“Parecían verdugos medievales”

jup

La calificación corresponde a la imagen que vio Máximo Cargnelutti cuando le quitaron las vendas en el centro clandestino de detención, torturas y exterminio “Baterías” y se encontró con sus propios interrogadores encapuchados. El ex militante de la Juventud Universitaria Peronista declaró desde el Consulado de México sobre la persecución contra su organización y su paso por dependencias de la Armada en la región.

Fue uno de los testimonios de la audiencia del martes por la tarde en el juicio contra 25 represores que actuaron en jurisdicción de la Base Naval Puerto Belgrano. Desde República Dominicana el sacerdote Néstor Pazos de Aldekoa comentó sus gestiones ante el obispo Emilio Ogñenovich para dar con el paradero de su sobrino Rodolfo, ex funcionario municipal de Punta Alta hasta el golpe de Estado.

Próximamente este sitio difundirá el resto de las testimoniales de la semana: desde Mar del Plata se escuchó al ex detenido en el Buque 9 de Julio, Edgardo Rubén Gabin, y a los ex colimbas Gustavo Florencio Monforte y Oscar Aníbal Arrache. En tanto, desde el Consejo de la Magistratura declararon el ex conscripto Daniel Miguel Lago, el teniente de fragata (r) Ricardo Luis Hirsch y el perito forense Mariano Castex.

Las audiencias continuarán los días martes 21 y miércoles 22 de abril desde las 9 en Colón 80 de Bahía Blanca.

El docente universitario Máximo Cargnelutti declaró por videoconferencia desde el Consulado de México con el acento que le impregnaron a su decir los veinte años de residencia en el país azteca. Nació y vivió en Bahía Blanca hasta junio de 1976 cuando se fue ante la amenaza de la Triple A y las fuerzas militares. “Al poco tiempo hubo un operativo militar en la casa de mis padres, me buscaron, era lo que temía (…) Pues mi madre decía que eran del Ejército pero no creo que supiera de qué fuerza, veía gente de uniforme verde y decía del Ejército”.

En 1973 había comenzado a militar en la Juventud Universitaria Peronista (JUP) mientras cursaba ingeniería química y participaba en el centro de estudiantes. Un año después el decano departamental -Antonelli- lo responsabilizó por un atentado a su casa y prometió denunciarlo.

“Se equivocaba, pero me lo dijo y esa fue la única amenaza explícitamente dirigida a mí. Las anteriores eran, nada más y nada menos, el hecho de irse enterando ya desde 1974 el hostigamiento militar contra nuestra militancia, primero el sindicalista Ponce, las Tres A, Remus Tetu que me declaró cesante de mi trabajo en la universidad, las editoriales de La Nueva Provincia y las noticias de matanzas en el país. Todo eso daba a entender que los militantes éramos candidatos a persecución y en particular aquellos más antiguos y visibles”.

Antes del golpe, en tiempos en que el gobernador Oscar Bidegain era obligado a renunciar en favor de su vice Victorio Calabró, Cargnelutti y sus compañerxs acamparon en el Dique Paso de las Piedras para discutir política y armar un huerto para abastecer un comedor obrero. “En esa ocasión nos sobrevoló un pequeño helicóptero, probablemente militar y, porque bajaron mucho, creo nos tomaron fotografías o filmaciones, supongo que era de la marina de guerra pero no logré identificar insignias”.

Ya fuera de la ciudad, aproximadamente el 20 de agosto de 1977, Cargnelutti fue secuestrado y llevado un par de semanas a la “Casa del Servicio de Inteligencia Naval” en San Isidro. De allí fue llevado a la ESMA, devuelto a la “Casa del SIN”, trasladado una semana en la Base de Baterías, nuevamente al primer centro clandestino, “un período muy breve en una casa particular rumbo a La Plata” y otra vez a la ESMA hasta su expulsión hacia Italia.

En la “Casa del SIN” mandaba el capitán Luis D’Imperio, alias Abdala. Lo reconoció ya en libertad “leyendo publicaciones de derechos humanos y de apoyo a los familiares de desaparecidos que divulgaban acerca de los primerísimos testimonios de sobrevivientes de la ESMA y de esa Casa del SIN”. Abdala le avisó que lo iban a trasladar a Bahía Blanca, “para un secuestrado saber qué iba a pasar mañana era casi un privilegio”. Los suboficiales “Gallego” y “Petiso” lo entregaron en Aeroparque y supone que aterrizó en la Base Espora donde le cambiaron las esposas, “el del avión se quedó con las viejas y los de Bahía Blanca me pusieron unas nuevas y unos grilletes en los pies y me trasladaron en una pick up a lo que recuerdo que es Baterías”.

Fue encerrado en un cuarto de piedra y cemento, un rectángulo de unos siete metros de largo por unos tres de ancho, el techo abovedado, un baño y una cama de flejes con un colchón de goma pluma y frazada. “Me llamó mucho la atención la mancha de yemas de manos ensangrentadas contra la pared. Era muy impresionante. Como personas que hubieran sido obligadas a apoyar las manos contra la pared y a alejar exageradamente los pies como para un supuesto cateo de armas”.

Lo interrogaron y le mostraron fotos de compañerxs, “tomadas antes del golpe militar o robadas de las casas donde habían hecho algún allanamiento”, estaban numeradas y “se supone que debía decir tal número corresponde a tal nombre”. En una ocasión le dijeron que lo iban a sacar “a pasear o lanchear” para que señale a sus conocidos en la calle. “No lo hicieron afortunadamente. Fue la única ocasión en que admitieron que estábamos en Bahía Blanca, antes lo habían negado. Me preguntaron ‘¿cómo te conocen en Bahía Blanca?’. Probablemente su intención era caracterizar mi aspecto de modo que las supuestas víctimas de este señalamiento no me conocieran”.

En Baterías no pudo percibir ni escuchar a otrxs detenidxs. Ponían “permanentemente música de grupos llamados progresistas, que gustaban al ambiente de izquierda, discos de acetato robados a alguien seguramente, en volumen muy muy alto. Ellos nunca mostraron su cara, siempre cubrían mi rostro cuando iban a entrar y cuando me sacaron la capucha ellos se pusieron unas con orificios para verme, es impresionante, parecían verdugos medievales”.

“Era un ambiente marino, de viento marino y árboles altos, y una vez sola me sacaron a ducharme en una caseta de lámina muy oscura”, detalló y subrayó que “algunos de los cubiertos tenían los signos de la marina de guerra, ARA y un ancla”.

“Te vamos a liberar, te vas a Italia”, le dijo el capitán D’Imperio tiempo después al volver a la Casa del SIN. Sus padres vivían en Europa. El 19 de agosto de 1978 “me llevaron al aeropuerto, entregaron un pasaje de Aerolíneas, pagado con los impuestos nacionales, así como todo ese año de detención fue financiado con los impuestos de los argentinos, me llevaron Gallego y Petiso – inseparables- y Abdala misteriosamente apareció con su esposa que no tenía nada que ver y otro par de detenidos como si estuvieran despidiendo a una amigo, una cosa inconcebible”.

Conocidos por la Inteligencia

Cargnelutti, como muchos testigos, aseguró que a pesar de no haberles visto la cara pudo notar que las guardias y los interrogatorios estaban a cargo de represores distintos. Cuando alguien del segundo grupo le informó que en Bahía querían saber de su militancia en la UNS, Abdala le dijo: “Cuando te pregunten algo de Buenos Aires dile que no estás autorizado a responder”.

En un álbum que le mostraron pudo ver al estudiante de Agronomía Carlos Príncipi, “seguramente José Luis Peralta, muy probablemente  Fortunato Mallimaci de mi carrera de ingeniería química, compañeros del sindicato de trabajadores no docentes de la UNS. Había fotos de una manifestación, estaba Hugo Ziliani, Gregorio Goyo Díaz y muchos más. Cualquier foto que veía les decía que era yo, cosa que no les caía muy bien”.

Insistían con las preguntas sobre Teodoro Bonfiglio con quien compartió el bachillerato en el Don Bosco y las clases universitarias. Después lo hicieron por Nora Livia Formiga y Elena Sahores, detenidas desaparecidas cuyos restos fueron identificados en 2002. “Las conocí en La Plata, no tengo certeza de que fueran militantes activas, ni siquiera lo creí hasta cierto momento pero sí ofrecieron solidaridad a muchos compañeros en La Plata y Buenos Aires, a mí también. Eran simpatizantes muy cercanas y colaboraban en nuestra ilusión de escondernos y escapar de la represión”.

“En la ESMA el Gallego, este suboficial de inteligencia, me volvió a hablar de Nora y Elena Arce. Entendí de su conversación que ambas habían sido secuestradas en La Plata. Probablemente para generarme inseguridad me dijo ‘Elena te mandó al frente’. Eso no lo creí ni lo creo, simplemente era una forma de crearnos distancia, dudas, de hacernos desconfiar de los compañeros”.

En la Escuela de Mecánica encontró a Graciela Tauro y a Silvia Laura Castilla, ambas estaban embarazadas. El hijo de Graciela y Jorge Daniel Rochistein fue restituido por las Abuelas de Plaza de Mayo en septiembre de 2010. El o la de Castilla, que debió nacer entre enero y febrero de 1978, aun permanece desaparecidx.

Máximo “las conocía de la militancia en la JUP, luego creo que ambas dejaron probablemente para militar en la JP barrial, yo permanecí en lo académico. Silvia Laura me comentó que en Mar del Plata había sido asesinado Nelson Vega, otro compañero de Punta Alta, es alguien que no he mencionado nunca, me estoy acordando en este momento. Era estudiante de ingeniería química pero no había militado nunca en la JUP, probablemente en la JP barrial”.

Sobre Diana Miriam Fernández comentó que era su novia aunque durante el cautiverio nunca le preguntaron por ella: “Yo bien que me cuidé de mencionarla porque consideraba que estaba libre y viva así que eran las primeras personas a olvidarse”.

El fiscal José Nebbia preguntó por otrxs compañerxs de militancia. A María Luisa Buffo la vio la mañana del 30 de abril de 1977 horas antes de su secuestro. “Faltó a la cita siguiente y yo la esperé, le había pedido que si la secuestraban dijera dónde yo vivía, fui a mirar la casa y la habían saqueado. Los vecinos me dijeron que habían sido militares y que traían a tres personas encapuchadas. Una de ellas era María Luisa”. Jorge Juan Riganti estudiaba ingeniería y era referente de la JUP, “seguramente fue a La Plata junto con María Luisa, los unía una relación de amor”.

Alejandro Mónaco y José Garza “probablemente hayan sido secuestrados” contemporáneamente con Buffo, también integraban la JUP y eran “conocidos por estos personajes de la inteligencia”. Las hermanas Ana Inés y Claudia Ciochini, María Graciela Izurieta y Luis Alberto Sotuyo fueron otras víctimas de la represión recordadas por el testigo.

Las gestiones del obispo

El sacerdote católico Néstor Pazos de Aldekoa declaró por videoconferencia desde República Dominicana, donde reside desde 1969, sobre el secuestro de su sobrino Rodolfo. En 1976 el salesiano estaba en Bahía Blanca y pudo entrevistarse con el ex secretario de Bienestar Social de la Municipalidad de Punta Alta mientras estaba desaparecido.

Rodolfo Pazos de Aldekoa había estado en cautiverio en el Buque ARA 9 de Julio en Puerto Belgrano, fue liberado y recapturado en su estudio de martillero y recluido en el centro clandestino La Escuelita del V Cuerpo de Ejército.

“Hicimos averiguaciones, yo fui al obispado de Bahía Blanca, hablé con el padre Emilio Ogñenovich y a los dos días me dijo que estaba allá y que lo podía ir a ver. Era el Ejército nacional. No recuerdo quién me acompañó, he perdido el contacto, pero la entrevista yo solo la hice”, dijo el cura. Agregó que lo vio en un cuarto con unas sillas donde estaba Rodolfo y otra persona: “No quería hablar prácticamente de cómo estaba, le pregunté si se sentía bien, me decía que sí pero dándome a entender que no, le conté de mi vida. En un momento me dijo un dato que me quedó grabado. Me dijo ‘aquí en la noche se oyen muchos llantos y gritos'”.

Luego supo que a partir de ese encuentro mejoró el trato hacia su sobrino. “Al obispo le agradecí la deferencia de haberme hecho el contacto. (Cuando lo liberaron) lo encontré en su casa, y la alegría y llanto, pero no quiso hablar nada de lo sucedido y después ya me vine’”, concluyó.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s