Siguen las testimoniales

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Alejandro Lawless imputado en la causa y condenado en el juicio anterior.

A las 15 se reanudarán las audiencias del juicio Ejército III en Bahía Blanca. Son juzgados 34 represores por los crímenes padecidos por más de un centenar de víctimas. Sobrevivientes y familiares comenzaron este mes a declarar.

Las sesiones continuarán mañana desde las 9 en Colón 80 y son públicas para mayores de 18 años que concurran con DNI. También pueden presenciarlas grupos de estudiantes a partir de los 16 años en compañía de docentes. Dicha participación debe coordinarse con el tribunal escribiendo a francisco.pereyra@pjn.gov.ar

La última audiencia fue el miércoles 2 de noviembre en la cual se presentaron, entre otras, María Cristina Prado, Liliana Griskan y Pedro Alberto Golub, cuyas declaraciones aquí se reseñan.

Secuestro en Dorrego

María Cristina Prado estudiaba Filosofía y Pedagogía en la UNS cuando en julio de 1976 un grupo de gente armada se presentó en el departamento que compartía con sus compañeros del Partido Socialista de los Trabajadores Gloria Amado y Daniel Caffal. Ambos fueron secuestrados por los represores.

“Gloria trabajaba en un lugar vinculado al señor Ponce, que era dirigente peronista de derecha, y pusieron una bomba en ese lugar. Empiezan a seguirla, van al departamento y cómo Gloria tenía una foto -porque había hecho teatro- con una chica que después nos enteramos se llamaba Mónica (Morán), que tendría relación con Montoneros la llevaron. Daniel tenía unas revistas del PST. A mí me dejan y después a los dos o tres meses me van a buscar a Dorrego”, recordó.

Aquel operativo fue la madrugada del 25 de septiembre. Apagaron las luces del pueblo y llegaron con las caras cubiertas con medias. “Nos metieron en un camión y llegamos a La Escuelita. Estuve durante 17 días, con los ojos vendados, esposada, en las condiciones que generalmente habrán comentado muchas personas”. Tras su “legalización” el torturador Julián “Laucha” Corres la trasladó a la UP4.

En la cárcel se encontró con mujeres “de distintas zonas del sur” que habían pasado en algún momento por La Escuelita u otros centros de tortura. Gladys Sepúlveda, Elida Sifuentes, Anahí Tappatá, Laura Manzo, María Emilia Salto, entre otras. Muchas fueron llevadas luego a Devoto como ella o a Olmos como las embarazadas Estrella Menna y Raquel Israel.

“Nos trasladaron en avión, el trato fue violento. Nos metieron en el avión, nos hicieron poner la cabeza en las piernas, esposadas, ponían una música de fondo que era Killing mi softly, Matándome suavemente, el pantalón se me corría y me ponían un cigarrillo para que me quemara, llegamos a Devoto y para entrar a la cárcel fue un trato humillante. Creo que fue en febrero, era verano seguro”, relató.

La venganza de Lawless

Liliana Griskan cursaba el segundo año de su carrera la primavera del 76 cuando el Ejército montó un operativo en torno a su casa en Estomba al 300. Entraron a su casa, rompieron todo lo que encontraron, tiraron un panfleto y prometieron volver dos horas más tarde.

“No se entendía nada, sonaba raro, a las dos de la tarde nos vienen a buscar y en un camión militar nos llevan a mi padre, mi hermano y a mí. A mi padre y a mi hermano al V Cuerpo y a mí a lo que se llama Sala de Guardia del V Cuerpo de Ejército”, dijo a los jueces y mencionó que había varias mujeres, entre ellas, dos recolectoras de ajo secuestradas en Médanos.

Su familia relacionó las detenciones ilegales a una venganza del teniente Alejandro Lawless quien había tenido un choque con el auto de su hermano Jorge. “Fue un asunto personal y encontrándose que había una alumna de Humanidades -nos manifestábamos contra Tetu- montaron el operativo contra mi padre y mi hermano”.

El incidente ocurrió unos meses antes del golpe y acordaron arreglar el auto de Griskan en el Ejército y luego entregar el dinero del seguro a Lawless. El auto no fue bien reparado y el trato se rompió. Jorge había sido liberado del servicio militar por problemas de salud, sin embargo, tras la discusión su caso se reabrió y fue enviado a Colonia Sarmiento con “órdenes de hacerle la vida imposible”. Fue torturado hasta perder la movilidad de sus piernas.

Liliana declaró que al represor lo vio dos o tres veces durante su cautiverio: “Estaba a cargo de la guardia, había mujeres y los oficiales entraban a jugar a la batalla naval, a hablar, a socializar en unas condiciones horribles porque esa pseudo familiaridad era una máscara. Me producía horror porque mirando la tele me entero del falso enfrentamiento de Manolo Tarchitzky, que era hermano de un amigo”. También el capitán Raúl Otero “pasaba todo el tiempo”.

“Mencionó mi condición judía, llevo en los genes la memoria de un genocidio, viví la muerte de mis compañeros más queridos, a los cuales reivindico, a nadie le agrada ver a alguien detenido, cuando uno escucha estos crímenes aberrantes hay un pedacito de la condición humana que cae -dijo Griskan al tribunal-. Que sea justicia, porque es la única arma que tiene la sociedad para que estas monstruosidades no puedan cometerse nunca más y para que podamos respirar un clima de justicia y utopía social y de convivencia fraterna”.

Detenidos en el Batallón

“Antes de mí, en un procedimiento a mi hermano y a un primo yo hice lo indecible para poder ubicarlos. Fueron más que detenidos secuestrados en un operativo militar en Buratovich, traídos a no sé dónde”, dijo Pedro Alberto Golub.

Supuso que podrían estar en el Ejército y se acercó junto a su cuñada. Pidieron a un policía de Pedro Luro que ingresaba al Comando que averigüe si allí estaban sus familiares. “Al rato, de la guardia me dicen que no puedo estar en ese lugar y que espere frente al Parque de Mayo. A la media hora aparece un Falcon verde con gente vestida de militar, nos detienen, nos llevan al regimiento. Luego de conversar dejan en libertad a las mujeres y a mí me detienen. Me llevan a un edificio que era un primer piso, era de la banda donde estaba detenido mi hermano, mi primo y mucha gente más”.

A los pocos días su hermano y su primo aparecieron en la lista de futuros liberados. “Tenía incertidumbre de cuando salía a dónde los llevaban”. Una semana después, salió por el mismo proceso junto a otro compañero de cautiverio, Ricardo del Rio. “A la tarde estando en mi casa escucho por radio que en un enfrentamiento con las fuerzas del orden había fallecido, cosa que me llamó mucho la atención porque de haber salido en dos horas no sé cómo hizo para enfrentarse con las fuerzas del orden”.

La Nueva Provincia desinformó oportunamente que habían sido detenidos por subversivos en un operativo conjunto de Ejército y Marina. “Nunca vi en el diario que hayan salido en libertad, que no eran subversivos. No sé qué era ‘subversivos'”.

Recordó que durante su cautiverio se encontró con Jorge y Raúl Griskan y supo que Liliana también había sido secuestrada. Ratificó finalmente el episodio del choque entre Jorge y el represor Lawless, el acuerdo incumplido y la persecución y torturas que su amigo recibió en Colonia Sarmiento.

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