Actuaban como “una organización criminal”

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Dante Patrignani es autor de una de las denuncias que confluyeron en el dictamen acusatorio aprobado por el Consejo de la Magistratura para iniciar el juicio político al presidente de la Cámara Federal de Bahía Blanca, Néstor Montezanti, que se tramita desde el lunes en la sede del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados.

Fue el tercero de los testigos y aseguró que el único compromiso que tiene es “político y con la memoria de los 30 mil compañeros desaparecidos”. Habló del accionar de las bandas de la Triple A en los ámbitos universitarios y su vinculación con el imputado.

Montezanti “por una cuestión de practicidad y de coherencia” prefirió “avanzar un poco en la recepción de la prueba y luego decir lo que sea pertinente y no todo lo mucho que tengo para decir, me pongo en el lugar del jurado que no tiene por qué soportar circunstancias personalísimas”.

FM De la Calle registró además los dichos de la ex alumna y dirigente estudiantil Yamile Yauhar y la vicerrectora de la Universidad del Sur, Claudia Legnini. Hoy estaban citados Alberto Rodríguez, Sandra Martínez Borda, Dino Berdini, Graciela Diez Paz, Miguel Thomé, Ricardo Serafini, José Manuel Sáez, María Inés Colantuono y Marcos Fernández Peña. Ayer se presentaron ante el tribunal Eduardo Hidalgo, José Luis Centurión, Luis María Esandi, Aldo Luis Buffa y Francisco Alfredo Gastañaga. El único ausente fue el ex fiscal Hugo Cañón quien se encuentra fuera del país.

Patrignani ingresó a la UNS en 1971 como estudiante de ingeniería y se sumó a la Federación Juvenil Comunista y al Centro de Estudiantes de Ingeniería y Agrimensura “donde conocí y milité junto a Watu Cilleruelo hasta el día en que lo asesinaron, estando yo presente mientras repartíamos volantes”. “Pretendíamos enfrentar la intervención de Tetu” que había cerrado carreras y cesanteado a decenas de docentes y alumnxs, “cuando se va Watu, a los dos minutos, tres minutos, escucho un disparo, me doy vuelta y veo caer a Watu… Y a Argibay atrás con una pistola en la mano”, declaró.

El profesor describió el accionar de grupos armados en la universidad como “una cosa cotidiana” e informó al tribunal sobre la conformación de la banda parapolicial y la intervención del rector Remus Tetu en el marco de la Misión Ivanissevich.

Luego del fusilamiento de Cilleruelo en los pasillos de la Universidad del Sur, sus compañerxs convocaron a un enjuiciamiento público de la gestión de Tetu y su rol en el homicidio. Participarían federaciones, organizaciones estudiantiles y personalidades de los derechos humanos. El testigo era parte de la media docena de militantes que debía preparar el salón en el segundo piso del céntrico Hotel del Sur. “En un momento, casi de casualidad, mirando por la ventana veo cruzando Colón a Argibay, armado, con dos personas más y de pronto estacionaba lo que nosotros llamábamos la fiambrera o la chanchita, que era un Fiat azul con rayas blancas que se sabía estaba para levantar gente y reventarla después”.

Los jóvenes se encerraron a oscuras hasta que llegó la policía. “Nos detuvo, yo estuve con otros compañeros dos años y medio preso y era exactamente la misma gente que se movía con ese vehículo, que actuaba en la universidad, y que en un juicio que le inicio el dr. Montezanti a Alberto Rodríguez, el juez José Luis Ares dio por acreditado que ese grupo de gente era la guardia de seguridad de la Universidad Nacional del Sur -Argibay y su gente-, formaban parte de la organización Alianza Anticomunista Argentina”, afirmó.

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Esa fue la primera vez que vio a Argibay, sin saber que se así se llamaba. “Estaba en el hall central junto con otro grupo de gente, con su arma, estaba el dr. Montezanti, provocándonos como para decir ‘entren’. Enterados que estaba este grupo de matones en la Tecnológica, los estudiantes de la UNS hicimos una movilización, obviamente nos quedamos afuera y no respondimos a la provocación porque era evidente que estaban buscando que hiciéramos algo para meternos algún balazo”.

“Yo no sabía qué era el dr. Montezanti. Yo vi una persona de saco y corbata que desentonaba con el grupo de matones vestidos con camperas, con armas en la mano. Pero estaba con ese grupo y se reía y provocaba. Entonces le pregunto a Alberto Rodríguez quién era ese tipo que desentonaba y Alberto me dice ‘ese es Montezanti, profesor mío’. En ese momento no existía el Departamento de Derecho, él daba materias de Derecho en el Departamento de Ciencias de la Administración”, aseveró el testigo.

Ese fue también el primer contacto con Montezanti. Comprendió mejor “su personalidad” durante la querella que entabló el magistrado contra Rodríguez y “terminé de conocerlo leyendo el descargo que hace cuando pido el juicio académico donde me trata de ITS (NdR: sigla militar de ‘inútil para todo servicio’), de drogadicto, de parásito que vive de la teta ubérrima del Estado y que no trabajo y por eso me dedico a la militancia y a escribir cosas como el pedido de juicio académico”.

Sobre el desempeño docente de Montezanti, Patrignani repitió algunas de las acusaciones planteadas en las declaraciones anteriores (ver abajo) y sumó el caso de una abogada que enfrentó al camarista en el Consejo Departamental de Derecho como dirigente estudiantil y luego tuvo que terminar su carrera en otra universidad.

Respondió preguntas sobre el trámite del juicio académico y la persecución judicial que desató el denunciado mediante tres demandas en su contra. En la defensa de una de ellas, el ingeniero adjuntó copia del legajo de Personal Civil del Destacamento de Inteligencia 181 de Bahía Blanca, provocando la ira del camarista quien lo acusó penalmente por supuesta violación de secretos políticos y militares.

En esa causa, ajena al jury, pensaron seguramente Montezanti y su abogado al demorar el testimonio de Patrignani hasta la llegada de un expediente que contenía la documentación, para preguntarle cómo había accedido a ella. Ni el testigo, ni la acusación, ni el tribunal les permitieron el gusto.

Patrignani intentó informar al tribunal sobre otros aspectos de la ética del magistrado suspendido, como aquel fallo que desprocesó en una causa por trata a autoridades policiales y políticas de un pueblo pampeano en nombre de “lo que se lee en De Regno, que algunos atribuyen a Santo Tomás de Aquino y otros a Tolomeo de Lucca y es o ha sido compartido por buena parte de nuestra doctrina, sin reproche alguno hasta ahora, menos aún penal (…) Las prostitutas representan en el mundo el papel de las sentinas en los barcos o de las cloacas en los palacios: si se suprimiesen sería tanta la hediondez que nadie la soportaría”. El jurado prefirió ceñirse al dictamen acusatorio. La defensa bufó por tres golpecitos en su mesa que habría dado el testigo al salir.

Malos tratos y arbitrariedades en las aulas

uns-tv-noticias-obras-en-el-camp-1024x576Luciana Yamile Yauhar es abogada, graduada de la Universidad Nacional del Sur, fue dirigente estudiantil y alumna del imputado en las cátedras de Introducción al Derecho, Ciencia Política y Derecho Administrativo I entre los años 2007 y 2012.

Fue la primera testigo y dijo al tribunal que Montezanti “trataba de perjudicar” y “no era respetuoso con los alumnos”. “Yo eso lo dejé manifestado porque mientras estudié, participé de los órganos de gobierno, fui asambleísta y consejera departamental y participé del centro de estudiantil. Así que no solo como alumna vivía su actitud frente a los alumnos sino también en el centro de estudiantes recibíamos denuncias” sobre su actitud docente. Por ejemplo, “preguntas inadecuadas o no lo relacionadas con la materia, durante las clases si sonaba un celular las terminaba o si algún alumno se retiraba también terminaba la clase”.

En cuanto a la violación del reglamento, Yauhar relató que el docente sabiendo que el alumnado tiene el derecho de rendir finales dos veces en cuatro momentos del año, burlaba el reglamento y “ponía la fecha el 1 y el 3 de diciembre, ante eso teníamos que hacer presentaciones hasta que logramos que se establezca una diferencia de diez días entre una fecha y otra”. Tampoco cumplía con las “encuestas de cátedra” que se realizan cada fin de cursada.

La abogada, una de las tantas asambleístas universitarias que levantaron la mano para aprobar el proyecto que restringe la contratación de colaboracionistas en la UNS que luego sustentaría el pedido de juicio académico, también dio cuenta del encierro de alumnas y alumnos durante una clase de Montezanti en una de las aulas del edificio de Agronomía.

Finalmente destacó que en la curricula de Ciencia Política solía leerse bibliografía de autores antidemocráticos y que no existía margen para el debate. La cita motivo que el acusado pase por alto su intención de no declarar y se escandalizó porque el autor citado “no puede ser calificado como antidemocrático, esto resulta un agravio y que lo diga un abogado entra en el terreno… pido disculpas al tribunal pero quise decir esto porque es más de lo que el alma honesta de un hombre que en su vida no ha hecho otra cosa que estudiar puede soportar”.

“No era una clase debatida en estos temas, el daba clases magistrales, pero no era una clase en la que ningún alumno en la que los alumnos levantaran la mano para preguntar, solamente lo vi en una clase de primer año y después no preguntó más porque le contestó dejándolo en evidencia”, dijo.

Luego fue el turno de la vicerrectora de la Universidad del Sur, Claudia Legnini, quien aseguró que “nunca jamás intercambié una palabra con él” aunque “no es de esos profesores que pasan desapercibidos” ya que, incluso fuera de los ámbitos educativos, “surgen en cualquier lado los comentarios de que Montezanti es un profesor bravo”.

Precisó que el letrado solía cometer “arbitrariedades en las cátedras”, “maltrato hacia los estudiantes” e incumplir las normas. Esto pudo conocerlo sobre todo cuando fue secretaria de Asuntos Estudiantiles, lo que le permitió “tener una relación más directa con casi todos los alumnos de la universidad -ya no solamente con los que me rodeaban en mi cátedra- los comentarios comenzaron a ser mayores y las circunstancias en que a veces se veía envuelto el señor Montezanti comenzó a haber mayor cantidad de dichos (sic)”.

Además del encierro de alumnxs durante las clase, Legnini comentó que “había un aula equipada con pantalla y cañón y entonces se cerraba con llaves y los profesores tenían que ir hasta mayordomía para pedir la llave. El dr. Montezanti tuvo que ir a pedir la llave como hace todo el mundo y nos mandó una carta al Consejo Superior donde estaba muy enojado y decía palabras como ‘yo no soy bedel de nadie’, cosa que llama la atención (porque) en la Universidad del Sur no hay bedeles. Decía que había tenido que atravesar a su vez ese pasillo lleno de ‘cuerpos ardientes’, creo que era la palabra. Claro, los alumnos estaban todos en el pasillo esperando entrar”.

Por otra parte, la licenciada recordó que durante los primeros años de la década del setenta cursaba en las Escuelas Medias donde solía haber “celadores con armas largas”, a uno de los cuales pudo identificarlo por conocerlo “del básquet”. Se trata de Héctor “Cacarulo” Forcelli, uno de los cinco detenidos de la causa Triple A en la que también está imputado el camarista.

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