlo por ser colega de sus defendidos”, retrucó el fiscal Nebbia, subrayó el carácter “extemporáneo” de la “amenaza” y lo mandó a leer la causa. El tribunal pidió precisiones en los argumentos del defensor, Rodríguez no tenía “los papeles” por lo que el juez Martín Bava le reprochó estar “hablando en el aire”. Finalmente el tribunal rechazó el planteo.

En los casos de Héctor Curcio y Liliana Griskan el punto esgrimido por las defensas para callar a los testigos fue que los hechos padecidos por el hermano del primero y por la propia Griskan no forman parte de esta etapa del juicio y son investigados en otra instancia. Nebbia opinó que “no es verdad que si hay instrucción no se deben recibir, en todo caso (la declaración) es más acotada”.

“Estos planteos constantes claramente están manifestando por parte de las defensas que intentan entorpecer el desarrollo del juicio, estamos hablando de un imputado (Lawless) que está siendo juzgado, estamos tratando de determinar la responsabilidad y el rol que le cupo a ese imputado en un estado represor, es el objeto de que la testigo este sentada allí”, aseveró.

Tras un largo cuarto intermedio de “cinco minutos” los jueces por mayoría aceptaron la declaración de Griskan porque “en su momento nadie hizo ninguna observación” y fijaron un incómodo límite que obligó a la Fiscalía a interrogar sobre el incidente relatado arriba y protagonizado por Lawless sin dar cuenta de su intervención en la posterior detención de la testigo.

2 thoughts on ““Hijos de puta, están matando gente”

  1. Por favor que bueno seria saber que pasó con esos falcon encontrados, ¿se pudo establecer para que se usaban?, hay evidencias dentro de ellos ???, quienes los manejaban ????, que base sucia e inmunda la de puerto Belgrano, habría que cerrarla ya !!!!!!!!!!!!

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