Las mentiras de “Chaleco” Giménez

Giménez declaró como testigo  en el primer juicio Subzona 14 en 2010.

Giménez declaró como testigo en el primer juicio Subzona 14 en 2010.

(Por Guillermo Quartucci) El  domingo 22 de febrero, según informan diversos medios, en especial de la provincia de La Pampa, apareció colgado (suicidio) en su casa de Santa Rosa, René Rubén “Chaleco” Giménez, quien cumplía prisión domiciliaria a la espera de la materialización del bastante postergado segundo juicio oral Subzona 14, en el cual ahora sí, iba a ser juzgado por los crímenes de lesa humanidad en los que participó durante la larga noche del terrorismo de Estado que asoló a su provincia.

En el primer juicio, llevado a cabo en 2010, Chaleco había sido citado como testigo y, como tal, ofreció su testimonio, considerado “desafiante” por quienes lo escucharon seguramente en razón de sentirse protegido pos su calidad de no imputado. Fue así como espontáneamente narró acciones que lo involucraban, en especial su participación en el amplio Operativo llevado a cabo del 14 al 16 de julio en la localidad de Jacinto Aráuz, en el cual fueron privados ilegalmente de la libertad y torturados profesores y personas vinculadas a la escuela secundaria local, el Instituto José Ingenieros, considerada por algunos lugareños como un foco de diseminación de ideas marxistas. Chaleco, básicamente, actuó como chofer del comisario Roberto Esteban Constantino, presente en el Operativo, así como encargado de trasladar a los secuestrados hasta la Comisaría del pueblo, a cuya cabeza se encontraba el comisario Miguel Gauna, y de allí hasta el Puesto Caminero junto a la Ruta 35, en el límite con la provincia de Buenos Aires.

Chaleco, en su testimonio oral de 2010, se confesó autor de un único secuestro, como fue el del profesor Guillermo Quartucci mientras se encontraba dando clase a los alumnos de tercer año, citando pormenores que, sin embargo, no se ajustan para nada a la realidad, delito de perjurio del cual debería haber respondido en el próximo juicio, esta vez como imputado, de no haberse interpuesto su decisión de acabar de mano propia con su vida.

Primera mentira

En su testimonio oral, Chaleco afirmó que “detuvo” al profesor Quartucci por orden del policía represor Roberto Fiorucci, quien le habría manifestado que tuviera “cuidado porque es muy peligroso”. Fue así, como según él, entró al aula en medio de la clase, redujo al profesor con una mano, empujándolo contra el pizarrón mientras con la otra lo palpaba de armas, hasta reducirlo y arrastrarlo hasta el vehículo que esperaba en el patio.

La verdad es muy diferente: quienes entraron al aula portando armas largas en el hombro fueron dos jóvenes, con toda la apariencia de conscriptos, que preguntaron al profesor por su nombre y, al confirmar que era a quien buscaban, lo sacaron al pasillo, donde lo palparon de armas junto a una pared para después conducirlo hasta un vehiculo en cuyas puertas se veía la leyenda Gobernación de La Pampa, junto al cual esperaba un uniformado. Casi con seguridad los que sacaron del aula a Quartucci fueron los conscriptos Manuel Emilio Ravignani y otro de apellido Abeldaño que formaron parte del delirante Operativo orquestado por Luis Enrique Baraldini, jefe militar de la Policía de La Pampa. El oficial que recibió al secuestrado junto al vehículo estacionado a un lado del mástil del patio, ése sí era Chaleco. Su único “acto de arrojo” fue colocar una venda de toalla en los ojos del secuestrado y utilizar su bufanda a guisa de esposas para amarrarle las manos hacia atrás. Después lo hizo subir al vehículo y mientras se dirigía a la Comisaría local se comunicaba a través de un equipo con el comando central, informándole del éxito de la operación.  Llegados a la Comisaría entregó al secuestrado.

Segunda mentira

En la Causa 645/76, caratulada “Quartucci Guillermo s/evasión” -abierta en octubre de 1976 por orden del jefe de policía de La Pampa, Luis Enrique Baraldini,  ante la justicia pampeana a cargo del juez Carlos Walter Lema- se acusa de negligencia a quienes permitieron la fuga del profesor. Fiorucci, entre los otros imputados, declara que “en ningún momento los detenidos mostraron signos de peligrosidad y que, por el contrario, colaboraron dócilmente ante las preguntas que se les formulaban”. ¡Lejos estaba Quartucci del subversivo peligroso mencionado por Chaleco, quien evidentemente trató con esta fantasía de enfatizar su propio coraje!

Tercera mentira

Si bien reconoce Chaleco haber sido el encargado de transportar a los detenidos hasta el Puesto Caminero sobre la Ruta 35, miente cuando afirma que las cabezas de éstos eran cubiertas por sus propias camperas para preservar la identidad ante la mirada de posibles curiosos. En realidad, las supuestas camperas eran sucias vendas de toalla o de trapo ajustadas sin piedad sobre los ojos de los secuestrados. Después de una larga jornada, Quartucci es sacado de la Comisaría. “Con éste son 4”, dice Chaleco al hacer subir al vehículo a Quartucci quien se da cuenta de que hay otro secuestrado al que por el momento no reconoce. Los otros dos serían Carlos Samprón y Samuel Bertón quienes los esperaban en el Puesto Caminero.

Un olvido

Seguramente Chaleco, mientras declaraba con ampuloso énfasis ante el jurado, en 2010, en el primer juicio oral Subzona 14, no recordó el breve diálogo que se entabló mientras los dos últimos secuestrados del 14 de julio eran conducidos por él hasta el Puesto Caminero. La escena es la siguiente: Chaleco maneja,  con Quartucci a su lado y el otro secuestrado junto a la ventanilla, los tres en el asiento delantero. En un momento Quartucci le pide al conductor que le saque la venda, porque le arden los ojos, después de horas de tenerla puesta. Chaleco le contesta: “¿Para qué, si dentro de un rato te la va a sacar San Pedro?”. En ese momento se oye la vos del otro secuestrado: “¡Señor, no me diga que van a matarnos!”, a lo que Chaleco responde: “¡Creen que estamos jugando? Todos son iguales. Ahora se cagan. ¿Quién los manda a meterse? El Gringo se va a encargar de ustedes”.  La voz del otro secuestrado pertenecía  al profesor Ángel Julián Álvarez.

Colofón

Si es cierto que los hoy de moda suicidas no van al cielo, entonces Chaleco se perdió la oportunidad de tener su propio encuentro con San Pedro y sus víctimas la de desarmar sus falaces argumentos en el próximo juicio oral Subzona 14. ¡La muerte, además de cruel, a veces suele ser muy injusta!

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