Dos policías y un colimba

Foto El rosalenio

Los ex policías navales de la Base Puerto Belgrano Rubén Valdez y José Néstor López, declararon la semana pasada ante el tribunal oral de Bahía Blanca y relataron el ingreso forzado de decenas de militantes detenidxs a las dependencias de la Armada, tras el golpe de Estado. El colimba Rubén Miceli comprometió al ex subjefe del Batallón de Comunicaciones 181, Carlos Stricker.

Ya casi en el tramo final de las audiencias testimoniales, comenzarán las exposiciones de testigos de concepto. El juicio continúa hoy martes y mañana miércoles desde las 9 en Colón 80. Mayores de 18 años pueden ingresar a la sala presentando su DNI.

En 1976 Rubén Valdez y José Néstor López pertenecían a la Policía de Establecimientos Navales que custodiaba el perímetro de la Base Naval Puerto Belgrano. Ambos declararon haber visto, días después del golpe de Estado del 24 de marzo, cómo entraban camiones con gente de civil y volvían a salir vacíos.

El cabo Valdez era el encargado de custodiar el Puesto Nº 1 de la Base. Contó que en cierto momento le prohibieron que revise las camionetas que estaban ingresando. Durante el mismo día, espió por una puerta en el patio cubierto de la Comisaría Naval y vio que había alrededor de 40 personas -hombres y mujeres- formadas, encapuchadas y esposadas.

“Estimo que para las siete de la mañana retiraban la gente de comisaría. Entraba un camión por la parte derecha marcha atrás y vi, eso lo vi, que salía gente y los subían a los camiones. Fueron dos camiones. Hasta las ocho de la mañana. Alguien dice: ‘ya está aclarando’. Y otra voz responde: ‘cortemos’”, aseguró.

Además, confirmó la existencia de listas en la entrada de la Base, en la terminal, en la Municipalidad y “en todos los lugares que cubría el personal militar (…), si estaba el nombre en la lista, el personal naval lo detenía”.

Por su parte, López ratificó haber visto el ingreso de camiones a la Base Naval con personas  que luego bajaban esposadas y encapuchadas en la comisaría. “Los mismos que bajaban a la gente del camión los llevaban al interior del edificio, al patio cubierto”.

En el blanco

El ex conscripto Rubén Alberto Miceli ingresó el 19 de marzo de 1976 al Batallón de Comunicaciones 181 y fue destinado a la Compañía A de combate y luego a la B para manejar un camión. Tras la instrucción, el grupo al que pertenecía realizó “operativos en las rutas y en distintos lugares”.

Recordó un episodio en el que les ordenaron abrir fuego contra un auto en la Ruta 33 al que “no le pegamos ni un tiro” y se trataba de “una familia con dos criaturas”. Otro de los operativos se concretó cerca de la cárcel en Villa Floresta donde “no sabíamos lo que buscábamos pero teníamos que dar vuelta todo, mientras yo fui no hubo detenidos, había que buscar armas o cosas de valor”.

“Cuando volvíamos del Campito, nos llevaron a bañar, había un camión adelante parado y bajaban encapuchados. En eso que están bajando, uno se cae, se trastabilla y dice algo. Teníamos un sargento que le decíamos ‘el Tortugón’. Le pregunté y no me dijo nada. Después fui a ver a un muchacho conocido que tocaba el redoblante y me dijo que eran de Punta Alta y que estaban arriba, en el gimnasio. Posteriormente los vi. Estaban los hermanos Giorno, Carracedo, el intendente Canini, un muchacho que era un fotógrafo de Bahía y otro que con el tiempo me enteré que era Barcia”, contestó cuando le preguntaron si había civiles detenidos.

Finalmente, Miceli dijo conocer al imputado Carlos Andrés Stricker, ex segundo jefe del Batallón de Comunicaciones 181. Comentó que en prácticas de tiro que se realizaban en el polígono de Villa del Mar, disparó en el blanco una vez y lo llevaron a una oficina en Bahía donde “le dieron unos empujones y unas cachetadas y me preguntaron por qué tiraba tan bien, si conocía a Mengano y Fulano, dónde había aprendido a tirar, a quién pertenecía, qué hacía. Nada, en mi vida toqué un arma, esa fue la única vez. Así me tuvieron un par de horas y me dejaron. Con el tiempo me dijeron que el señor ese era Stricker”.

“Escuchamos hablar de un centro de detención llamado La Escuelita, nosotros lo conocíamos por La Casita. Íbamos al SICOFE donde había un montón de radios, nos metían en un pozo y teníamos que mirar a lo que sería La Carrindanga por si venían ‘los extremistas’”, agregó el ex colimba.

Foto: El Rosalenio.

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