“Era impensable en el ámbito de la universidad”

Graciela Lusky dijo en el juicio que se les sigue a cuatro integrantes de la Alianza Anticomunista Argentina de Bahía Blanca que la impunidad de la banda era tal que “no era nada clandestino”.

“Todos sabíamos lo que estaba pasando porque todos queríamos cuidarnos. Había miedo y después hubo terror. Y después no hubo nada durante muchos años”, afirmó la ex militante de la Federación Juvenil Comunista al declarar por el homicidio de David Cilleruelo.

Las próximas audiencias serán los días 11, 12 y 13 de agosto con transmisión en vivo por youtube. Están imputados Raúl Aceituno, Juan Carlos Curzio, Héctor Forcelli y Osvaldo Pallero.

El 3 de abril de 1975 buscaba información sobre las materias para encarar el profesorado en Letras y complementar la licenciatura que había terminado de cursar el año anterior. Centenares de estudiantes transitaban los pasillos de Alem 1253.

Las medidas del rector interventor, Remus Tetu, atacaban particularmente al Departamento de Humanidades, considerado “un nido de subversión, de pensamiento crítico que venía a tallar los valores nacionales”.

Pedagogía fue una de las carreras cerradas. Sin embargo, “muy demagógicamente”, Tetu había aceptado un planteo del alumnado y sus familias para que quienes estaban cursando pudieran continuar sus estudios.

Graciela escuchó gritos y miró hacia la entrada. Vio al “Moncho” Argibay: “Un hombre corpulento, con entradas y pelo oscuro, que apunta al Watu que, no sé por qué, se había dado vuelta, estaba de espalda. Suena el disparo y como que salta hacia adelante. No dimensioné lo que había sucedido. Era impensable en el ámbito de la universidad aunque afuera pasara”.

Salió corriendo, quizás fumó un cigarrillo. Esperó. “Estaba completamente sola”. Volvió, miró a lo lejos y ya no había nadie. “Una empleada de la universidad me dijo ‘andá porque vamos a cerrar'”.

Llegó a su casa, prendió la radio y se enteró “que lo habían asesinado al Watu”. Había conocido a David Cilleruelo en 1972 cuando se incorporó a la Fede, “un buen tipo, humilde, amigo de sus amigos”.

Lusky dijo al fiscal que Argibay estaba con otras dos o tres personas. Supone que eran integrantes de la seguridad del rectorado, aquellos que les pedían documentos y libreta universitaria para ingresar a la UNS.

Esos mismos tipos patrullaban armados los pasillos. “En mi ingenuidad pensaba que iban al aula de dibujo porque llevaban algo en bandolera al costado. Era la primera vez que veía un arma larga en la universidad. Me pasaron al lado. Mi amiga era menos ingenua y me dijo: ‘Graciela vámonos, estos son los de las Tres A que nos piden los documentos afuera”.

Al igual que otros testigos, Lusky comentó otras acciones de la banda como las pintadas en el hall central de Alem, los volantes que desparramaban o los disparos en el barrio Universitario.

“Rendí mis últimas dos materias en mayo de 1975 y las preparé escuchando balazos y alguna que otra bomba a la noche. Sabía lo que era. Todos, de alguna manera, lo sabíamos. La comunidad bahiense también sabía”.

“Todos sabían que las Tres A habían matado al Negrito García y a un compañero de carrera que apareció colgado en el puente que ahora lleva su nombre, el Pelado Davit. (…) Se hablaba de Ponce, de su sindicato y también del Ejército. De un beneplácito de La Nueva Provincia, que oficiaba de vocero ideológico para reforzar algunas cosas sobre enfrentamiento con de subversivos y demás”.

“Habían pasado todos los límites”

“El principal objetivo del asesinato de Watu fue el escarmiento, impedir que la FUS (Federación Universitaria del Sur) comenzara a funcionar. Los estudiantes seguían movilizados a pesar de la intervención. Para dar a conocer cuáles eran los objetivos y la gestión de este interventor y su grupo armado, teníamos que generar un hecho político y ético porque con la muerte de Watu se habían pasado todos los límites de humanidad”.

Resolvieron hacer un juicio al “autor intelectual” del crimen, Remus Tetu.

Estaban preparando la sala del primer piso del Hotel del Sur. Por la ventana, vieron con Dante Patrignani que del auto que solía rondar la universidad salían tres tipos armados.

Llamó a la Federal: “Les dije que en la calle, frente al hotel, había personas armadas y que temíamos por nuestra vida”. Al rato, entró la policía y detuvo a les estudiantes.

Estaban por recuperar la libertad cuando quedaron a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Tras el golpe de Estado, en la cárcel de Villa Floresta vería llegar de las compañeras que sobrevivían a La Escuelita.

Restitución de derechos

Tetu intervino la UNS “con un discurso que hoy nos parecería ilógico, de una violencia simbólica impresionante. La universidad vivió la violencia material de las armas y la muerte y la violencia simbólica de, por ejemplo, cerrar de un día para otro el Departamento de Humanidades o cesantear profesores o trabajadores sin explicación”.

Lusky se recibió el 30 de mayo de 1975 y le entregaron su título en la colación de grados de 1983. Reclamó que la UNS repare a quienes les tocó egresar en tiempos de Tetu y recibieron “el título enrolladito en una oficina y firmaron un papelito en conformidad”.

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