«Reportaban directamente a Rodolfo Ponce»

Daniel Alberto Juliá relató al Tribunal Oral bahiense que los integrantes de la Triple A, luego de cometer sus crímenes, concurrían al boliche Rancho X del Barrio Palihue a tomar una bebidas «cortesía de la casa».

Trabajó como barman desde 1972 hasta horas antes del golpe de Estado de 1976, cuando fue convocado al servicio militar. «Los atendía casi todas las noches en la confitería. Dejaban las armas en un costado de los sillones, venían con ametralladoras, itakas, 16 recortadas. Argibay, Aceituno, De Rosa, eran varios, se iban turnando».

El propio Rodolfo Ponce, diputado nacional y secretario general de la CGT, solía sentarse con la banda: «Era como que fueran empleados de él».

Juliá declaró que mientras hacía su tarea los escuchaba jactarse de que «habían matado a cuatro, a seis». «Pertenecían a la Triple A, lo decían ellos. Decían que se les había encomendado este trabajo desde el gobierno de turno».

Reportaban directamente a Ponce. Usaban torinos blancos y estaban todos los días en la CGT de Mitre y Rodríguez, «eran como los dueños ya, entraban y salían incluso con las armas en la mano».

El Servicio de Inteligencia de la Marina les decía si podían o no realizar determinada actividad. «Podían andar tranquilamente porque me decían que la policía no les podía hacer nada».

El testigo recordó que el grupo solía acompañarse de gente «que pertenecía a esa ideología». Uno de ellos era el comisario de la Bonaerense Palmieri.

El propietario de Rancho X, Fernández Amigo, los conocía: «Por eso les daba bebidas, no quería tener contactos con esta gente». Les había pedido que los fines de semana no vayan porque «había mucha concurrencia al boliche».

Juliá militaba en la Juventud Peronista y simpatizaba con Montoneros. «No sé cómo pero de alguna manera se enteraron y me empezaron a seguir». Sospecha que la información les llegó por el kioskero de la esquina de su casa a quien le compraba la revista «Causa peronista». «Yo no sabía que él era militante de la derecha peronista, se llamaba Castellanos».

«Me salvó un poco mi patrón que les dijo a ellos, este pibe no los va a molestar, tiene sus ideas pero nada más», dijo.

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