De Neuquén a La Escuelita

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Foto: 8300web

El próximo martes se reanudará el juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos en jurisdicción del V Cuerpo de Ejército de Bahía Blanca. La audiencia comenzará a las 15 y continuará el miércoles desde las 9 en Colón 80.

Días atrás declararon víctimas y familiares de Neuquén que ratificaron los secuestros en aquella región, la concentración de detenidos en la Unidad 9 y su posterior traslado a La Escuelita bahiense.

Aquí se reseñan los testimonios de Eva Libertad Garrido, ex trabajadora de la oficina neuquina de Estadísticas y Censos; del ex diputado provincial Raúl Héctor González, del ex policía federal Juan Uribe y de Marcos Antonio, hermano del desaparecido Javier Seminario Ramos.

“Pido el cuerpo, nada más”

Marcos Antonio Seminario Ramos habló de su hermano Javier, desaparecido tras ser retirado de la cárcel de Rawson en noviembre de 1976 por el represor Luis Farías Barrera, imputado en el juicio aunque apartado por cuestiones de salud. “Yo le decía el transportista a Farías Barrera porque era el encargado de sacar presos y llevarlos, era de Inteligencia, pero perdió la memoria porque yo le quería preguntar a él, que me diga dónde está el cuerpo”.

“La provincia le dio una casa y se había juntado con una piba. En el barrio Sapere no había agua ni luz, entonces reclama como cualquiera. Ese fue un delito, reclamar agua y luz. El juez federal Arias lo declara libre. Estuvo dos días y después le armaron una causa, le pusieron dos cartuchos y 37 años demoré para escuchar al comisario Casal que dijo que la causa fue armada”, sostuvo.

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Reinhold y Farías Barrera. Fotos: SPNQN

Comentó que su hermano fue alojado en la Unidad 9 y luego fue llevado a Roca y Rawson. “Yo siempre llegaba tarde a los penales, primero en Neuquén cuando llegaba me decían ‘Seminario no lo puede ver’, venía la semana que viene, lo veía y le preguntaba ‘por qué no me dejan verte’. Mi hermano me dice ‘me palean y me dan con todo y no te van a dejarme ver porque me torturan’”.

Al preguntar sobre su paradero le dijeron que había sido liberado en Bahía Blanca y también que se había ido a Perú. “Si lo viera a Reinhold le diría ‘decime dónde lo enterraste, dónde lo dejaste’. No sé ya a quién reclamarle”.

Vea también: “Las vamos a seguir reivindicando”

Eva Libertad Garrido compartió la primaria y el secundario con su amiga Alicia Pifarré con quien solía conversar sobre lo que ocurría en el país. Alicia le comentó que estaba militando en un partido y la invitó a participar de encuentros sobre estudios históricos. “Yo le decía que no, como era muy influenciable por la lectura prefería hacerla sola y a mi tiempo”. Pifarré era profesora de teatro y militaba en el ERP. “Le dije tené cuidado y ahí quedó la cosa”.

La testigo trabajaba en Estadística y Censos de la provincia de Neuquén cuando recibió un sobre en su oficina.  Alicia le pidió que lo llevara al correo. “Me enojé muchísimo, le dije que había conversado con ella sobre mi futuro de no intervenir por una serie de dificultades que tenía mi grupo familiar y me dijo que se las entregue al hermano que estaba haciendo el servicio militar y le dije que no, que haga lo que quisiera ella, él y su grupo. No se lo dije tan serenamente, discutimos mucho, me dijo que no le quedaba otra posibilidad que esa y fue la última vez que la vi”.

En junio de 1976 Garrido fue detenida por el Ejército y trasladada a la comisaría segunda. Dos o tres días después la trajeron a Bahía Blanca en un avión. “No sé si era en Bahía, íbamos con vendas en los ojos, esposada, supuse que nos habían dividido, nos decían que nos iban a llevar a Tucumán, que íbamos a aparecer sepultados como zanahorias”. Identificó a dos hermanas “que tal vez eran las Seguel”.

En el interrogatorio “dije exactamente lo que había pasado, con quién trabajaba, me decían ‘no te hagas la pelotuda’, nombraba a las personas que trabajaban conmigo”.

Fue liberada en una ruta junto a otra mujer. “Llegamos a una estación de colectivos, había redadas constantes, me dice ella ‘tenemos que decir tal y tal cosa’ y yo le digo ‘no sirvo para eso’, me dice ‘vos calláte y yo hablo’. (…) Apareció una de las persona de civil que dijo que una de nosotras dos lo teníamos que acompañar, dijo que iba ella y me hizo subir al colectivo. Cuando apareció estaba muy mal, el hombre la había violado”.

En Rio Colorado fueron bajadas para ser identificadas, las llevaron a una comisaría desde donde contactaron a un conocido quien ratificó que éramos “de Neuquén y a qué familia pertenecemos”.

Tiempo después “fui a hacer mi documento al comando y si no me equivoco el que nos atendió era Farías y ahí me dan el documento y nos levantábamos. Me acordé y le digo ‘mire señor, cuando me subieron al avión me sacaron un reloj y una cadena’. Él abre el cajón de su escritorio y me entrega el reloj y la cadena”.

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Unidad 9 de Neuquén. Foto: Diario Río Negro

El comerciante Raúl Héctor González era diputado provincial cuando su vivienda del barrio 25 de Mayo de Zapala y el negocio donde trabajaba su esposa fueron allanados por el Ejército y la policía. Fue detenido y trasladado al comando neuquino y luego a la Unidad 9.

Relató al tribunal que a pesar de la advertencia de que se dirigían a la “selva tucumana” fue traído en avión a esta ciudad junto a cuatro mujeres y otros dos hombres. “En Bahía Blanca cambió el trato y las cosas fueron distintas. (…) Estuvimos todo ese tiempo vendados sin otra comunicación que la que querían quienes nos ‘cuidaban’. (…) Nos esposaron unos con otros y estuvimos -por el olor- en una caballeriza donde había custodia”. Compartió cautiverio con Elida Sifuentes, Carlos Schedan Corvalán y Jorge Asenjo.

Fueron distribuidos en distintos lugares. González mencionó “una casa con algunas habitaciones” donde permanecían esposados a cuchetas salvo cuando eran llamados “a lo que llamaban quirófano, que era un lugar de tortura”.

“Me interrogaron ahí, todo era muy rudo, empujones, algunas trompadas, hasta que llegó una persona que sería la que tenía mayor autoridad que me dijo que me iban a dejar porque yo no tenía mayor compromiso con lo que estaba investigando”, afirmó.

Agregó que “en la noche había una gran actividad, no podía saber si entraban o sacaban gente. Una noche cerca de la cucheta donde estaba había aparentemente un soldado. Dijeron ‘sáquele el uniforme a López y pónganle cualquier cosa si este no va de paseo'”.

Días después fueron devueltos al penal de Neuquén, donde algunas personas quedaron secuestradas y él fue liberado. “Mi familia ya lo sabía porque me estaban esperando en la puerta de la cárcel”, recordó con la voz quebrada.

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Laurella Crippa. Foto: FM De la Calle

Desde Neuquén el ex policía federal Juan Uribe aseguró que como chofer de la fuerza que comandaba el imputado Osvaldo Laurella Crippa cumplía órdenes de “trasladar a la gente que ellos llevaban y no tener ningún tipo de contacto”.

“Fueron tres o cuatro veces que hice traslados entre unidades nacionales, provincia, el Ejército. No me daban detalles, ellos llegaban, ordenaban, yo cumplía mi función y nada más”, alcanzó a decir antes de que el juez Martín Bava interrumpiera el testimonio porque se estaba autoincriminando. La declaración deberá transformarse oportunamente en indagatoria para eximir al policía del juramento de decir verdad y ejercer su defensa.

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