#NiUnaMenos

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La Comisión de Apoyo a los Juicios adhiere a la convocatoria “Ni una menos” ante la violación sistemática de los derechos de las mujeres, que encuentra su dramático desenlace en el feminicidio.

Podemos citar otras expresiones de esta vulneración de derechos como la trata de mujeres y niñas para ser explotadas por redes de prostitución, las violaciones, todas las formas de acoso y violencia, la brecha salarial entre hombres y mujeres, la injerencia del la Iglesia y el Estado en nuestros cuerpos a través de la prohibición del aborto, etc.

Cabe preguntarnos por las raíces profundas sobre las que crece una sociedad que hace del cuerpo de las mujeres propiedad de todos menos de nosotras mismas. La desigualdad estructural entre hombres y mujeres es inherente al patriarcado que, como todo sistema de dominación, no es pacífico, se impone y reproduce con la violencia simbólica de nuestra cultura machista y masculinocéntrica y la violencia física disciplinadora hacia aquellas que escapan al modelo único de mujer subordinada.

El patriarcado se potenció con el capitalismo que necesita a las mujeres para asumir sin cuestionamientos el rol de reproductoras de lxs trabajadorxs, criando hijos e hijas y asumiendo todas las tareas domésticas sin percibir salario.

Los capítulos más nefastos de nuestra historia dedicaron métodos particulares de disciplinamiento para las mujeres. La última dictadura cívico-militar-eclesiástica utilizó diversas modalidades de abuso hacia ellas, cuyo “grado más extremo” fueron las violaciones, pero incluyen servidumbre sexual y cosificación de las detenidas. “Existía una doble calificación negativa, por ser militantes y por ser mujeres. Por pensar y por no cumplir el rol que esa sociedad la mandaba a cumplir”, dijo la Fiscalía al pedir la imputación por delitos sexuales a violadores de uniforme.

Al momento de encarar nuevos encuadres sobre aquellos crímenes contra las mujeres como los que padecen en la actualidad, el poder judicial ratifica que su matriz general sigue siendo fuertemente patriarcal.

Las continuidades pueden simbolizarse en la figura del formador de abogadxs y camarista federal Néstor Luis Montezanti. Ayer integraba los servicios de inteligencia del terrorismo de Estado y hoy es un eslabón del Estado prostituyente que garantiza la impunidad de los explotadores de mujeres.

Para Montezanti como para Santo Tomás de Aquino “las prostitutas representan en el mundo el papel de las sentinas en los barcos o de las cloacas en los palacios: si se suprimiesen sería tanta la hediondez que nadie la soportaría”. Por eso no duda en desprocesar intendentes y policías tratantes. Nada que envidiarle a los defensores de violadores Piombo y Sal Llargués.

Por eso es necesario insistir en el juzgamiento a los responsables civiles del genocidio que hoy siguen reproduciendo la dictadura patriarcal desde los medios de comunicación, el poder judicial, la iglesia y el poder económico. La inacción del Estado sobre la violación de los derechos de las mujeres es parte de la política del mismo sistema que pone al capital sobre la vida. No hay alternativa política ni derechos para las humanas y los humanos sin contemplar el fin de la opresión patriarcal.

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